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Jueves, 9 de marzo de 2006

SIGUR ROS EDITA “TAKK” (GRACIAS)

“Nunca pensamos en un río o una montaña”

Ingresaron en los rankings sajones y siguen ampliando mercados. Sin embargo, el idioma que usan (tanto para hablar como para componer) es casi incomprensible. Oriundos de la tierra de Björk, estos islandeses intentan no pensar en el lugar de donde vienen. Pero no les sale.

 Por Roque Casciero

Bien mirada, la carrera de Sigur Rós es una de esas magníficas anomalías que de cuando en cuando aparecen en un mercado musical tan acostumbrado a apostar a lo seguro que termina aburriendo. Porque no es para nada frecuente que llegue a los rankings una banda de la tierra de Björk cuyas letras están en islandés o en un idioma inventado (y eso si es que hay letras), que son cantadas con voz etérea por el guitarrista Jón Birgisson, que bien pueden no tener título y estar en un álbum extrañamente llamado () –son dos paréntesis, no un error de edición– y cuya música se parece a una versión extrema del Amnesiac de Radiohead cruzada con el Mercury Rev volado y algo ruidoso de See You on the Other Side. Todo eso, cortesía de cuatro tipos con nombres impronunciables (el tecladista es Kjartan Sveinsson y el baterista Orri Páll Dyrason), pocas palabras y cero actitud rocker. Fíjense, si no, en cómo le describe su actual gira al NO el bajista Georg Goggi Holm:

–Viajamos en autobuses durante la noche, como la mayoría.

–¿Y los esperan las groupies?

–No, no tenemos groupies. Tampoco es algo que busquemos, pero no sé por qué será.

–¿Tal vez los imaginan demasiado serios para eso?

–No sé, tal vez. Creo que existe la idea de que somos muy serios.

–¿Lo son?

–No, no.

Tal vez sea por su dificultad para el inglés, o por su reticencia a buscar explicaciones para cosas que para él no deberían tenerlas (“creo que ése es nuestro problema con los periodistas”, dirá Goggi). De cualquier modo, hay que usar el tirabuzón para intentar que el bajista eche algo de luz sobre las motivaciones y los métodos de Sigur Rós. Y aun así, siempre existe el riesgo de quedar en offside ante artistas que dicen ser tipos demasiado comunes, pero que hacen una música más compleja que el promedio. Basta con escuchar Takk (Gracias), su cuarto álbum y primero en ser publicado aquí, para descubrir paisajes sonoros casi orquestales de una belleza extática en los que resulta natural perderse. O colgarse, bah.

–Sus discos parecen concebidos con un concepto en mente, pero ustedes siempre lo niegan. ¿Por qué creen que dan esa impresión?

–Cuando hacemos un álbum, refleja lo que nos pasó durante un período de tiempo. El álbum () es pesado y ominoso, que es como nos sentíamos durante ese momento. Y pasa todo lo contrario con Takk. Así que el modo en que nos sentíamos es lo que la gente quizá toma como concepto.

–Bueno, hacer los discos de acuerdo con el modo en que uno se siente no deja de ser un concepto.

–Sí, puede ser.

–¿A quién le agradecen en el título del disco?

–El título es el de una canción del álbum y creímos que iba a darle al disco una atmósfera de agradecimiento. “Gracias” es una palabra amable y llena de significado. No es que le agradezcamos a nadie en particular, simplemente queremos ser agradecidos.

–Sus discos son distribuidos por una multinacional, entran en los rankings ingleses y norteamericanos, hacen giras por todo el mundo y cada vez tocan en lugares más grandes. ¿Cómo es que llegaron hasta aquí?

–Casi que sucedió sin planearlo. Obviamente, queremos que la mayor cantidad de gente posible escuche nuestra música, pero que sea en nuestros términos. Por ejemplo, nunca dejamos que pongan nuestras canciones en publicidades ni nada de eso. No queremos que la gente descubra nuestra música mirando un aviso por la tele: no es un envoltorio muy lindo para nuestra música.

–¿Les resultó difícil conseguir esa libertad artística?

–No, fue sorprendentemente fácil.

–¿Tienen más reglas autoimpuestas?

–Tenemos muy pocas, en realidad. Y la de los avisos debe ser la principal, junto con la de ser sinceros con lo que hacemos. Pero no hay que pensar demasiado en eso...

–¿Temen perder la espontaneidad?

–Es que el no tomar decisiones conscientes de hacia dónde ir con tu música hace que permanezcas abierto.

–¿Qué les provoca enterarse de que tienen fans famosos como Chris Martin (Coldplay) y Tommy Lee (Mötley Crue)?

–No sé, probablemente sean buena gente (se ríe), pero no los conozco. Algunas veces estuve con Chris Martin, pero en realidad no lo conozco, y nunca me encontré con Tommy Lee.

–¿Te sorprendió enterarte de que los escuchaba?

–Sí, fue gracioso. ¡Bien por él!

–Ustedes insisten en que sus canciones no tienen mensaje. Y eso me recordó a una canción de Babasónicos, un grupo argentino, que dice que “la música no tiene mensaje para dar, y sin embargo te lo da”.

–Eso es cierto. El mensaje no es directo y es tarea del oyente descubrirlo. Es algo personal.

–Con el álbum anterior –()– no lo pasaron muy bien. ¿Cómo se las arreglaron para seguir adelante?

–Hicimos las canciones para () dos años antes de publicar el álbum y las tocamos mucho mientras girábamos alrededor del mundo. Y eso provocó que estuviéramos medio enojados. Ahora estamos más seguros.

–Tardaron más de tres años entre aquel disco y Takk.

–Después de la gira de () paramos un rato, después desarrollamos proyectos paralelos como escribir una pieza para orquesta y cosas así. Pero el próximo saldrá más rápido, seguro.

–En la biografía de Sigur Rós que figura en la página web de la banda dice que “nos traen el hermoso paisaje de Islandia en su música”.

–(Sonríe) No estoy de acuerdo, porque nunca pensamos en el paisaje mientras hacemos música. Obviamente que vivir en Islandia nos afecta en un nivel subconsciente, pero nunca pensamos en un río o una montaña.

–¿Pero hay alguna conexión directa entre la música que hacen y el hecho de ser islandeses?

–Hmmm, no sé. En Islandia tenemos una gran variedad de bandas, pero no hay ninguna como Sigur Rós. La verdad, no sé si hay algo especialmente islandés en nuestra música.

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