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Jueves, 18 de mayo de 2006

GRAHAM COXON LANZO UN DISCO (PERO NO LLEGO HASTA ACA)

“Les tengo miedo a las catástrofes”

Después de quince años intoxicado, el ex Blur admite que está tratando de aggiornarse a las relaciones en “sobriedad”. Con el flamante “Love Travels at Illegal Speeds”, da un paso adelante en su carrera. Y no se cae.

 Por ALEXIA LOUNDRAS *

Hace dos años, Graham Coxon lanzó el excelente Happiness in Magazines, su primer álbum después de haber sido tratado por alcoholismo y de haber dejado Blur. El disco, que en realidad era el quinto que publicaba como solista, le valió al guitarrista una tajada de críticas positivas y un NME Award en el 2005 como mejor solista; logros que, hasta cierto punto, han ayudado a mandar a dormir los falsos rumores de una reunión con sus antiguos compañeros. Y ahora su nuevo álbum, Love Travels at Illegal Speeds, cimentará su reputación como solista.

Coxon admite que todavía lo molestan regularmente fans de Blur que quieren que vuelva a la banda pero, aunque entiende su frustración, insiste en que no sucederá. Hace una mueca. Hoy hay una luminosidad en él que no estaba la última vez que nos encontramos, hace dos años. Sentado en su café favorito de Camden y abandonado a los dos vicios que le quedan –café y cigarrillos–, parece mucho más entero. Todavía exuda una vulnerabilidad infantil y el contacto visual es algo que él prefiere evitar. Pero al sentarse con una sonrisa en sus labios se lo ve relajado, incluso cómodo. “Supongo que sé que soy bueno en lo que hago”, admite Coxon. “Poder hablar con seguridad es bastante emocionante, ¿no?” Coxon está deleitándose con este sentimiento recientemente descubierto, y hace bien en estar orgulloso. Love... es un álbum triunfal que continúa donde había quedado su predecesor. Dice que disfrutó mucho el proceso de grabación (“Es como magia hacer música en el estudio”, dice con los ojos abiertos de entusiasmo) y entre los exuberantes licks de guitarra y los ganchos desafiantes que dominan el álbum, se nota su placer por hacer música.

Con el ex productor de Blur, Stephen Stret, otra vez al comando (“El me mantiene sereno”, dice Coxon), el nuevo álbum rebota con todo el abandono imprudente de sus influencias tempranas: “Quería hacer un disco como los de The Buzzcocks, The Jam y Sham 69, discos que cuando era chico me provocaban excitación”, explica. Los riffs de alto calibre y la energía pop-punk que son marca registrada de Coxon están, como nunca, vibrantemente burbujeantes. Pero, sostenido por su reciente seguridad, la destreza instintiva de Coxon por las melodías infecciosas parece haberse puesto incluso más aguda. “No sé de dónde vienen”, musita, mientras se rasca la cabeza. “Porque, por ejemplo, en este momento no podría pensar en ninguna melodía, así mi vida dependiera de ello. Cuando escucho el disco casi no puedo creer que sea algo que hice yo, pero las canciones y las melodías son buenas. Pienso que me he encontrado un poco a mí mismo en este álbum.”

Love... es un paso adelante para Coxon, tanto sónicamente como en términos de autopercepción, lo cual es más importante todavía. Es que ha aceptado más sus puntos débiles: “Nunca le mentiré a alguien y le haré pensar que estoy completamente cómodo cuando se trata de mi música, pero me siento un poco menos avergonzado por mi voz. Debo haberme asentado en un lugar en el que puedo cantar y ser yo mismo. A veces las imperfecciones también pueden ser tus fortalezas”. Ahora, cuando canta, Coxon suena como si al menos una parte de él supiera que tiene una voz emotiva, encantadora. De hecho, comparado con su antigua personalidad dolorosamente apologética, este nuevo y maduro Coxon es un caldero hirviente de jactancia rockera. Pero, aunque todavía está lejos de ser un bravucón (se toma incluso el comentario más inocuo sobre su música como si le estuvieras marcando un error fatal), su confianza le ha dado la seguridad que necesitaba para intentar algo nuevo. Y habiendo aprendido a apreciar su propia voz, Coxon también ha encontrado el coraje para desnudarse emocionalmente. “Este álbum es un poco como pararse desnudo frente a alguna gente”, admite Coxon.

“Siempre me han gustado los discos extremadamente personales, tanto que te hacer temblar. Y creo que hay algunas partes capaces de provocar eso aquí.” Love... es muy revelador. “Se trata de estar en relaciones y tener deseos y cosas así”, continúa. “Y hay un par de partes donde no mepresento a mí mismo con la mejor luz.” Las canciones confesionales de Coxon son tan sinceras que escucharlas puede parecerse a hojear un diario íntimo robado. Esa urgencia por purgar surgió de las sesiones que tuvo hace cuatro años, después de reponerse de su adicción. “Cuando estás recuperándote del alcoholismo, estás obligado a mirarte con dureza: es parte del proceso de darse cuenta de las imperfecciones, desórdenes y faltas propias. Quería desafiarme a mí mismo, ver si podía realmente cantar una letra como... –hace una pausa, incómodo– Casi ni puedo decirlo, pero como ‘Estoy tan enamorado de vos’. Te volvés enormemente vulnerable sólo con decir eso y quería ver cómo era sentirse así. Quería ser claro sobre que, a veces, no sé todo; confesar que cometí algún error tremendo, ver cómo una relación se destrozaba y no hacía nada al respecto.”

El ex Blur desagota su corazón en sus canciones y éstas son conmovedoramente elocuentes y honestas. Pero también exponen un hábito desafortunado: parece que Coxon es culpable de sabotear sus propias relaciones. Con versos como “¿Por qué quise dejarte libre? / ¿Cómo pensé que sería más feliz solo?”, Don’t Believe Anything I Say provee la evidencia más incriminadora. También es la canción favorita de Coxon porque, admite, dice mucho sobre quién es él. “Es una canción sobre sentirse extremadamente arrepentido por haberse separado de alguien, pero sabiendo que es el modo en que las cosas debían ser.” ¿Para ser feliz? “No, para estar seguro: les tengo miedo a las catástrofes.” A veces, Coxon es demasiado honesto para su propio bien. “Ese es el problema de hacer álbumes personales”, musita. “Desagotás todo en el disco y después tenés que hacerlo otra vez en las entrevistas.”

Después de quince años de intoxicación, Coxon admite que todavía está acostumbrándose a mantener relaciones sobrio. Pero mientras explorar sus sentimientos en sus canciones lo ha ayudado a entenderlos, es inflexible con que la gente no se tome el disco a la tremenda. “Hay demasiado sucediendo para ser tomado muy en serio”, explica. “Si mi vida fue realmente con este disco, tendría que hacer algo drástico, como mudarme al campo y empezar a criar cerdos, porque no podés ser capaz de seguir así. Tuve que desenterrar un montón de experiencias viejas para estas canciones, lo cual fue bastante divertido, a decir verdad. Es un álbum muy inglés. No creo que muchos ingleses puedan mantener este nivel de pesadez sin tener que hacer una broma sobre eso, aunque sea para escapar a su propia timidez. Las canciones son sobre cosas que parecen ser bastante desmoralizadoras, pero podés reírte de ellas. Quizá yo sea un dulce chico pisciano, pero la gente tímida, poética y amable como nosotros también se pone vulgar. ¡Y eso es divertido!”

* De The Independent, especial para el Suple NO de Página/12.

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