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Jueves, 10 de noviembre de 2005

LLEGA LA CREAMFIELDS 2005

Campos de crema

En la gran fiesta del techno, uno de los ejes será el de las bandas electrónicas que llevaron la pista de los boliches a espacios masivos. The Prodigy, Infusion y los locales Spitfire son la prueba de ello.

 Por Yumber Vera Rojas

The Prodigy, en la arena del rock

Esa versión demoníaca del Capitán América, encarnada por el vocalista Keith Flint, que se movía con destreza dentro de una cloaca y que inspiraba terror, sus ojos descolocados y pintados y con ese aro en la nariz, más cerca de un minotauro que de un ser de esta faz, es el primer flash que provoca The Prodigy. El video del corte Firestarter se posicionó en el inconsciente colectivo y le dio un nuevo carácter al dancefloor. El cuarteto inglés reivindicaba en el mainstream lo que ya era una constante en el under británico y norteamericano desde el inicio de los ‘90 con Meat Beat Manifesto y The Crystal Method, y que en la segunda mitad de esa década lo reafirmó la constitución del big beat mediante el Better Living Through Chemistry de Fatboy Slim y el Dig Your Own Hole de The Chemical Brothers. El dance ahora no sólo cabía en las pistas sino que entraba perfectamente en la arena del rock. Rememora Flint: “Cuando en Europa, a mediados de los ‘90, esto adquirió grandes dimensiones, nosotros ya habíamos asistido a lo que considerábamos una genuina escena dance y no quisimos que nos envolviera el mundo de los DJs”. El programador Liam Howlett apunta: “Dejé de escuchar dance porque sentía que era la misma mierda de hace 10 años. Ayudaría si la electrónica estuviese más basada en un grupo y que éste le diera atención al directo. La gente se niega a poner sus caras tras su música”.

The Prodigy tiene en Liam Howlett a su líder. Nativo de Essex, comenzó a mediados de los ‘80 en el hip hop primero como b-boy y luego como DJ del grupo Cut to Kill. Entró en contacto con la cultura ravera después de quedar fascinado con un set de Mr. C en la disco The Barn. Liam consiguió trabajo como DJ en ese sitio y allí conoció a los bailarines Keith Flint y Leeroy Thornhill, quienes anonadados por su set le propusieron formar un grupo. En 1990 debutaron en el club The Labyrinth. El estilo de The Prodigy, dibujado por yeites rockeros, hardcore techno y breakbeat altanero, se estableció desde su primer EP, What Evil Lurks, enmarcado en la irrupción del jungle en Inglaterra y editado en 1991 por XL-Recordings (la de The White Stripes, M.I.A. y Devendra Banhart). Posteriormente publicaron Experience (1992), The Fat of the Land (1997) y Always Outnumbered, Never Outgunned (2004), entre otros.

Sobre su último trabajo, donde ya no está Leeroy y que cuenta con la participación de Juliette Lewis y el concuñado de Howlett, Liam Gallagher, y recibió fuertes críticas en el Reino Unido por preferir probar con el broken beats, el garage rock y el electro antes que repetir la fórmula de The Fat of the Land, el líder de The Prodigy señala: “Este álbum no trata tanto sobre romper nuevas barreras sino sobre llevar a cabo algo personal. El próximo será más experimental”. Para celebrar sus 15 años, el pasado 25 de octubre salió a la venta el compilado Their Law: The Singles 1990 - 2005, que los trae por segunda vez a la Argentina. Lo importante para Liam son los recitales: “Me molesta la escasez de música agresiva. Los ‘90 estaban mucho más al límite. Vimos a System of a Down el otro día y no hay ninguna banda en el planeta que suene como ellos”.

Spitfire, de un tiempo a estar parte

Tras romperla el año pasado en la Creamfields como abreboca del fabuloso set de Jeff Mills, Spitfire será uno de los actos nacionales relevantes en la nueva edición del evento. Si bien su live act no es convencional -trabajan simultáneamente con cuatro bandejas–, la dupla conformada porMiguel Silver y Luis Nieva ofrecerán un espectáculo que dista de sus consecuentes sesiones en la noche porteña y que ostenta un formato grupal junto al productor Carlos Shaw en teclados, el bajista Julio Jiménez y el percusionista brasileño Rodrigo Paciornik. Explica Silver: “De un tiempo a esta parte, invitamos a músicos a nuestros shows para que trabajen sobre los temas que tiramos. Esa música, entre lo sintético y lo orgánico, crea una textura que tiene un efecto diferente al momento de presentárselo a la gente”. Señala Nieva: “Este es el comienzo de un nueva etapa, Spitfire dejó de ser un DJ set contundente. Pasamos a otra escala, a un nivel de banda”.

Dentro del circuito dance nacional, el formato grupal está reducido a unos pocos ejemplos. No obstante, el flamante concepto de Spitfire marca distancia con la Zuker XP. Subraya Miguel: “La Zuker XP utiliza temas conocidos, los remezcla y los acompaña con músicos. Es una suerte de música en vivo a medias. Nosotros no usamos temas de Queen ni del rock. La temática de Zuker es rockera y la nuestra es electrónica”. En la medida en que su set se desarrolla, la propuesta, que ya fue tanteada en Buenos Aires y Brasil, transita por diferentes géneros del dance. Apunta Silver: “Lo que vamos a hacer en la Creamfields tiene mucho de techno. La parte audiovisual va a ser diferente. La temática de esta performance ofrecerá además EBM (Electronic Body Music), acid house, acid techno y música disco, donde nos moveremos del electrofunk a clásicos como Giorgio Moroder. Tenemos dos tipos de público, el que nos escuchó toda la vida con Front 242 y el que viene del techouse. Cuando conseguimos que ambos leviten, es una satisfacción muy grande”.

Finalmente, Spitfire publicará su tan esperado disco debut, Hypno Internacional Vol. 1, el primer lanzamiento internacional del prestigioso sello brasileño URBR. Un trabajo a medio camino entre los remixes y las producciones propias. Concluye Silver: “Hay gente que se atreve a discutir qué es y no under, y que creen que por tocar en festivales dejás de serlo. El under es un espíritu que llevás dentro y lo manifestás cuando tocás. Nosotros mantenemos ese espíritu. El contacto con el público es imprescindible”.

Infusion, sonidos de un país largo

Infusion regresa a Buenos Aires, tras su experiencia en la Creamfields '03, para presentar Six Feet Above Yesterday, su segundo disco. Jamie Stevens, del trío australiano, que pasea su obra del house al funky breaks, señala: “Ese show fue uno de los mejores que hicimos. Fue una experiencia dulce y divertida. Estamos emocionados con volver”. Su nuevo álbum, que incluyó el hit Girls Can Be Cruel, ofrece mayor versatilidad que su debut, Phrases and Numbers (2001). “La diferencia de este disco con el primero es que crecimos como banda. Hay más interés en experimentar que antes. El trabajo fue más fuerte. Las canciones son mejores y el repertorio tiene un giro más amplio porque nos gusta escuchar música y estamos atentos a lo que sucede. Somos muy inquietos. En un primer paneo te puede parecer que somos un grupo con una propuesta pop, pero si te detienes a escuchar bien nuestros temas verás que somos difíciles de definir”.

Este grupo de Sydney y radicado actualmente en Melbourne, en el que también participan Manuel Sharrad y Frank Xavier, tiene en superformance su principal rasgo. Stevens asegura: “El directo influye mucho en Infusion. En el pasado era muy distinto cómo afrontábamos los shows y la grabación de los discos. En ese proceso de crecimiento nos dimos cuenta de toda la energía que posee la música tocada en vivo, donde podemos interactuar con el público. Tenemos la misma intensidad de un recital de rock”. Sus sets improvisados, que mostraron además en festivales como la Creamfields UK y Glastonbury, son considerados los mejores de Australia. “En el vivo es donde mejor podés comprender qué es lo que pretendemos hacer. Con el tiempo, tratamos de inyectarles esa energía a los discos.” El corte Spike, incluido en Phrases and Numbers, los presentó ante productores como John Digweed, Sasha y Layo & Bushwacka! Otro de los distintivos del trío es la importancia de la canción en la pista. “Pienso que trabajar en las canciones es bueno para la pista. Los discos que los DJs colocan, los remixes especialmente, son trascendentales si son cantados. El dance es más impactante e interesante de esa manera.”

Explica Jamie sobre la situación en Australia: “Sobre todos los géneros de la electrónica, el hip hop es el que más creció, especialmente en Sydney. El breakbeat también. Australia es un país muy largo, y las ciudades tienen distintos matices. Si bien el público propiamente de la electrónica es pequeño, aman el trance. Australia es un país de tradición rockera, no te olvides que de acá es AC/DC. El contraste con Inglaterra es que allá hay un gran movimiento que nunca se detiene. Acá es distinto. La música electrónica pudo entrar en el mainstream progresivamente”.

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