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Jueves, 20 de abril de 2006

NOTA DE TAPA

Mujeres al borde

No Lo Soporto, Estoy Konfundida, Q’Acelga y Mujercitas Terror. Cuatro bandas conformadas (casi todas completamente) por mujeres, exponentes de una generación que habla sin pruritos sobre su lugar en el mundo y que hace música sin pensar en el “género”. Lo cual también es una manera de reflexionar sobre “lo” femenino en “la” cultura rock.

Estoy Konfundida, punk a su modo
“Somos las Viudas más histéricas”

Políticamente descocadas, rebeldes y atropelladoras, cantan estribillos tan sutiles como “haceme el orto, por favor”, aunque aseguran que no se trata de “pendejadas”. Las produce Mosky, de Las Manos de Filippi.

Por Mario Yannoulas

Miércoles a la medianoche en Balvanera. Cuatro chicas con instrumentos traspasan una puerta enrejada y abandonan su sala de ensayo, un recinto de estirpe punk tanto por sus habitués como por el decorado. Sonidos crudos, cero blancura, mucho graffiti y algunos muebles desvencijados. A pocos metros, la desolada avenida Independencia impone una pizzería donde, luego de la siempre trabajosa elección de las empanadas y con algunas cervezas sobre la mesa se inaugura oficialmente la charla del NO con las cuatro integrantes de Estoy Konfundida. Primera particularidad: son todas mujeres; segunda: de las cuatro, tres cantan. Canciones en tempo rabioso de no más de tres minutos, finales y riffs a lo 2 Minutos, líricas directas y alguna que otra reminiscencia de Viudas e Hijas en lo vocal que no dudan en admitir: “Somos las Viudas del 2006, pero más histéricas”, bromean.

La pregunta acerca del género desata una polémica. “En general hacemos rock, aunque nos suelen catalogar de punk”, define Anita (bajo y voz), y Soledad (guitarra y voz) coincide. Luciana (también guitarra y voz) se recuesta con ganas sobre el respaldo de la silla y rezonga. “No hacemos sólo eso, somos variadas y cada una tiene sus influencias”, dispara. María (batería) la contradice. “No tiene nada de malo decir que la base es punk, lo distinto es que hay tres chicas que cantan y hacen vocecitas raras con mucha melodía”, aclara. La conclusión, aún sin consenso absoluto, es ésa. Hacen punk a su manera.

Con la misma intensidad con la que discuten van para adelante con el proyecto. Ensayan tres veces por semana y evitan la formación de una líder para eludir los roces. “La regla número uno es que no haya competencia, sobre todo porque somos mujeres”, proclaman. Todas tocaban en bandas mixtas y se conocieron compartiendo escenarios. No se juntaron por odio al hombre ni nada parecido, “al contrario, queremos hombres, y muchos”, ríen con su marcada propensión a la broma. Al tiempo, ese experimento soft se convirtió en el proyecto más importante de sus vidas.

Tratan de no transar con las mañas del circuito que no las convencen y prefieren presentarse en lugares públicos. “Tienen que dejar de perseguir al rock, ponen exigencias imposibles de cumplir y así cierran los únicos lugares under que quedan”, se queja Anita. Llegan las empanadas y con ellas las confusiones entre gustos y repulgues. La radio chilla todos sus hits mientras la mujer del mostrador mira con desdén en una realidad paralela.

Cuentan las EK que en sus travesuras por parques y lugares públicos cosecharon algunos adeptos. “La gente pasa por ahí, ve a cuatro chicas tocando y le llama la atención”, comenta María. Sorprendidas por el enganche que logran con los adolescentes, algunas empezaron a pensar que era necesario transmitir un mensaje distinto. “Me hinché las bolas de escribirle tantas canciones al amor, ahora tengo ganas de transmitir un mensaje de frescura, entretenimiento y diversión”, explica Luciana. María se pregunta si pasa eso en la banda, si realmente hay algún mensaje. Las demás le perjuran que sí.

En las letras aún predomina el amor, las relaciones infructuosas o los proyectos primaverales. Alusiones al escabio o el espíritu rebelde no faltan y mensajes claros, tampoco: “¡Haceme el orto, por favor!”, desesperan a coro en No me enloquezcas, uno de los cortes de su primer disco, que está en proceso de masterización, que saldrá por la Unión de Músicos Independientes (UMI) y que aún no tiene nombre. Será el sucesor del demo Buscando a demo, grabado en junio del 2004 bajo la “producción anarquística” de Mosky, guitarrista de Las Manos de Filippi. “A los chicos los conocemos hace mucho del Salón Pueyrredón; una vez nos invitaron a abrir un show en Cemento”, recuerda Soledad.En casi tres años de EK, las damas se guardaron algunas experiencias raras. Pasaron parte del verano en Gesell, en un cuarto medio infecto y desangelado, sin puerta en el baño y un cielorraso con boquetes. “Nos vio mucha gente allá, lo importante es que nos conozcan, estamos en una etapa de difusión de la banda. Fuimos porque hay más jóvenes y posibilidades para las bandas que no son grossas”, explica Soledad. Otra vuelta terminaron en un club de motoqueros, “Los jinetes del asfalto”, un lugar parecido a la locación de Del crepúsculo al amanecer, la película de Robert Rodríguez, pero sin vampiros. “Son una verdadera comunidad, y este año vamos a volver para el aniversario, que es el 13 de mayo”, anticipan.

Ya sin empanadas ni cerveza sobre la mesa, Luciana cierra el asunto: “Somos cuatro damiselas, cada una con su historia, sus influencias y su propia edad, pero unidas por la música dinámica y efectiva. Este no es un proyecto de pendejas”.

Estoy Konfundida se presenta el viernes 21 antes del show de Francisco Bochatón en La Trastienda, Balcarce 460, desde las 23, y el domingo 23 en Parque Lezama desde las 14.30.

Q'acelga, puro rocanrol
“No hay lugar paramachistas ni feministas”

Sacaron un segundo disco (Patear juntos), fueron soporte de La Renga y ya tienen planes para el futuro: dicen que alguna vez pondrán un “geriátrico rockero”.

Por Julia Gonzalez

Patear juntos es el nombre del segundo y flamante disco de Q’Acelga. Una musculosa negra bien femenina es el packaging que abriga la caja del CD. Valentina Concetti (guitarra y voz); Paula Sputz (bajo) y Silvina Cendon (batería) hacen esencialmente rock and roll, pero con las influencias musicales que trae cada una, desde Janis Joplin hasta Nirvana, en busca de un sonido más grunge o alternativo. “No me imagino una vida sin rocanrol”, dice Valentina. A veces piensa: “¿No me pondré vieja?”, pero cree que el rock and roll la mantiene joven. Ellas fantasean con que van a poner un geriátrico rockero con distintos pabellones, uno donde los viejos toquen, otro para los que usan pastillas peligrosas. Lo tienen todo pensado para cuando llegue el momento. En sus canciones se cuela algo de humor y la búsqueda de igualdad con el hombre. “El disco se llama Patear juntos para hacernos la gamba entre todos y conseguir esos sueños que tenemos. Hoy en día me parece que ya no hay lugar ni para ser machista, ni feminista”, dice Silvina.

Las chicas rondan los 30 años y los superan, rasgo que queda explícito en la letra de Muchacha argentina, que es bastante autobiográfica. “Dos amigas se juntan a tomar un vinito y a charlar. La primera es madre de tres pibes, no tiene tiempo para ella y quiere irse a una isla. Y la segunda le cuenta que está sola, que le encantaría tener hijos, pero se levanta el domingo toda despeinada y le dice ‘hola’ al espejo porque no tiene a quien saludar. Hasta que desde la bronca grita: ‘¡Voy a hacer la gran Madonna, voy a tener un pibe sola!’, como que nunca nos alcanza con lo que tenemos”, dice Valentina.

Q’Acelga llegó a tocar con La Renga en Vélez. “¿Le decimos cómo llegamos?”, se miran y acceden. Cuentan con un apoyo personalizado, ya que Silvina se casó hace 9 años con el Tete, bajista de la banda de Mataderos, pero reconoce que al principio tenía una negación porque sentía que sus compañeras estaban mal por tener esa presión. “Yo viví todo esto de la autogestión de La Renga y cómo la pelearon y es adonde me interesa ir. Me asustaba un poco el tema de que ellos nos apadrinaran, pero no, ellos nos apoyan como a un montón de otras bandas. Tratamos de que sea justo, y no porque estoy con el Tete toco más veces que otras bandas. Para mí es un orgullo, pero no quiero que ellos queden pegados con nosotras”, explica Silvina y agregan que tienen que hacer su propio camino porque la imagen de La Renga puede terminar anulándolas: “Somos algo muy chiquitito al lado de una cosa tan grandota”, dice Valentina.

Con Courtney Love, PJ Harvey o María Gabriela Epumer como referentes mujeriles, señalan que es necesario que los hombres también se banquen que las minas hagan música porque generalmente “vienen, te miran con una cara que no sabés si les gusta o si te quieren tirar un tomatazo. Después se copan, pero ya te prejuzgaron. No se relajan”, dice Valentina. Un comentario común que tienen que escuchar de bocas masculinas es “no tocás como mina, tocás como un chabón”.

–¿Y cómo es tocar como mina?

–Suavecito, como una boluda, no decir nada, no tener power o soltura, supongo. Estar más preocupadas por los tacos que por el instrumento. Y tocamos en zapatillas. Pero tal vez esperan que una esté acomodándose el pelo o maquillándose.

Las chicas cuestionan el papel de la mujer desde el lugar que ocupan en la sociedad, pero también se hacen cargo de que alimentan esas presiones: “Está la estupidez corporal que nos imponen porque, aparte de todo lo que hacés, tenés que ser una yegua”, dice Paula. “También es culpa nuestra porque somos las boludas que nos matamos comiendo lechuguita.” Pero el tema es algo más profundo y es el de pertenecer a una sociedad que le da valor a lo estético. “Y lo de adentro, cagate”, dice Paula. “Si sos un hijo de puta, un chorro y por tu culpa mueren 2500 pibes, pero tenés un traje hermoso y estás en la puerta del restorán, entrás. Creo que tiene que haber un quiebre en esta sociedad.” Coinciden en que ahora corre la ley del consumo continuo e inconsciente, además de la falta de estudios para ser fácilmente engañados por los gobiernos de turno. “Está bien que votamos a gente para que sea responsable, pero si no responde, tenemos que empezar a mirarnos un poco a nosotros y tirar todos para el mismo lado”, finaliza Silvina.

Q’Acelga, como otras tantas bandas, este año estará tocando principalmente en provincia, “porque está todo mal en Capital. No hay lugares habilitados y los que lo están se abusan de su presencia, de nuestra desolación y te cobran fortunas impagables”, dice Paula y pone énfasis en que no hay una movida sensata en el rock. “Al gobierno de la Ciudad le importa un carajo todo lo que tenga que ver con la juventud porque Cromañón no es casualidad. Le preocupa la Recoleta o Barrio Norte y no los pibes que se murieron en el boliche de Once. Si nos podemos matar entre nosotros, apuñalados, asfixiados, borrachos, o mal drogados, mejor. Porque en definitiva lo que uno absorbe es que no hay una política de cuidado hacia la gente.” Las chicas son frontales y realistas: “Si no ponen plata en un hospital, ¿qué vamos a pretender para nuestra cultura rock?”.

* Q’Acelga toca el sábado 13 de mayo en Hipólito Yrigoyen 2148, Lanús Oeste, invitadas por Ricas Rocas.

Mujercitas terror, banda punk
“Está bueno atormentar a los chicos”

Son amantes de objetos de terror (plantas carnívoras a pilas, arañas de plástico). Hace cinco años que están juntos, aunque todavía no grabaron.

POR J. G.

“Yo me voy a servir más petróleo. ¿No querés tomar nada?”, pregunta la flaquísima y rubia Daniela Zahra, bajista y voz de la banda punk Mujercitas Terror, que espera la respuesta con una taza en la mano en la cocina de su casa en San Cristóbal. “Somos adictos al café y al cigarrillo.” Está bien, Mujercitas no es exactamente una banda “de” mujeres (dos de sus tres integrantes son hombres), pero de algún modo Daniela es la gran mentora del proyecto. Marcelo Moreyra, guitarra, voz y composición, aguarda sentado a que su taza se renueve de eso que ellos llaman petróleo mientras fuma y comenta que de tanto tomar café le salieron llagas en la lengua y ahora no toma tanto. Su figura desgarbada y su pelo crespo recuerdan a un joven Tim Burton. Federico Losa, el baterista, llega más tarde desde San Fernando, elige el perfil bajo y pide cerveza para la merienda.

Marcelo tiene 28 años, pero Daniela reconoce que la abruma el paso del tiempo, “aunque la música te da un poco de juventud”, y Federico tiene 26, “a los 27 muero”, dice aludiendo a la edad en la que se fueron algunos de los próceres del rock (Kurt Cobain, Janis Joplin, Jim Morrison, Jimi Hendrix, entre otros). Hace cinco años que están juntos con algunos cambios en su formación. Su música está influenciada por el rockabilly y es algo dark, ellos la definen como punk oscuro. Todavía no grabaron un disco porque no les gusta tocar por separado; “estás como medio frío”, fundamenta Marcelo y Daniela completa la frase: “Sí, no resultamos separados”. Daniela habla por Marcelo y viceversa usando continuamente un “nosotros inclusivo”. Se superponen, uno comienza una frase y el otro la termina. Parecen un complemento obligado: “Ojalá que no pase, pero si Federico no puede tocar más, tenemos la máquina de ritmos. Es que después de tantas vueltas, dijimos: ‘No podemos depender de nada ni de nadie’, porque nosotros dos queremos ser la banda siempre, es lo más importante. Estamos preparados para lo que pase”, dice la bajista.

Se llaman Mujercitas en honor al primer cuadro que hizo Daniela cuando estudiaba en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano. El famoso objeto muestra una especie de multitud cadavérica con bello púbico que viene marchando como zombi autista. Daniela estudió unos años en la escuela hasta que quedó libre por faltas y los profesores no quisieron reincorporarla. “Quedé libre porque tenía problemas –cuenta, sin decir cuáles–, y los profesores tenían que firmar si me reincorporaban o no. La verdad es que me re-cagaron porque me interesaba.” Marcelo apunta que los profesores fueron perversos y discriminatorios. El cuadro de Daniela será la tapa del disco que están por grabar.

–¿Por qué “Terror”?

Marcelo: –Coincidimos un montón en las cosas de terror. Es algo natural, más que nada por la vida que llevó cada uno. No es terror ligado a las estructuras básicas del género sino que es como estar atormentado, pero también tiene que ver con madres perversas, hijos perversos (se ríe). Está bueno atormentar a los chicos, como Horacio Quiroga, que los mandaba a la selva para que sobrevivan solos. Yo tenía cuatro hermanas y mi abuela estaba metida en el tema de ellas, yo estaba descartado, entonces es raro ese ambiente y cuando sos chico no te queda otra que depender, tenés que vivir en una especie de campo de concentración de tu familia.

Además de Mujercitas, Daniela y Marcelo tocan en Envidia –también banda punk– y paralelamente grabaron en casetes y CDs sueltos Música para bebés no deseados, que es una obra instrumental compuesta por piano, nada que ver con el rock. Cuentan que antes no tenía mucho sentido grabar, pero que ahora la gente les pide el disco. “Ya conocen todos los temas”, cuenta Marcelo. “Vamos a poner algunos nuevos, otros los sacamos. Y después muchas expectativas no podés tener porque al final no te salen las cosas como vos pensabas y te sentís un fracasado.”

A “los” Mujercitas les gustan los objetos de terror: sobre la mesa hay una planta carnívora a pilas que se mueve con el sonido, ellos le leen cuentos de terror y la planta reacciona. Y en el piso descansa una araña negra queantes se movía y encendía luces rojas en sus ojos, de a poco se está muriendo. Una vez habían hecho dos muñecos en tamaño natural con una base de alambre que los acompañaban en el escenario mientras tocaban y los llamaron Odio y Adiós. La gracia que encontraron en los nombres es que juntos formaban “odio a Dios”. Los tuvieron abandonados un tiempo hasta que sus madres se los tiraron a la calle y desde ese momento fantasean con que se los van a encontrar desolados y perdidos por la ciudad.

Dejan de jugar con los muñecos, entonces, asumen una postura madura y reaccionan con el presente del rock: “Que liberen a Omar Chabán”, dice Daniela y cierra Marcelo: “Lo que pasó con él fue de terror. Que Callejeros pueda seguir tocando y Chabán salga libre. No fue premeditado, fue una tragedia, las cosas siempre se hicieron así. No estaba previsto que la gente tenga una actitud tan cabeza, me parece que ni en la cumbia se comportan así”. Ya no se ríen. Daniela pone la cafetera en el fuego y vuelve a ofrecer petróleo, que será su tercera taza de la tarde.

Mujercitas Terror toca recién el 7 de agosto en Club X, Fitz Roy 1519. A las 22.

No lo soporto, oscuridad alternativa
“No nos reprimimos”

Por Roque Casciero

“No teníamos la intención de formar una banda de chicas”, se desmarcan de entrada las hermanas Naila (voz y guitarra) y Lucía (batería) Borensztein. Y cuentan que, como tenían una amiga bajista, surgió No Lo Soporto; cuando la amiga se fue, entonces buscaron reemplazante femenina. “Queríamos seguir con la misma onda”, dicen. Llegó Lara Pedrosa y la banda se consolidó, al punto de que el año pasado publicó su primer y epónimo álbum. Allí, las tres damas destilan con personalidad un cúmulo de influencias (“todas las bandas que escuchamos en nuestras vidas al mismo tiempo”) entre las que se distinguen las oscuridades alternativas de PJ Harvey y Smashing Pumpkins, las melodías intrincadas de Luis Alberto Spinetta, y la dinámica quiet-loud que Nirvana y Radiohead aprendieron de los Pixies. “Hay una variedad de estilos que está buena, porque tenemos la amplitud como para hacer cualquier clase de temas. No nos reprimimos por seguir un estilo ya planeado”, sentencia Lucía.

Las letras que las hermanas firmaron por separado tienen la adolescencia marcada a fuego, tanto en la confusión existencial de No sé (“no sé si romper las vidrieras o comprarme mil vestidos”) como en la búsqueda de un lugar en el mundo de Insignificante (“hoy me puse a pensar qué ocurriría si muero/ no cambiaría nada/ todo seguiría igual”) o Theory (“todo el tiempo me encuentro haciendo una teoría propia/ a veces dudo de que coincida con quien soy en realidad”). Pero ahora que las tres pasaron los 20, ya no se sienten tan identificadas con aquellos versos que cantaban a los 14. “Siento que nunca podría reproducir cosas como Insignificante o Si tenemos imaginación, fueron composiciones del momento”, afirma Naila. “Lo que sucedió es que quisimos plasmar las canciones de la forma que eran en ese momento y mostrarlas así, pero ahora ya estamos grabando demos para el próximo álbum.”

Lucía, que escribió Insignificante, confirma que al momento de grabarla ya la sentían fuera de tiempo. Un problema, porque es de las que más gustan. De hecho, fue la que atrajo la atención de Gustavo Cerati, quien siempre las elogia públicamente. “Para nosotras tiene mucho valor y nos impulsa, lo mismo que el hecho de que Spinetta nos prestara atención”, asegura la cantante. Lara se apura en aclarar los tantos: “Alguna gente lo ve como una especie de acomodo, pero la verdad es que no hay nada de eso. Nos cayó del cielo, el interés de ellos es genuino”. Lucía cita el “caradurismo” que las tres tuvieron para llevarle una copia de su disco a esos artistas: “No sé si les atrae el tema de que seamos tres chicas o las letras, pero algo les llama la atención. En este momento de la carrera, nos sirve muchísimo que ellos nos mencionen, porque quizás hay gente que se compra nuestro disco sólo por eso. Pero también nos pasa que nos hacen una nota y en diez líneas ponen treinta y siete nombres de supuestos padrinos”. Y la bajista completa entre risas: “¡Nosotras también queremos existir! A veces, en las notas que nos hacen lo único que falta es el nombre de un político”.

Pero si las tres damas no se habían planteado inicialmente armar una banda “de chicas”, ahora se definen como un trío de rock femenino. “Supongo que existe una forma femenina de hacer rock, una sensibilidad diferente”, balbucea Naila, la más tímida de las tres. Su hermana asegura que muchos confunden el nombre de la banda con un ataque al universo masculino. Y entonces Lara se planta: “No es una ideología que venimos a traer. Lo femenino existe. Si una mujer hace algo, va a tener un dejo de feminidad. Puede ser que se manifieste en cierta dulzura o delicadeza, pero también está la garra y la energía que tal vez no se asocia con lo femenino, aunque debería hacerse. Hay una energía femenina. Pero a veces nos preguntan acerca de eso como si tuviéramos un motivo especial, o como si ser mujeres representara algo nuevo. Somos mujeres, ¡no nos queda otra!”. De todos modos, comprenden la sorpresa de los varoncitos cuando las ven sonando con power. “Es una cuestión cultural”, afirma Lucía, futura psicóloga. “La mujer siempre estuvo como en un lugar más tapado oreprimido, y ahora tiene más posibilidades de expresión. Por eso cada vez hay más chicas tocando rock. A muchas que se nos acercan se les nota que les encantaría estar sobre el escenario. Y si ven que otra lo está haciendo, piensan: ‘¿Por qué no?’”

No Lo Soporto presenta el clip de No sé en Hard Rock Café, Av. Pueyrredón 2501. A las 22.30.

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