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Jueves, 29 de marzo de 2007

NEW YORK DOLLS EDITAN DESPUES DE TRES DECADAS

Profundo carmesí

Nacieron en la Gran Manzana, cuando —según ellos— el rock se estaba haciendo aburrido. Como buenos héteros calentones, les dieron de comer a las superstars de Warhol, a las drag queens y a los chicos del East Village.

 Por Roque Casciero

Cada vez que una banda regresa a escena después de varias décadas de inactividad se plantea la duda: ¿estarán a la altura de la leyenda, del nivel que sea, o simplemente necesitarán facturar a costa del pasado? Si encima a esa banda se le murieron el guitarrista principal y el baterista, y a poco de la reunión fallece el bajista, parece demasiado que el cantante y el guitarrista rítmico sigan usando el viejo nombre. Pero con los New York Dolls siempre —en la primera mitad de los ‘70 y ahora— hay que tirar los prejuicios por la ventana. David Johansen y Sylvain Sylvain, los dos sobrevivientes a los excesos y la mala estrella de los Dolls, levantan bien alto el logo escrito con lápiz labial en su álbum de retorno One Day it Will Please Us to Remember Even this (Algún día nos agradará recordar incluso esto), que acaba de ser editado en la Argentina. Es un disco que patea como un cable pelado, aunque estos señores ya hayan pasado los 50 hace rato, y que, sin caer en el viejazo irremediable, conserva todas las marcas registradas de la banda.

¿Rock’n’blues con purpurina? ¿Los labios de la lengua stone pintados de carmesí? Algo así. “En el nuevo álbum tratamos de divertirnos, pero también de ser muy serios y de apuntar bien”, le dice al NO Syl Sylvain. “Además, no es que armamos una banda nueva y que vamos en una nueva dirección: somos los mismos. Y tampoco es que somos sólo David y yo, aunque ciertamente somos los que manejan los climas. En cierto sentido, queremos más de lo mismo: canciones de los New York Dolls. Porque sí existe eso: si escuchás una canción nuestra, decís: ‘¡Fuck, es una canción de los New York Dolls!’. Las canciones de los Dolls tienen mucho soul; thruth and soul.”

Verdad y alma: eso ya poseían en 1971 Johansen, Sylvain, el batero Billy Murcia, el bajista Arthur Killer Kane y el increíble guitarrista Johnny Thunders. “Formamos la banda porque estábamos muy aburridos de lo que había, que principalmente era inglés”, explica Sylvain. “Era ese rock de grandes estadios, de tocar en el Madison Square Garden, tipo Led Zeppelin. Ya sé que son una gran banda y demás, pero era aburrido, porque el baterista hacía un solo de veinte minutos. Todas las bandas hacían óperas, no había más rock’n’roll. Ya no era sexy, era un puto aburrimiento. Y dijimos: ‘Fuck, esto es un asco, queremos volver a divertirnos’. Por eso formamos los New York Dolls. Nos convertimos en los favoritos de toda la gente del centro de Nueva York, las drag queens y las superstars de Warhol, y los chicos del East Village, lo que ahora llaman el Lower East Side. Ellos también estaban aburridos, así que les encantaba vestirse para la ocasión, igual que nosotros, y se convertía en una noche loca.” En el Mercer Arts Center, donde apenas entraban doscientas personas, los chicos se vestían como chicas, arriba y abajo del escenario, y los géneros se hacían difusos, aunque las damas siempre supieran detectar que los Dolls eran héteros calentones. Pero había algo más: “Los New York Dolls fueron, son y serán más que música: es moda, estilo, sexo, impacto, a veces escándalo y definitivamente algo muy sexy”.

El guitarrista dice que, más allá de los dos discos (Lipstick Killers y Too Much Too Soon) y los conciertos que hicieron en los ‘70, lo que más lo llena de orgullo es que, de modo inconsciente, derribaron barreras y liberaron el camino para quienes vinieron después. “En 1971 había una enorme pared frente a todos: no podías aprender a tocar un instrumento o a ser un artista que pueda tocar en vivo, que es lo que en verdad somos los NYD. Antes de nosotros tenías que vender discos como los Beatles o los Rolling Stones para que te ofrecieran un contrato. Nosotros volteamos esa pared y así pudieron ingresar Patti Smith, los Ramones, Blondie, Talking Heads, Television... Y eso sólo en Nueva York. Porque también hay que ver a todos los que influimos en todo el mundo. Descubrimos que no sólo el Lower East Side amaba a los Dolls sino que había gente así en todo el mundo. Por eso creo que todo el mundo tendría que agradecerles a los New York Dolls... ¡y comprar sus discos!”, se ríe Sylvain.

Quien supo mostrar su agradecimiento fue un ex presidente del fans club de los New York Dolls de Inglaterra, que en 2004 les pidió a los tres sobrevivientes que volvieran a tocar en un festival. El detalle es que el fan es nada menos que Morrissey. “Al público le encantó y a nosotros también, como se puede ver en el DVD de ese show (no publicado aquí)”, dice Sylvain. “Pero nos pasó algo terrible, porque perdimos a Arthur Kane en esos primeros shows de reunión. Arthur había esperado toda su vida para volver a tocar con los Dolls; fue al que peor le fue después de la separación en 1975. Lo que pasó fue que estaba muy enfermo, pero creo que ni él lo sabía. Me hubiera gustado poder ayudarlo, porque fuimos amigos durante todas nuestras carreras, incluso después de nuestra separación. Fue casi como ser testigo de un milagro, porque él quería tanto la reunión... Toda su historia (antes de la reunión, Kane trabajaba para ¡los mormones!) está presentada muy bien en la película New York Doll, que hizo un amigo de Arthur.”

¿Tienen los Dolls una maldición? En el primer viaje de la banda a Inglaterra, el batero Billy Murcia murió ahogado en una bañera, bajo los efectos de tranquilizantes. Thunders, famoso por su abuso de drogas, murió de sobredosis de heroína en 1991. Unos meses más tarde, el baterista Jerry Nolan (que reemplazó a Murcia) fue víctima de un infarto a los 40 años. Y la muerte de Kane por leucemia a poco de la reunión dejó solos a Johansen y Sylvain. Pero éste ve las cosas de otro modo: “La vida no es un tragamonedas de Las Vegas. Y las cosas no se repiten, especialmente en los casos de Billy y Arthur. Arthur volvió a su casa de Los Angeles y falleció tres semanas después. La vida es algo que todavía sigue escribiéndose, que nunca es predecible. Y me gusta de ese modo. Llamame enfermo o lo que sea, pero me gusta de ese modo”.


De cuando McLaren salió a la pista

Justo antes de la separación en 1975, los New York Dolls contrataron como manager a un inglés llamado Malcolm McLaren, quien dos años más tarde iba a revolucionar al mundo del rock con las tácticas que empleó para dar a conocer a los Sex Pistols. Pero con los Dolls no le fue tan bien, porque su idea de llevar la confrontación al extremo (como si la imagen travesti de la banda no fuera suficiente) alejó cualquier clase de interés por el futuro del grupo: a McLaren se le ocurrió organizar un concierto con los cinco Dolls vestidos de rojo y tocando con una bandera de la Unión Soviética como escenografía. Pero la historia entre el célebre manager de los Pistols y los New York Dolls viene de antes. “Cuando éramos chicos, Billy Murcia y yo trabajábamos en el negocio de la ropa, más allá de hacer música”, recuerda Sylvain. “Fumábamos porro, teníamos el pelo largo y nos habían echado del colegio por llegar siempre tarde y por tratar de joder con las chicas todo el tiempo. Como sabíamos de ropas y esas cosas, creamos una compañía de sweaters, Thruth and Soul Sweaters, y nos hicimos muy populares. Empezamos a venderles a todas las boutiques de Nueva York, hasta que firmamos un contrato con una gran fábrica para producir más. Y ellos tenían una feria de moda en Nueva York. Esto fue en 1971, en uno de los hoteles de la calle 34. Tomaron el salón de baile y pusieron stands para todas las compañías. Casi al final del salón estaban un tipo y una chica ingleses, cuya empresa se llamaba Let It Rock. Yo me presenté, porque me encantaban sus ropas. Eran Malcolm McLaren y Vivian Westwood (su socia en el local Sex, punto de encuentro punk en el ‘76). El último día de la feria fuimos con David Johansen y Johnny Thunders, se los presenté a Malcolm y Vivian, y les compramos ropas, que eran bien rockabilly. Malcolm y Vivian fueron al Mercer Arts Centers a vernos tocar y se enloquecieron con los Dolls. Nos seguían a todas partes: cuando fuimos a París, ahí estaban ellos.”

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