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Jueves, 10 de agosto de 2006

TABAQUITO MARROQUI QUIERE ALEJARSE DE LO “LATINOSO”

“Estoy más cerca de Manu Chao”

Sus padres se exiliaron durante la dictadura. Vivió en Brasil, Ibiza y la Patagonia. Después le tocó la Marina. Igual zafó. Pero no escapó de un 67 que le pasó por encima. “Estuve un año tontísimo”, recuerda. Y entonces editó La cura.

 Por C. V.

Un impulso lo lleva a desprenderse del adoquín que le tiraron encima. Alejo Gandini no quiere que lo comparen con Juanes. “Me siento más un Manu Chao sin dinero”, sentencia, y no hay marcha atrás. La contraexplicación defensiva se sostiene por una historia de vida errante. Alejo es un músico-nómade que vivió en mil lugares y nunca echó el ancla en ninguno. “Me encantaría estar en lugar de Juanes, ganar Grammys y todo eso -caretea–, pero no es la música que escucho.”

–¿Por qué te comparan?

–No sé. Creo que es por El lugar de la Juana o La cura (temas de su flamante disco solista, llamado también La cura). Al tipo lo respeto, pero estoy más cerca de Manu, por lo que es: calle y rock.

Más allá de (algunas) canciones bastante superficiales y el interés de Sony-BMG por fabricar un Juanes de entrecasa, Alejo merece ser escuchado. Sus ganas de ser más Chao que Juanes asoman en los pocos temas no “latinosos” del disco (Alquilado es uno). Y explotan en su vida. Stop.

Nació hace 34 años en Buenos Aires, la dictadura corrió a sus padres libertarios de la ciudad. Vivió en Brasil, en la descontrolada Ibiza, en Barcelona, y en cofradías hippies de Bariloche y El Bolsón. De aquí le brotan recuerdos entrecortados. “Ahora que lo preguntás, me fluyen leyendas: Epuyén, el señor de los anillos. No sé, creo que la comunidad terminó mal, porque ganó la tentación. Mi vieja se fue con un titiritero y se separó de mi viejo. Está bueno el flower power y todo eso, pero es heavy llevarlo a cabo. Más si hay muchos niños alrededor. Yo tenía 10 años, era pequeño para luchar”, dice, sosteniendo la respiración. Por entonces –pese al contexto– era fana de Los Parchís. Cuenta que una vez le pidió a su abuelo un disco del grupo de Tino (¡¿Tino?!), pero Don Gandini le trajo Películas, de La Máquina de Hacer Pájaros. “Lo cagué a pedos. Al mes se murió y, cuando vine del entierro, un panadero apareció en la ventana y dije: ‘¡Mi abuelo!’. Puse el disco y mi cráneo explotó. Pasé de Los Parchís a La Máquina.”

Así empezó su liga con el rock. Papá Norberto le afinó la guitarra en blues y le dijo: “Poné la cejilla y cantá”. Ya tenía 12. “Armé bandas. Básicamente papeloneaba, hasta que a los 14 mi viejo me dijo: ‘Venite a Bariloche’. Me fui sin plata y con la criolla. En Viedma toqué en una banda heavy llamada Fibra y en El Ministerio. Llenamos teatritos de pueblo, hasta que llegué a lo que se podía llegar.” A los 19, entonces, se mudó a La Plata. Estuvo dos meses. Después, un año en Hurlingham y saltó a la Capital. Pero su vida siguió surcando ribetes sorprendentes. Quería tocar y sacó el 965, el último año que hubo colimba. El destino era la Marina derecho, entonces inventó un casamiento con una bajista llamada Valentina. Y zafó de la fajina. Con ella armó Jirafa en Llamas, su banda debut en suelo porteño. Un día la escuchó Jorge Alvarez, el legendario creador del sello Mandioca, y lo citó en el Sheraton. Quería producirlo. “Me dijo: ‘Componé ocho horas por día durante seis meses y vuelvo’.” El método rindió frutos. Ante una vida errante, la aplicación de una rutina de trabajo funcionó inmejorablemente. “Era un hippismo al revés, vino bien.”

El resultado fue la edición de un disco de free jazz en 1996 y el albor de una carrera, que casi muere en medio de la avenida Cabildo. “¡Me pisó un 67! Eran las seis de la tarde, estaban construyendo los subtes y no recuerdo más. Los testigos hablan de un charco de sangre en el medio de la calle.” Estuvo cinco días en coma y en la sala de terapia intensiva le dictó a la enfermera la letra de A tus pies. “Fue la primera vez que pude parar, entre los 12 y los 24 años. Zafé de pedo... Tuve traumatismo de cráneo y no sé que fucking pastilla te dan, pero estuve un año tontísimo.” Parte de la letra de A tus pies –buen tema– define el momento aciago: “Ya no tengo ganas / no tengo ganas de pelear / y me decís que me dejás”.El reavive fue paulatino. Hizo onda con el músico cubano Javier García. Y volvió al nomadismo. Tres años tocando en Puerto Rico. Después, en supermercados de Inglaterra y España (“sin una peseta”), hasta que llegó el disco. No es necesario agregar nada sobre su nombre. “Este disco es de cura... me divorcié tras 9 años de estar casado. Por eso, los primeros temas son de desamor y los otros, de volver a empezar a enamorarme de la vida.” La cura es un trabajo ecléctico, pero de fácil escucha. Una concatenación de hits pop, aunque Tabaquito se pinte rockero. “Es lo que toqué toda la vida, la mayoría de las veces como el orto. El vivo del disco es muy rockero. Lo bueno del hippismo es que a los ocho años me dormía con Los Beatles y Pink Floyd. No hay misterios para mí.” La premisa, paradójicamente, fue que La cura no tenía que ser muy rockero. Más bien seguir el ejemplo del primer Radiohead, “rock, pero desde la electrónica”. “Me hice cargo de empezar una carrera de una vez. Cuando lo logré, la idea fue hacer algo lo más masticable posible.”

–¿Cómo fue la producción? Vos te dedicás a ella también.

–Yo quería que lo produzca Gaby, de Catupecu. Pobre Gaby. Hay cuatro temas que trabajan Guyot y Toth, pero se pierden algunas cosas. No pudimos ponernos de acuerdo, y tuve que hacerme cargo. Las pautas eran que no haya distorsión, ni solos de guitarra, y que haya dos veces. Listo. Igual, creo que quedaron mejor los demos, porque tienen toda la influencia de Richard Ashcroft. El tipo mata.

–¿Qué más escuchás?

–Un dúo japonés que se llama Boom Boom Satélite, que me vuela la cabeza. Me los trae un dealer musical, que te copia discos a 8 mangos de materiales inéditos acá. Es como una piratería “legal” y yo necesito ese material para saber. También, antes de los recitales pongo el White Album de The Beatles... me encanta Julia.

–¿Cumpliste tu objetivo con La cura?

–Depende. Dentro de tres o cuatro discos sé que voy a llegar a encontrar lo que verdaderamente busco. Este es el primer paso. n

Tabaquito Marroquí toca el viernes junto a Mirage y Anda La Osa en Studio Bar, Montes de Oca y Carlos Casares, Castelar. A las 22.

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Imagen: Cecilia Salas
 
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