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Jueves, 19 de julio de 2007

LAS SIMILITUDES DE MARIANO “MANZA” ESAIN Y JUAN STEWART

De cómo parir el indie

Estuvieron en dos bandas de los ’90 que casi triunfan, pero nunca llegaron al éxito comercial. Aunque igual hicieron escuela: hoy son productores referentes del nuevo rock argento

 Por Juan Manuel Strassburger

Con sus diferencias, Mariano Manza Esaín y Juan Stewart siguen vidas paralelas. En los ‘90 ambos “fracasaron” (en lo que a éxito comercial se refiere) con Menos Que Cero y Jaime Sin Tierra: dos bandas tan reverenciadas como peleadas con la fama y distintas entre sí. Después, ya en esta década, los dos se consolidaron como productores, un poco por curiosidad y otro poco por la flagrante orfandad que padecían a la hora de entrar en un estudio (Melero fue padrino de Babasónicos, Los Brujos y sus derivados –Sonotipo, Los Látigos, Victoria Mil–, pero no del resto de la movida). Así, y tras grabar primero a sus propias bandas y después a sus amigos y conocidos, terminaron convirtiéndose en los principales referentes de lo que hoy ya muchos llaman el nuevo indie argentino (tapa del NO del jueves pasado). Desde Mataplantas, Bicicletas y Coiffeur hasta Hernán Martínez, Interama, Bauer y Blanco, pasando por El Robot Bajo El Agua, Norma y muchísimos más, prácticamente no existe grupo o solista de esta nueva escena que no haya pasado por las manos de Manza o Juan.

¿De promesas del under a parteros favoritos del indie? ¿Cómo ocurrió que las bandas emergentes cuenten por primera vez con interlocutores propios y accesibles a la hora de planear un disco y grabarlo? El NO reconstruyó la historia con los dos protagonistas. Y, también, les preguntó por los discos que acaban de sacar: Oui!, el tercero de Juan como solista; y Folk, el segundo de Manza con Valle de Muñecas (algo así como Menos Que Cero, pero reloaded: más sabiduría y precisión estilística para la misma combustión beatle y noise). Ambos pergeñados y grabados casi a la par en el estudio que el ex JST armó en Almagro. Con Juan oficiando de guía para Folk y Manza de consejero para Oui! ¿O qué esperaban? ¿Que Manza y Juan no fueran amigos?

“Todo el tiempo nos estamos consultando, me parece que los dos encontramos una oreja extra en quien confiar, y está bueno”, dice Manza. Y Juan confirma: “Más allá de la parte humana y musical de Mariano, trabajar con él me permite concentrarme en la música y nada más”. Para el tecladista y bajista, “la principal diferencia con mis otros trabajos es que hay una banda detrás” (participan Javier Diz y Sebastián Kramer, otros dos ex JST). Y que “el espíritu es un poquito más arriba. Casi que son canciones más allá de que sea un disco instrumental. O, en todo caso, cantado con voz muy baja” (risas). Es verdad: los nueve tracks son melódicos de pe a pa, y por momentos hasta llevan al tarareo alegre. Por el lado de Valle de Muñecas, en cambio, la intención fue sacar una especie de lado B del primer álbum Días de suerte: versiones acústicas, covers y cuatro temas nuevos.

–¿Cómo se ubica el disco con respecto a la movida freak folk y el festival que se hizo en La Trastienda hace poco?

Manza: –Cuando vi a Vetiver sentí que había una búsqueda similar: la recuperación de un montón de músicas como el country, el blues o músicas más antiguas, quizá con cierto filtro del rock independiente. De todos modos, con Valle no buscamos pegarnos a ninguna etiqueta.

El mismo idioma

Antes de que Manza y Juan empezaran a grabar con sus respectivas bandas (Esaín también integró Martes Menta a principios de los ‘90), les pasaba seguido que ingenieros y técnicos de sonido varios les dijeran: “Eso no se puede”. Si en sus casas escuchaban Sonic Youth, My Bloody Valentine, Smashing Pumpkins o los olvidados Royal Trux (bandas que hacían de la expansión ruidosa o el remanso repentino una meta), después, en el estudio, no encontraban productor que acertara en registrar ese sonido en una cinta. “Todo lo que tuviera que ver con el ruido o con la creación de climas les parecía imposible de hacer. Es como que estaba fuera de lo normal”, recuerda Juan.

Manza se remonta a los orígenes: “En la historia del rock de acá hasta hace poco no hubo una escuela de productores. Si vos pensás en el rock de afuera, tenés ya desde el principio a Phil Spector (inventor de la pared de sonido), George Martin (Beatles) o la dupla Miller-Johns de los Rolling Stones. Acá no. Para los grupos de fines de los ‘60 y principios de los ‘70 era una tortura ir a grabar. Se encontraban con un montón de productores acostumbrados a grabar folklore o tango que no tenían idea de cómo reflejar esa otra música en un formato escuchable por alguien”.

Recién en los ‘80, con algunos músicos que pasan del otro lado del vidrio (Charly García con Los Twist y Los Abuelos de la Nada; Calamaro con Don Cornelio o Los Fabulosos Cadillacs), empieza a surgir algo así como una línea argentina. Pero hasta ahí: “No llegaban a ser nexo entre la parte creativa y la técnica. Muchos no sabían manejar una consola, ni manejar técnicas de microfoneo. La prueba es que el propio Charly tuvo que ir a grabar Clics modernos afuera”, señala Manza. Es recién a partir de los ‘90 que puede hablarse de una escuela identificable y sostenida (con sus diferencias: Santaolalla, Mollo, Toth-Guyot, Cachorro López, Melero, Afo Verde y Juanchi Baleirón). Pero, como se vio, la escena indie seguía en muchos casos tan desguarnecida como antes.

–Ahora se da que por primera vez las bandas independientes cuentan con productores accesibles y que hablan en el mismo idioma. ¿Coinciden?

Juan: –Sí, somos referentes. Empecé a darme cuando dejamos de tocar con Jaime Sin Tierra. Había un montón de gente que venía y me decía: “Yo quiero sonar así y no encuentro dónde”.

Manza: –Lo que pasa es que muchas tienen miedo de que el disco no los represente. De que después de todo el esfuerzo salga el álbum y tengan que decir: “¡Esto no suena como nosotros queríamos!”.

–¿Qué escena les gusta más? ¿La de ahora o la de los ‘90?

Manza: –A mí la escena actual me gusta. Casi más que la de los ‘90. Cambió mucho la manera de escuchar: hay más información y está más al alcance. Aunque también se perdió un poco la profundidad, escuchás muchísimos discos pocas veces. Pero si me remito a los resultados, hoy puedo nombrar 10 bandas que me gustan y no sé si en el ‘96 podía hacer lo mismo.

Juan: –Me gusta que ahora no esté esa cosa tan épica de subirse a un escenario sólo para sonar grande y ruidoso. O que sea tan válido subir con una computadora como cantar sólo con una guitarra. Eso me parece positivo. Lo que extraño un poco son los ciclos fuertes. Te daban prestigio y se armaba una movida grande.

Ping Pong Indie

–¿Productor de afuera que más admiran?

Juan: –George Martin. Y Nigel Godrich: es increíble que el tipo deje su marca aun con bandas tan dispares como Radiohead, Beck o Pavement.

Manza: –Godrich y Dave Fridmann (Mercury Rev, Flaming Lips). De los de antes, Phil Spector, George Martin y la dupla Miller-Johns de los Rolling Stones. Después, obviamente, Steve Albini (Pixies, Nirvana). Y también lo que hizo Brendan O’Brien con el grunge (Pearl Jam, Stone Temple Pilots).

–¿Producción de la que están más orgullosos?

Manza: –No es de Coiffeur, Hickie de Mataplantas y Automática de Astroboy.

Juan: –El segundo con Bauer, En otra ciudad. Es una banda que me gusta mucho como hace las cosas. También el último de JST, Tren.

–¿Tapado al que le tienen fe?

Juan: –A mí me gusta Diosque.

Manza: –Si califica como “tapado”, Norma. O Juan Ravioli.

–¿Producción de la que esperaban más repercusión?

Manza: –¡Menos Que Cero! (risas). Para mí, Mataplantas. Con el disco que sacaron creo que tendrían que ser una banda más masiva. Para llenar La Trastienda tranquilos.

Juan: –El prestidigitador, de Hernán Martínez. Está buenísimo. Es una propuesta que no encontrás en otro lado, totalmente distinta a las demás.

–¿Productor de acá que admiren?

Manza: –Me gustan algunas cosas de Juanchi Baleirón, cómo hizo sonar ciertas cosas y le dio coherencia. Más allá de que las encare de una forma distinta a como lo haría yo. Tengo ganas de escuchar lo que está laburando con Massacre.

Juan: –No tengo uno preferido. Pero rescato el enfoque de algunos discos de Catupecu. Esa cosa de que las baterías no suenen a batería o que las guitarras aparezcan procesadas.

–¿Productor de afuera que no les guste para nada?

Manza: –¡Nile Rodgers! (Duran Duran, B’52s, David Bowie en los ‘80). No me interesa tampoco el mainstream americano de los últimos diez años: Audioslave, Velvet Revolver, etcétera. Ese audio que en la Argentina se trata de imitar todo el tiempo. Me parece increíble técnicamente, pero no me provoca nada.

Juan: –No tengo, pero coincido con lo del main americano. Por ahí el británico es mucho más sutil.

–¿El secreto de una buena producción?

Manza: –¡El látigo! (risas). Sin dudas, la parte humana. Que salga fortalecida la relación productor-banda. Las grabaciones que más disfruto son en las que pasa eso.

Juan: –Coincido. Me parece clave la comunicación. El vínculo que se arma entre el productor y los músicos.

–¿Qué hay que evitar sí o sí?

Manza: –La puja de egos. Los caprichos.

Juan: –A veces uno tiene que hacer de mediador y aprender cómo decir las cosas. Una diplomacia que hay que tener y que se aprende de a poquito.

Manza: –Si no, es como el divorcio: ¡las canciones, el disco y los hijos! (risas).

* Valle de Muñecas toca hoy junto a Pablo Dacal en el Elevage Hotel, Maipú 960. A las 21.

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Mariano Manza Esaín y Juan Stewart.
Imagen: Cecilia Salas
 
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