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Jueves, 15 de febrero de 2007

ESTAMOS FELICES: CRECE EL SELLO ESTAMOS FELICES

Nuevos mercados

¿Vale la pena pelear por la independencia? Brazos bien arriba: Martín Mercado, un productor, hizo un sello de la nada, y ya grabó diez discos como para estar atentos: Coiffeur, Bicicletas y Juan Stewart, entre otros. Y dice que sí, que vale la pena.

 Por JUAN MANUEL STRASSBURGER

¿Cuánto vale ser un nuevo sello indie? Desde Mandioca y MIA hasta Ultrapop o Indice Virgen —por nombrar sólo algunos de los proyectos independientes más emblemáticos entre los ‘60 y ‘90—, el costo fue alto. Al entusiasmo inicial muchas veces le siguieron la inconstancia, el descalabro financiero o la lisa y llana claudicación. Cierto, hubo atenuantes (dictaduras, hiperinflaciones, corralitos, cromañones). Pero también errores propios que instalaron el escepticismo: ¿tiene sentido pelear por la independencia? Por suerte, la respuesta cada tanto es otro proyecto —más joven, más impetuoso, más inconsciente— que vuelve a encender la mecha.

“Estamos Felices (EF) puede ser muchas cosas. Un momento de vida, un estado de ánimo, un fin en sí mismo, una autarquía”, decía a modo de manifiesto Martín Mercado (27 años, pibe sensible, fotógrafo rocker y owner de Global-Art.com, sitio desde donde busca aunar a la dispersa movida indie) a mediados de 2004. ¿El propósito? Conservar y estimular una escena —los diversos desprendimientos de Jaime Sin Tierra, pero también las bandas guitarreras al estilo “yanqui” de Verme Arder o los maravillosos Voltura— en peligro de extinción por exilios y crisis varias (de hecho las dos bandas V... se separaron al poco tiempo).

Dos años y medio después, el objetivo parece cumplido: EF lleva editados diez discos (entre ellos los últimos de Bicicletas y Coiffeur, de alto impacto indie en 2006) y poco a poco se fue consolidando como un lugar “ideal” para dar el primero paso. A veces, demasiado ideal: “Me llegan a casa muchísimos discos y mails todos los días, artistas muy identificados con el manifiesto, y la verdad es que no siempre podemos darles cabida a todos. ¡No tenemos el presupuesto de una multinacional!”, se excusa Mercado con cierta angustia. “Igual los escuchamos a todos y en cuanto podemos, les respondemos”, recalca.

En general, la forma más directa que tiene Martín de conocer los artistas que luego edita es frecuentar el under. Así descubrió al cantante Siro Bercetche (y su plan low-fi tan íntimo como delirante), se hizo amigo de los JST (a los que les sacaba fotos) y se topó con Coiffeur, la promesa cancionera del Oeste. “Cuando empecé con el primer disco nos encontrábamos con Martín en todas partes. Me atrajo comprobar que había una energía parecida, una urgencia, una necesidad”, cuenta Coiffeur sobre la edición a través de EF de No es, su esperado segundo disco (ver aparte).

Es raro que Mercado hable del sello sin nombrar a su novia (Solana Chehtman, encargada de prensa y comunicación) o a Ezequiel Black (director de los muy cuidados diseños de cada edición, sin duda uno de los puntos altos). “La idea es tratar de ir desarrollando una línea gráfica, un estilo, que uno vea el disco y ya sepa que son del sello”, sostiene Ezequiel. Y Martín se entusiasma: “Desde que están ellos (Solana y Ezequiel), los discos salen mucho mejor”.

También, desde un rol externo, es fija la labor como productor de Juan Stewart. “No tenemos un contrato firmado, ni nada parecido. Pero Martín me tiene al tanto de todo lo que va haciendo y si no produzco, oficio de consulta”, dice el ex JST, quien también editó su disco solista por el sello.

¿EF es el refugio de los que apuntan a la melancolía post-Radiohead? “Lo de llorar y estar triste y encorvado ya fue”, separa aguas Mercado. “Jaime Sin Tierra fue una banda fundamental para mi generación, pero ellos mismos ahora les ponen humor a sus proyectos solistas. De todos los discos que saqué, ninguno es para abajo.”

—De alguna manera, Sebastián Carreras (de Indice Virgen) tuvo un inicio parecido: trabajaba de otra cosa (en una farmacia), pero usaba sus ahorros para fundar un sello y apoyar la movida low-fi de ese momento. Diez años después, IV casi no edita material nacional. ¿Qué hacer para que no te pase lo mismo?

—Y es que si trabajás ocho horas en tu trabajo diario y después ocho horas más en tu sello llega un momento en que no querés saber más nada. Y tenés que elegir... No está bueno tener una jornada laboral de 16 horas.

Agrega, realista: “Si contamos sólo el abstracto de editar el disco, la plata la recuperamos. Pero si le pongo valor a lo que laburo de prensa, a la Internet de mi casa, la luz, lo que colabora mi novia, lo que costaría alquilar un local, la realidad es que hoy estaríamos un poco por debajo”.

¿Cómo se financia, entonces, EF? “Nos ocupamos de la edición, no de la grabación. Los masters son de los músicos. Para la edición generalmente arreglamos 50 y 50.” ¿Los beneficios? Aprovechar una cierta logística y la difusión ya aceitada del sello. También, pertenecer a un estilo identificable: “Vos nos escuchás a nosotros y sabés de qué va. Yo siempre voy a apostar al rock. No al pop”, dice Martín.

¿Existe la comunicación con los otros sellos? “Sí, claro. Ultrapop, además de ser nuestra distribuidora, nos da consejos”, y Martín extiende la buena onda hacia Scatter, Indice Virgen, Los Años Luz y Casa del Puente, entre otros. “Todos compartimos la idea de apostar a bandas que no tienen cabida en el mainstream.”

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Imagen: Cecilia Salas
 
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