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Jueves, 20 de julio de 2006

ETERNA JUVENTUD PERDIDA

“Mientras haya quiosquitos y policías, seguirá 2 Minutos”

Los embajadores mundiales de Valentín Alsina tienen un disco nuevo producido por Juanchi Baleirón, que incluye una carta dedicada por el Subcomandante Marcos. Siguen hablando sobre la birra, las drogas, la cana y el gobierno. Aquí, el Mosca cuenta cómo se mantuvo tan punk.

 Por DANIEL JIMENEZ

El Salón Pueyrredón, a metros de Plaza Italia, debe ser uno de los pocos antros rockeros que le quedan a la Ciudad de Buenos Aires. Entre maniquíes deformes, espejos omnipresentes y pisos de parquet, muchas bandas que caminan el under –no sólo porteño– aún encuentran en este pequeño recinto un mínimo espacio para mostrar sus cosas. Y justamente allí, acodados en la barra cual viejos habitués, los 2 Minutos parecieran nunca terminar de acomodarse a unas desvencijadas banquetas rengas, dispuestas en un perfecto semicírculo.

La lúgubre quietud del lugar se rompe cada vez que la voz del Mosca corta el silencio con un comentario “Made in Valentín Alsina”, sin mencionar el ringtone del dinosaurio Barney que despide su celular, transformando todo intento de entrevista formal en una charla dispersa, con cervezas de por medio. Mientras el cantante juguetea con una botella de agua mineral, su vista busca serenamente un punto fijo donde colgarse. Referencia que no encontrará a lo largo de las casi dos horas que durará nuestro encuentro. Es que este señor de nombre Walter Velásquez –junto a Pablo, Monti, Papa y Pedro– está de regreso luego de dos años de ausencia con disco nuevo y las mismas expectativas de siempre: pasarla bien y seguir metiendo el dedo ahí donde molesta.

Paridos en la efervescente escena punk de finales de los ‘80 y arropándose bajo la primavera alfonsinista, 2 Minutos nunca dejó de grabar ni de girar por América, aunque, como confesará el Mosca más tarde, estuvieron “a punto de echar raíces en México”.

Con la mano maestra de Juanchi Baleirón detrás, la banda lanzó hace sólo unas semanas Un mundo de sensaciones, quizás el álbum más caliente y maduro de toda su historia, que los vuelve a poner en carrera en un mercado cada vez más competitivo y con la capacidad limitada. Casi dos décadas después, con algunos vicios dominados y otros en expansión, hijos, y los mismos sueños combativos de diversión y denuncia, los embajadores mundiales de Alsina están más vivos que nunca.

–Escuchando Un mundo de sensaciones da la impresión de que, por su frescura, se trata de un disco que se grabó casi veinte años atrás. ¿Sienten lo mismo?

Mosca: –Mirá, esta es la segunda vez que nos dicen eso. El primero fue Juanchi, nuestro productor, y el segundo sos vos. Estoy totalmente de acuerdo con eso, aunque reconozco que nosotros no nos dimos cuenta. Tiramos las canciones, tuvimos la oportunidad de tener dos preproducciones y lo grabamos en dos etapas, pero nunca nos dimos cuenta. Juanchi fue el primero en decirlo y el segundo fuiste vos, mirá qué loco... Se ve que antes nunca estábamos frescos, por eso no nos dimos cuenta (risas). Pero algo debe tener porque son dos personas que dicen lo mismo. Con Juanchi ya habíamos grabado Postal 97, pero en esa época estábamos más desquiciados, éramos más chicos y no le dábamos bola. Cuando él decía “A” nosotros decíamos “Z”. Y esta vez hicimos un lindo combo.

–Y eso se nota fundamentalmente en el sonido de guitarras.

Mosca: –Sí, pero, bueno, el pibe sabe algo de guitarras... Estuvimos demasiado tiempo laburando en el disco y fue algo más trabajado y ensayado. El tema es que Juanchi sabe un montón y así es todo más fácil.

–¿Por qué decidieron esta vez trabajar con más tiempo?

Mosca: –Porque ya estaba tomada la decisión. Creo que el disco anterior, Súper 8, fue grabado y mezclado en tan sólo siete días, demasiado rápido. Pero hace tiempo teníamos la idea de hacer un laburo más grosso con las violas y esta vez lo aprovechamos al máximo. Pasamos bastante tiempo en el estudio y estuvimos muy tranquilos. En el medio paramos, nos fuimos de gira y Juanchi se fue con Los Pericos, pero no nos desesperamos. Y estamos muy contentos con este disco.

–¿Cómo encuentran la escena musical argentina, comparándola con sus comienzos?

Mosca: –Y, ahora está gozando un poco de mejor salud. Creo que después de Cromañón la escena que más sufrió con la garcha del bengalazo ése fue la escena punk y hardcore, lejos. Casi desapareció porque no tenía muchos lugares. Sólo algunas bandas podían acceder a tocar en El Teatro como nosotros, Cadena Perpetua y no muchos más.

Pedro: –Vos estabas acostumbrado a tocar en Cemento, que era un lugar accesible en cuanto a los arreglos, y de golpe tuviste que pasar a tocar en El Teatro, que es un lugar que suena muy lindo, pero sale caro.

Mosca: –Igual, creo que goza de buena salud porque hay un recambio de bandas de punk rock clásico, punk melódico, emomusic y hardcore.

–¿Podría haberse dado un Cromañón en un show punk?

Mosca: –Si te lo ponés a analizar, la historia y la parafernalia de la pirotecnia tiene más que ver con las bandas de la escena rolinga y no con el punk. Los pibes que nos vienen a ver a nosotros una sola vez prendieron una bengala y fue una semana antes de Cromañón, pero en realidad no fue una bengala que explotaba. Pero eso es porque los pibes que siguen a 2 Minutos antes de gastar plata en dos bengalas se toman un Talacasto o se compran un poco de porro o un par de ruedas. Los chicos no están ni ahí en eso. Pero si te ponés a pensar, en la escena pop, donde hay bandas como Babasónicos o Victoria Mil, ningún pibe va a tirar una bengala, ni a palos. Ahí a lo sumo se toman un Martini (risas). Pero las bengalas y eso vienen de la escena rolinga, seguro.

–¿Qué público es el que hoy sigue a 2 Minutos?

Mosca: –Mirá, el punk rock y en el hardcore siempre van a ser así: netamente adolescentes. Capaz que los que iban al principio a verte no vienen porque ya están casados y tienen hijos y sólo compran los discos, pero existe un recambio generacional. Ya hace un tiempo que estamos viendo eso y notamos que los que vienen a los shows son todos adolescentes. Lo más alucinante es que cuando salió Valentín Alsina, el primer disco, esos flacos eran nenes.

Pedro: –Sí, tendrían quince años... unas larvas.

Mosca: –Lo bueno es que les vamos comiendo el coco a todos, a la familia completa. Primero a los viejos y después a los hijos. Los intoxicamos a todos (risas).

–¿Pero se puede seguir cantando sobre lo mismo?

Mosca: –Yo creo que, en parte, sí. Nosotros con 2 Minutos dejamos muy en claro que nos gustan las drogas, que nos cabe el escabio y que odiamos a la policía y al gobierno. En los tres primeros discos hicimos nuestra declaración de principios. A partir de 2 Minutos de advertencia empezamos a cantar sobre otras cosas, tal vez sobre cosas personales. Ya habíamos dejado en claro qué era lo que no queríamos y era al pedo seguir cantándole a lo mismo: a la birra de la esquina, a drogarse, a escabiar y odiar a la policía. Eso es porque ya lo hiciste y porque ya creciste como ser humano. Yo ya tengo treinta y nueve y... todavía me gusta el escabio, la falopa y todo eso (risas). Pero ya está, ya lo dijimos.

–¿Hay cosas que se disfruten más con el tiempo?

Pedro: –Capaz que antes no estábamos tan conscientes cuando tocábamos: “Ah, era así... mirá, nunca me había dado cuenta, qué bueno” (risas).

Mosca: –Yo creo que por todos los años acumulados empezamos a tomar un poco más la secuencia de las cosas. Estamos disfrutando más, lo que no quiere decir que no hayamos disfrutado antes. Lo que pasa es que antes lo hacíamos en un Scania a trescientos kilómetros por hora (risas). Ahora estás más grande y te das cuenta.

–Después de haber tocado en el exterior, ¿pensaron radicarse afuera?

Mosca: –Una vez nos habían tirado la onda para que nos quedemos en México, pero yo dije: “No, ni en pedo. Me quedo acá, me tomo el 128 y mevoy para Valentín Alsina sin problemas”. Ni a ganchos me voy afuera. Es verdad que una vez nos tentaron, pero ni lo dudé. Además ya casi todos somos padres y acá estamos bien. Buenos Aires no te la cambio por nada.

–¿En qué momento de todos estos años se miraron las caras y dijeron: ‘Qué hacemos acá’?

Mosca: –Quizá la primera vez que la banda viajó a Nueva York. Estábamos por tocar en el CBGB y ahí sí dijimos: “Chau, qué loco. Venimos de Valentín Alsina y vamos a punkear esta noche en el CBGB”. Esa es la cocarda especial del pibe, que te la vas a llevar al cajón. También en 1995, en la primera gira, pasamos de tocar en bares para mamados a lugares llenos, lo cual fue una sorpresa muy grande. Pero hace tiempo que estamos de endless vacations (vacaciones eternas), como decía Dee Dee Ramone. Pero todavía queremos más que eso, siempre queremos más.

–En el libro interno de Un mundo de sensaciones incluyeron una carta del Subcomandante Marcos. ¿Cómo llegaron a contactarse con él?

Mosca: –Ah, eso fue reloco. Allá por el 2003 estábamos haciendo un tour por México y había un festival a beneficio de la gente de Chiapas. Y la onda de los chabones era que el festival, que se hacía en el DF, lo cerrara 2 Minutos. Nosotros ese mismo día teníamos que tocar en Guadalajara y les dijimos: “Mirá, loco, no vamos a poder cerrar el festival, pero nos encantaría estar, así que déjennos tocar temprano y después nos piramos para Guadalajara”. Y estuvo buenísimo. Cuando nos dieron la carta firmada por Marcos nos temblaban las piernitas y entonces dijimos: “Miren los tontos, eh! (risas).

–¿La sobreexposición que la banda tuvo con la aparición del primer disco les jugó en contra?

Mosca: –Y... fue una locura, sí. Veníamos de tocar en la escena punk y ya había un par de compañías multinacionales que nos querían. Nosotros no entendíamos nada, estábamos todo el tiempo drogados y alcoholizados. Y dijimos: “Guau, qué bueno, vamos a grabar un disco”. Entonces pensamos: “En un año nos pegan una patada en el orto a cada uno, vamos a vender re pocos discos y ya fue, seguiremos independientes”. Pero explotó todo de una manera que no pensábamos y no entendíamos nada. No sé si nos jugó en contra... fue una locura. Salimos la banda revelación, tuvimos un disco de oro; qué sé yo, ni mal, ni bien. Seguimos divirtiéndonos y haciendo las mismas cosas que hicimos siempre, y eso está bueno.

–¿Se sienten solos en la escena punk actual?

Mosca: –No. Creo que hay un montón de bandas peleándola, aunque como vos decís tuvimos una exposición mucho más grande que otros grupos y quizá seamos más conocidos porque estuvimos en la vidriera. Pero todavía están Mal Momento, Cadena Perpetua, Bien Desocupados, Bulldog. Casi todos son compañeros de la vieja escuela punk rocker, pero algo se mueve todavía.

–¿Hasta qué punto les molestan las críticas?

Mosca: –Y, depende. Yo soy de leer las críticas, me compro las revistas o pido una fotocopia. A veces me encabrono, bah, si es de mala leche. Y digo: “Este pelotudo no entiende nada”. Algunas me calentaron, pero pensé: “Qué me voy a calentar si este pelotudo debe tener todos los discos de Yes y Genesis en la casa, debe estar fumando en pipa y escuchando Supertramp” (risas). A veces te envenenás y a veces te cagás de la risa. Depende quién te critique también.

–¿Es verdad que el Chapulín Colorado los salvó de caer presos en Perú?

Mosca: –Uhhh... eso fue en la primera gira que hicimos en 1995. Estuvimos en Puerto Rico, Nueva York, Miami y después hicimos toda la zona de California, terminando en Tijuana y el DF. Recuerdo que ahí nos tomamos un avión y ya medio que nos vacilaban porque llevábamos unos bates de béisbol, tequila, mezcal y teníamos una sarna encima marca cañón. Y en el aeropuerto nos decían: “Loco, dejen los bates y los tequilas”. Y nosotros: “No, loco, dejanos subir”. Y teníamos un bate en una mano y una botella detequila en la otra. Entonces subimos al avión, que tenía que hacer una escala en Lima. Y en un momento me doy vuelta y le digo al Indio: “Boludo, ahí está Chespirito”. Y sí, estaban viajando el Chavo con Doña Florinda y nos volvimos locos. Y ahí empezamos: “Quiero una foto”, “¿quién podrá defendernos?”, “que venga Don Ramón”, y esas boludeces. Y cuando estás medio alcoholizado las azafatas te cortan el rostro. Entonces con el Indio abrimos un Jack Daniels que habíamos comprado y claro... abrimos el Jack Daniels y nos prendimos fuego en el avión. Cuando hacemos escala en Lima a mí y al Indio nos chupan y nos meten al calabozo del aeropuerto hasta que se nos pasara la locura. Y nuestro manager de aquel momento nos dijo que había hablado con Chespirito y que él hizo la onda para que nos liberaran. Lo que pasa es que al tipo le habíamos quemado el cerebro en el avión (risas). Pero se copó con nosotros.

–¿Cómo se ven en diez años?

Mosca: –Hechos mierda a nivel general. Vamos a estar con una lima encima... pero rockeando.

Pedro: –Capaz que un par pelados, con problemas de salud y un poco limados.

Mosca: –Y, sí, papi... ya no tenemos quince. La respuesta sería: más hechos mierda.

–¿Todavía sienten nervios antes de tocar?

Mosca: –Cuando presentás un disco siempre están todos con cagadera, ansiosos, nerviosos. Pero si antes de tocar no te pones así, sos de hielo, loco.

–¿Cambió mucho Valentín Alsina en todo este tiempo?

Mosca: –Y... sí. Hay un par de ranchos muy lindos y hay un par de villas anexadas muy lindas. Pero no hay mucha locurita, eh... y sigue Quindimil. Igual tenemos nuestros quioscos, donde sabes que “ahí” está el punto.

Pedro: –Mientras haya quiosquitos y policías, seguirá 2 Minutos. n

* 2 Minutos se presentará mañana sábado en El Teatro, Alvarez Thomas y Federico Lacroze. A las 20.

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Imagen: NORA LEZANO
 
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