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Jueves, 26 de enero de 2006

POLéMICAS DE VERANO

Flagelos *

Me sorprendió la nota del jueves pasado referente a la pediculosis. La verdad no fue una sorpresa grata, más bien desagradable, no me lo esperaba de un diario como Página/12 y un suplemento como el NO. En la nota se vincula a la gente Rastafari con los piojos, cosa sin fundamento real; esto es discriminación, falta de respeto y mala información para el lector, quien desconoce a Rastafari como movimiento Cultural y Espiritual, movimiento organizado en varios países de manera seria y con un importante compromiso. No sé quiénes hayan sido sus fuentes de información para esa nota, pero no me parecen muy adecuadas, porque no todas las personas que llevan sus cabellos con locks son Rastafari ni tampoco lo son todas las personas que están en el ambiente de la música reggae, porque reggae es una cosa y Rastafari es otra. Por lo tanto la nota es muy ofensiva, denigrante, irrespetuosa, agresiva y burlona para una persona de la fe Rastafari. Sabemos cuidar muy bien de nuestra salud y de nuestro cabello, así también como de nuestra alimentación y costumbres, y este tipo de desprestigio ya lo hemos vivido en otras ocasiones, por eso nos estamos asesorando legal e internacionalmente para terminar con este tipo de cosas que nos hacen ver en ridículo frente a una sociedad que habla sin conocernos. Nosotros, Rastas de espíritu y convicción, entendemos que la rectitud es el fundamento y la disciplina la forma de llegar a los objetivos. Creemos en la Redención de la Humanidad en una sola Hermandad, viviendo cada cual bajo su viña y bajo su higuera, en paz. En este tiempo, su Divina Majestad Imperial Haile Selassie I ha cortado las cadenas de la esclavitud mental y nos ha llamado a luchar contra el racismo para conseguir la paz. Lo que señaló en su discurso ante la Liga de las Naciones en Ginebra el 6 de octubre de 1963 está vigente hoy día: “Hasta que la filosofía, que sostiene a una raza superior y a otra inferior, sea finalmente y permanentemente desacreditada y abandonada; hasta que no hayan más ciudadanos de primera y segunda clase en cualquier nación; hasta que el color de la piel de un hombre no sea más que el color de los ojos; hasta que los derechos humanos sean garantizados igualmente a todos sin distinción de raza; hasta ese día, el sueño de una paz duradera, y una ciudadanía mundial con normas de moralidad internacional, permanecerán en nosotros como una ilusión fugaz por perseguir pero nunca alcanzar (...)”. El verdadero flagelo para nosotros es la injusticia, no la pediculosis como ustedes señalan en su nota. Esperamos una rectificación y una respuesta. Con el mayor de los respetos.

Alika (Alianza Rastafari de Argentina)

* La carta fue cortada por cuestiones de espacio, sin alterar su sentido original.

N. del E.: Habría que ser menos literal a la hora de sentirse atacado. Desde estas páginas jamás se atacó la comunidad rastafari, sobre la cual venimos escribiendo desde hace unos 13 años. En la nota publicada el jueves pasado (“Piojos y piojitos en los dreadlocks”), se trataba de reflejar las vicisitudes de sus “usuarios”, quienes en muchas oportunidades suelen tener piojos como cualquier mortal, pero cuentan con la imposibilidad de cortarse el pelo para desalojarlos. Acaso admitimos que una vez bien constituida la “dureza” de los dread, los piojos no tienen posibilidad de desarrollarse debido a la falta de oxígeno reinante. De cualquier modo, jamás se tildó a la comunidad rastafari de “sucia”, ni se la discriminó, ni se le faltó el respeto, ni se burló al rastafarismo como movimiento cultural, ni se inventaron los foros de debate, ni se crearon servicios de atención como los que andan por Internet. Nosotros no inventamos el problema, apenas lo encontramos. Entonces, ni todos los que profesan el rastafarismo usan dreadlocks, ni todos los que usan dreadlocks son rastas, ni todos los reggaes son rastas. Sabemos. Ni todas las notas sobre algún aspecto del mundo de los que usan dreads son necesariamente denigrantes sobre la comunidad rastafari. Y si la volanta decía: “Un flagelo ataca al rastafarismo” no era más que ironía pura, y así debería ser leída. El humor es el mejor amigo de la tolerancia.

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