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Jueves, 19 de octubre de 2006

DANCING MOOD HACE UN GIRO HACIA EL JAZZ

Lobo suelto

El flamante disco de Hugo Lobo se llama Groovin’ High y cuenta con la participación de Flavio Cianciarullo, Sergio Rotman, Mimi Maura y Fidel Nadal, entre otros, quienes hacen algo de jazz... Lo que no deja de ser curioso viniendo de donde vienen.

Con un movimiento brusco, Hugo Lobo se baja el cierre de la campera, se la quita e infla el pecho a dos colores: azul y amarillo. La camiseta no es la de Boca, tampoco la de Central. Es la de Atlanta. “¿Sos de Villa Crespo?”, es la pregunta inevitable. “No, de Villa Pueyrredón —contesta él—, pero mi abuelo me hizo de Atlanta cuando yo era guacho.” Lobo es tan enfermo de la trompeta como del fútbol. Desea en voz alta que la sesión de fotos sea en cancha bohemia y tira anécdotas código tablón. “Voy a la cancha, pero no me cabe el quilombo y la B está complicada... si no te pega la policía, te pegan los otros. La última vez fui con mi abuelo y me lo tuve que llevar porque ligó un piedrazo. Estábamos sentados comiendo maní, y puf. Garrón.” Entrado el café, cuando el fútbol pasa a segundo plano, Lobo trasvasa palabras del argot pelota a la música. Y no queda mal. El verbo flashear es tan aplicable a una nota sublime de Charlie Parker como a un gol de Minguillón; ir a huevo puede significar tocar por el pancho y la coca o viajar 70 kilómetros para ver perder a tu equipo 5 a 0 con Flandria; ir para atrás, aludir a un músico frío o a un jugador que se vende. Y así. Pero hay un detalle: Dancing Mood —la big band de ska de Lobo— está tan lejos del fútbol como Maradona de la música sefardí.

No es poco. En la era del rock de masas, con ambos fenómenos entrelazados, cuesta el triple armar un combo de 12 músicos que no tenga un frontman identificable, letras que hablen de tu esquina, compañía detrás o melodías fáciles de mutar en cántico de hinchada. Y Dancing Mood cumple con todos estos anti-requisitos. El flamante Groovin’ High contempla standards de Monk, Dave Brubeck, Bill Evans, Parker y —apenas— dos de los Skatalites (Skafrica y Ska in Viena Woods). “Lo que menos escucho hoy es reggae y ska —sorprende Lobo—, esa materia ya la cursé cinco veces.” Tal vez busque desprenderse de la sombra que persigue al grupo desde hace cinco años y tres discos. Y tal vez lo logre con un disco cuyos temas —elegidos, arreglados y dirigidos por él— se dejan nutrir por un mix ska-reggae—jazz-funk-soul. “Fui a ver a Skatalites al Pepsi y son una clase; pero ahora escucho otra cosa.”

—¿Qué?

—Toda música que va de los ‘50 a fines de los ‘70. AC/DC, Deep Purple, Iron Maiden, Jethro Tull, música de películas, Chicago, el primer The Cure. El vientista da por descontado el jazz precerebral. La tapa vende a Groovin’ High como un disco fiestero y popular. Todo el barrio trajeado, bailando en el patio de un conventillo, con lamparitas de colores, globos y ropa colgada alrededor. “De chico, iba a fiestas en conventillos y pintaba eso. Harina en la cabeza y baile. Gente grande mezclada con pibes. Es un poco lo que pasa en nuestros shows... los grandes no se quejan del faso”, ríe. Los cuelgues sonoros —y muy trabajados— de la agrupación proponen el ámbito propicio para no quejarse, porque también está quien disfruta de una buena versión de Parker —Dewey Square, por caso— en clave ska. “Parker y Brubeck tienen melodías muy ricas. Lo que hago yo es alentarlos para que se entiendan mejor. Alentándolos te das cuenta de lo que tenían los tipos en la bocha.”

—¿Cómo los “traducís”?

—Elijo temas y los escucho 50 veces. No cualquier tema se puede pasar... tal vez el be bop sí, pero hay que ver con qué tipo de ska se hace, si swingueado o derecho. Si no controlás el tiempo, se puede transformar en una calesita o en algo muy denso. Yo flasheo con ver a un pibe con remera de La Renga tarareando un tema de Parker.

—Pero el jazz tiene mala prensa entre las tribus rockeras.

—Porque muchos músicos le hicieron perder su esencia. Antes, el jazz era para bailar en salones, no para el fumapipa de anteojos sentado, mirando a alguien tocar millones de notas que no entiende ni él ni el que las toca. Eso es cualquier cosa. A cualquier músico de esos lo ponés al lado de un pibe del Harlem, y tiene que ir a dormir la siesta más seguido. La conversión de Lobo —viejo rocker— al ska tuvo que ver con Los Cadillacs. “Me mostraron a los Special’s, a Madness... la primera vez que vi a los Skatalites fue en una pantalla, antes de un show de Los Cadillacs. Me abrieron la bocha —otro vocablo futbolero— en un montón de cosas.” Una de ellas fue, precisamente, formar una banda contracorriente. Una agrupación de ska jamaiquino inédita en la Argentina. Y puede decirse que fue el gran logro de Dancing Mood. Lobo convocó músicos de Un Kuartito, Abed Negó, Los Cafres —donde había tocado cuatro años—, Viejas Locas y dio vida a la máquina hidráulica. “El primer demo duraba 21 minutos. Lo llevaba a las radios y a los dos minutos lo sacaban y me mandaban a pasear.”

—Dancing Mood cambió muchas veces de integrantes. ¿Es difícil ponerse de acuerdo?

—No se puede debatir todo el tiempo. Eso armó quilombo en un montón de bandas. Por suerte, los que están ahora conmigo la calaron de vuelo y apostaron por el proyecto. Desde el primer demo, intenté que todos tengamos el mismo protagonismo y que haya equidad absoluta. Camino difícil pero placentero, porque a la hora de irte a dormir el resultado tiene otro sabor. Cuando quedan cinco pesos, quedan cinco pesos y todos tienen claro eso. Trato de hacer algo distinto a lo que pasa en otras bandas.

—¿Qué es lo que pasa en otras bandas?

—El 97 por ciento de los músicos tienen un grupo no porque lo sientan sino porque quieren cogerse minas o salir en la tapa de las revistas. Yo toco igual para 1500 personas que para dos, porque la columna vertebral es la pasión por hacer música. Lo demás me chupa un huevo. Cuando me deje de emocionar voy a empezar a pensar si toco en la banda municipal o en Los Pericos.

—¿Por dónde pasa el mensaje en un grupo que no compone letras?

—Hay un montón de bandas con remeras del Che, discurso rastafari o lo que sea, y cobran entradas de 50 mangos, están con multinacionales, tienen un empresario que se los coge y los discos salen un montón de guita. Por más que seamos una banda instrumental, el mensaje que mandamos pasa por ahí. Y la gente lo capta. Si fabricar un disco sale seis mangos, ¿por qué lo a vendés a 25? Y peor aún es que no lo decidas vos sino otro. Eso es cualquiera. No sirve tener una letra combativa si después sos un caretón.

Otro guiño futbolero. Que Groovin’ High cuente a Flavio Cianciarullo, Sergio Rotman, Mimi Maura, Fidel Nadal, Maikel de Kapanga y Guillermo Boneto —que canta Just the Way you Are de Billy Joel— como invitados es, para Lobo, cosa del sentimiento. “Ellos no ponen ninguna condición, e incluso se cagan si pertenecen a un sello discográfico. Son amigos que flashean con un proyecto independiente y ambicioso a la vez. Nos une la pasión, como en el fútbol.”

* Dancing Mood presenta Groovin’ High este domingo en Niceto. Niceto 5510. A las 12.

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Imagen: CECILIA SALAS
 
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