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Jueves, 15 de febrero de 2007

EL OPORTUNISMO DE LOS GRAMMY

Dixie Chicks: ovejitas descarriadas

 Por DANIEL JIMENEZ

“Me da vergüenza que el presidente George Bush sea de Texas.” La frase, disparada por Natalie Maines durante un show de Dixie Chicks en Londres en marzo de 2003, diez días antes de la operación militar “Libertad Iraquí” sobre Bagdad, supuso para la banda el comienzo del fin. En el mejor momento de su carrera, el grupo más importante de la actual escena country sufrió un durísimo revés. Al parecer, semejante afrenta contra los Bush Boys le generó consecuencias sospechosas: sus canciones desaparecieron de los charts, sus conciertos se suspendían sin aviso y dejaron de sonar en las radios, mientras red necks arrollaban montañas de CDs con sus tractores al mejor estilo Ku Klux Klan.

Las hermanas Emily Robinson y Martie Maguire, junto a la vocalista Natalie Maines, formaron Dixie Chicks a mediados de 1989 en Texas, patria chica del presidente. Con una fuerte impronta sureña y un revisionismo naïf del bluegrass, el folk y el country, estas cowgirls le aportaron frescura blandita a un género que hoy se logra mantener a duras penas gracias a la difusión que se propulsa a través de circuitos donde “nada se hace fuera de la familia”. Y en toda familia siempre hay una oveja descarriada.

A raíz de aquella declaración que se extendió como pólvora, las superpoderosas de Dallas enfrentaron insultos por “antipatrióticas” y un doloroso boicot de sus pares, que las atacaron sin piedad. La guitarrista Emily Robinson dijo: “Sé que un montón de artistas han cobrado dinero para ponerse en contra de lo que dijimos porque piensan que eso va a promocionar su carrera. Y eso sí me parece un hecho”.

Ofuscadas, las niñas les dieron la espalda a su tradicional estilo y encararon la concepción musical de Taking the Long Way apoyándose en el rock californiano y hasta algún esbozo de rap. Pero el daño estaba hecho. A mediados de 2006 en Sony Miami, las féminas sacaron a relucir su malestar y fue la violinista Martie Maguire quien defendió a su compañera: “La reacción que se produjo fue como si Natalie hubiera dicho ‘maten al presidente’”. Robinson suscribió: “Se utilizó el factor miedo sin pudor, estamos viviendo en los tiempos de McCarthy”.

Luego de la fatídica noche británica, su popularidad creció increíblemente y vendieron en tres años ¡30 millones! de discos. Y más allá de la escalofriante cifra, siguieron conservando íntimamente una molesta espina que se sacarían delante de lo más nutrido de la industria musical. El domingo, en los Grammy 49, hoy convertido en un lujoso paseo de compras del R&B más radiable, se produjo un hecho que para muchos tiene el ácido sabor de la disculpa. Mientras The Police se reunía después de dos décadas y Shakira sacaba a pasear su insufrible falsete por el Staple Center de Los Angeles, las Chicks se alzaban con cinco estatuillas —incluyendo Mejor Disco del Año— entre una caterva de celebridades latinas pesificadas, como Ricardo Arjona y Maná.

En un ensayo privado de mea culpa, la encumbrada Academia olvidó la polémica desatada, acorde con los nuevos aires que soplan en el Congreso norteamericano. Visiblemente emocionada, la cantante dejó en claro que la bronca recién parece comenzar a apagarse: “Creo que hoy la gente se ha expresado con libertad y eso es lo que cuenta”. Taking the Long Way, producido por Rick Rubin (Red Hot Chili Peppers, Johnny Cash, Audioslave) es apenas un correcto disco de country, que le sirvió a Maguire, Robinson y Maines para descargar algunos dardos contra aquellos que las atacaron. El primer corte fue Not Ready to Make Nice, que lideró el top de descargas en iTunes. Bautizaron a su última gira “Accidentes & Acusaciones” y en siete días lanzarán el DVD Shut Up and Sing (“Callate y cantá”). El documental de Barbara Kopple es una crónica acerca de las Dixie Chicks desde el incidente británico hasta el tour de 2006, y comprende imágenes de backstage, ensayos, shows y hasta una audiencia del Congreso, donde el presidente de Cumulus Broadcasting cuenta que ordenó a 250 emisoras pasar a disponibilidad las canciones del grupo. Hoy, a cuatro años, Natalie Maines realza la polémica: “Tal vez el país esté en desacuerdo conmigo y los entiendo. Lo que no entiendo es la tonta necesidad de sentirse patriotas. ¿Por qué tenés que ser un patriota? ¿Un patriota de qué?”.

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