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Jueves, 5 de abril de 2007

9° BAFICI: NACHO VEGAS HACE MUSICA DE PELICULA

“La honestidad es obligación”

En su caminata musical se cruzan sonidos de Leonard Cohen, Nick Drake, Nick Cave, Bob Dylan y Will Oldham. Imágenes de Faulkner y una constante lucha contra el aburrimiento, que, dice Vegas, es peor que la muerte.

 Por Roque Casciero

En el Bafici de 2003, a través de El fulgor, el público argentino tuvo su primer contacto con Nacho Vegas, cuando todavía no se conseguía aquí ningún disco suyo: en la película de Ramón Lluís Bande se podía ver al cantautor asturiano, una suerte de Leonard Cohen de Gijón, mientras componía la canción que dio nombre al largometraje. Cuatro años más tarde la relación entre el Bafici y el señor Vegas da un paso más: mañana, el autor de Desaparezca aquí se presentará a las 22 en Harrod’s, con entrada gratuita, como parte de la programación del festival. “El Bafici tiene una relación muy estrecha con el Festival de Cine de Gijón, con el que los músicos de aquí nos sentimos muy vinculados. Me hablaron muy bien de vuestro festival y me encanta visitar la Argentina por primera vez relacionado con eso. Estaremos tres o cuatro días y trataré de ver todo lo que pueda”, adelanta Vegas a través del teléfono. En su primera incursión porteña, acompañado por el multiinstrumentista Xel Pereda, Vegas también tocará canciones tradicionales de su tierra —está preparando un disco dedicado a ese material— el lunes en el Centro Asturiano.

El cantante formó parte de dos bandas indie (con letras en inglés) con bastante reconocimiento en España, Eliminator Jr. y Manta Ray, antes de decidirse por un camino autoral en el que se cruzan Cohen, Nick Drake, Nick Cave, Bob Dylan y Will Oldham. “Siempre me interesó la música desde un punto de vista autoral”, explica Vegas. “En aquellos grupos componíamos entre todos y a mí me gustaba mucho escribir letras. Decidí lanzarme a publicar en solitario porque era una necesidad que sentía desde hacía tiempo, aunque tuve que coger confianza en mi propia voz. Y como Manta Ray estaba en un buen momento y era bastante absorbente, lo abandoné para empezar esta carrera”. Vegas lleva publicados tres álbumes en soledad —- Actos inexplicables, Cajas de música difíciles de parar y Desaparezca aquí—, además de uno reciente junto a Enrique Bunbury, El tiempo de las cerezas (los dos últimos tienen ediciones argentinas). En todos ellos sobresalen las letras elaboradas del asturiano, con frases brillantes que se convierten en núcleos de las canciones. “Gente nace y gente muere cada día/ los demás nos limitamos a estorbar”, por ejemplo, canta en Secretos y mentiras. O “Tracé un ambicioso plan/ consistía en sobrevivir”, de Nuevos planes, idénticas estrategias.

Con toda su tradición de cantautor a cuestas, Vegas asegura no tener un método para componer: “Lo único que procuro es tener siempre una guitarra cerca. Las canciones surgen probando diferentes ideas musicales y se van construyendo en cualquier momento del día en el que venga una frase que puede ser el epicentro de una canción. Generalmente no escribo rápido, suelo tardar incluso meses en dar por concluida una canción. La disciplina es importante para hacer canciones, pero la mía es una disciplina un poco caótica, valga la paradoja”.

—En Por la paz y la canción decís que “la verdad está en la canción”. ¿Es una especie de manifiesto?

—Ya lo dijo muy bien dicho Calamaro, la honestidad no es una virtud sino la primera obligación del artista. Tienes que partir de la honestidad. Y luego, en la canción siempre hay una búsqueda de sentimientos verdaderos. Una verdad que no es algo absoluto, pero que sí condiciona la canción. En la vida cotidiana, uno vive rodeado de un montón de mentiras y la música es una de esas cosas importantes, del mismo modo que el amor, en las que la verdad prima. Y tienes que esforzarte por perseguir esa verdad.

—En La fin hablás de haber aprendido canciones, pero que pocas son sobre el cielo y muchas sobre el abismo. ¿Eso describe a tu obra?

(Se ríe) —Bueno, sí. Aunque en esa canción el que habla es un personaje, sí que las canciones parten de sentimientos extremos, radicales, que son los que te producen cierta confusión y que no sabes verbalizar de una manera lógica. Para intentar plasmarlos de alguna manera utilizo las canciones. Y bueno, el cielo y el abismo son esos extremos de los que se nutren las canciones. El aburrimiento, por ejemplo, es un estado anímico que no me provoca hacer canciones.

—La muerte está presente en todas las canciones de Desaparezca aquí.

—Cuando entré a grabar las canciones no tenía pensado que el tema de la muerte predominara en el disco. Pero luego me di cuenta de que sí salía nombrada desde diferentes perspectivas. Al final, la muerte es algo misterioso, nadie puede decir nada certero sobre ello, y por ser algo insondable, al final resulta muy revelador de la condición humana: el miedo a morir es como el miedo por excelencia. Y, en ese sentido, al final la muerte es casi una excusa para hablar de la vida, que es de lo que hablan las canciones.

—En algunas canciones de tus primeros discos hay referencias a la heroína. ¿Cuánto de eso es personal?

—En mi vida, la heroína tuvo un papel relevante en su momento. Suelo relacionar todo con lo que significa hacer canciones, que son el único antídoto contra el tiempo que corre y que produce esa ansiedad permanente. El hecho de poder detener el tiempo con una canción que te emocione hace que te parezca que puedes disponer de la eternidad o algo parecido. Eso hace que sea tan importante la música. Y bueno, la heroína, en concreto, es una droga que te induce a un estado parecido, aunque luego tiene su parte más negra, porque te vuelve alguien que no sufre ni padece, pero tampoco se emociona. Hablar de heroína me pareció también una manera de hablar de un montón de sensaciones, de sentimientos extremos, de esta búsqueda que tiene el ser humano de un deseo que nunca tiene como consecuencia al placer, sino que es solamente una especie de alivio, que es lo que consiguen esas drogas.

—Hay una reacción contra eso en La pena y la nada: “Entre el dolor y la nada elegí el dolor”.

—Sí, sin dudas. Creo que es una frase de Faulkner. Y hay un proverbio oriental que dice que sufrir no es bueno, pero sí lo es haber sufrido. Digamos que, de alguna manera, el dolor te hace sentirte vivo. Y eso es lo importante en la vida. Lo peor es el aburrimiento, el tedio, que te hace parecer un cadáver en vida. Sentirte muerto en vida es mucho peor que el suicidio.

—Muerte, droga, abismo... ¿No hacen que se pierda de vista cierto humor de tus canciones? Si hasta está en El ángel Simón, que es bien dramática.

—En los últimos discos hay canciones como Serie negra, Secretos y mentiras o El hombre que casi conoció a Michi Panero, en las que el sentido del humor está bastante presente. En otras está más soterrado. Mencionaste El ángel Simón, una canción en la que había un sentido del humor que mucha gente no veía. A lo mejor es una cuestión de percepción. Aunque no sea en todas las canciones, siempre hay algo que planea: el humor como una herramienta no para huir de las cosas sino para enfrentarse a ellas más cara a cara.

* Nacho Vegas toca el viernes 6 en Harrod’s, Florida 877. Gratis. A las 22.

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