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Jueves, 6 de septiembre de 2007

SEMILLA COSECHA SU PROPIA SIEMBRA

Folklore de garage

Una banda con espíritu del noroeste que versiona temas de Led Zeppelin y Nirvana, producida por Gustavo Santaolalla y el ex Arbol Eduardo Schmidt, editó Seminal y se apresta a conquistar el mercado rockero. Llega la peña eléctrica.

 Por Cristian Vitale

’¡Se viene el pogo andino!”, anuncia Bruno Arias con tonada jujeña. Las mesas y sillas de madera que ocupan el cálido ex Arlequines se abren, equidistantes, en círculo, y el medio lo ocupa una feliz cruza de barbones rockers y chicas con pulóveres de alpaca. Bailan chacareras, zambas, huaynos; el ABC del NOA, pero electrificado. Las empanadas de carne son deliciosas y el tinto corre como un río en pendiente. Natural. Hay que verlo a Bruno: le saca sonido de charango a una guitarra exótica, porta un gorro coya multicolor y, de lejos, parece Adrián Dárgelos. Un babasónico perdido entre los misterios insondables de la Puna. “Qué bueno, cuando llegamos teníamos todo armado. Parecíamos Pink Floyd”, lanza Juanjo, el de la batería. La música es bella; la gente, noble y el clima saca del arcón la mística Jaiva. “Otra vez agradezco a Semilla por haberme invitado”, se despide Arias, después de haberlo dicho varias veces.

Semilla (Bárbara Palacios, Juan Caballero, Leandro Bulacio, Gabriel Rocca y Camilo Carabajal) es el plato principal. Hace un tiempo, León Gieco alabó su gato rollinga y les prestó el estudio para que grabaran un demo “pro”, según Barbie, la muñeca morocha que canta, toca la guitarra y compone. “León nos dijo: ‘Se lo tienen que mandar a Keith Richards, a ver qué dice’. Nosotros lo hicimos jugando y resulta que gustó. Siempre hacemos todo jugando... en los ensayos nos divertimos versionando temas de Zeppelin o Nirvana en clave de chacarera.”

Foto: Alejandro Leiva

El demo llegó a manos de Pablo Romero (Arbol), y luego a Gustavo Santaolalla. Y el resultado, a largo plazo, fue un disco debut (Seminal / Surco / Universal) producido por el ex Arco Iris, y coproducido por Romero y Eduardo Schmidt más la colaboración exacta de Aníbal Kerpel. Nada mal para un debut. “El primer demo que le mandamos a Gustavo tenía 22 temas. Le gustaron cinco, pero desde ese momento nos tiró buena onda: ‘Laburen mucho, que en algún momento vamos a hacer un disco’, nos dijo. La parabólica Santaolalla”, se ríe Barbie. Tercia Camilo, el bombista de apellido ilustre: “Uno de sus consejos fue: ‘¿Por qué no se cuelgan la guitarra eléctrica y la rasguean, a ver qué pasa?’. Es todo lo contrario que hacen los grupos de fusión, que usan la guitarra eléctrica para puntear. Lo nuestro es al revés. Se prendió fuego todo y crecimos. Fue un proceso largo.”

Lo que se prende fuego, pero ahora, es el piso de madera del sitio en que Los Piojos se hicieron grandes. Semilla irrumpe, cerca de la una, con una fuerza eléctrica inusitada. Tocan a un volumen tremendo y no queda otra que definir lo que hacen como folklore grunge. “Las chacareras tienen la misma fuerza eléctrica y acústica. Yo pasé de escuchar Led Zeppelin a Jethro Tull, y a lo mejor no te das cuenta, pero el género tiene un pulso muy intenso, expuesto. Tiene una data grossa”, revista Gabriel, el bajista. Bárbara calza botas negras hasta la rodilla y toca la guitarra como una punky... sosteniéndola con la rodilla. El despliegue físico de sus compañeros tampoco pasa desapercibido, mucho menos el Hammond de Leo.

Suena Espacios vacíos –sí, como el de Pink Floyd–, un tema denso, pesado y con base folklórica. Siguen Un color, chacarera festiva, un gato reposado –Ahí nomás–, que destapa el color más acústico de la banda, un homenaje lumínico a Leda Valladares y Vuelve, tema crudísimo con guitar slade. “¿No te suena a una cosa Café Tacuba a la criolla?”, pregunta una chica por ahí. Tal vez no esté desacertada. “Esto germinó como una banda de folklore garagero. Hacíamos zambas, chacareras, respetando mucho la estructura. Como yo no vengo del folklore, me parecía maravilloso cuidar la estructura y el formato. Fue todo un descubrimiento”, contesta la cantante, como resolviendo la curiosidad de la chica.

–Hay una tradición de folklore-rock que inició Arco Iris en la década del ‘70 y que hoy, tal vez, continúa con Arbolito. ¿Se sienten parte?

Bárbara: –Tal vez. Pero siempre es más desde el palo del rock hacia el folklore. Ahora se está generando una movida de mezcla en todo el mundo. En la peña que estamos los domingos, vienen los coreanos y bailan chacarera a full, como si hubiesen nacido en Santiago. Alucinan.

Camilo: –Nosotros buscamos acordes directamente desde el rock, eso es lo que nos pega y por ese lado conectamos con el folklore bien de raíz. Empezamos en el rock y terminamos en el criollismo.

Semilla zanja la tensión estilística con una fórmula entradora. “Reconocemos dos lenguas maternas en el folklore y el rock. Lo nuestro no es fusión, más bien un encuentro natural y fluido. Suena a nosotros, a convivencia en manada. Sufrir la dualidad en carne propia, y celebrar la tensión. Reconocerla como el verdadero hogar, ese que no puede negar lo que fue tanto como no puede evitar lo que será. Como en el yin y el yang, aquí uno no niega lo otro: lo implica.” La peña eléctrica –así llaman a sus fiestas– prosigue. Queda poco vino en la barra, y las empanadas se cuentan con los dedos de una mano. En un momento, el círculo del medio parece detonar: Semilla, con una propuesta novedosa, está generando un regreso al futuro. Una nueva manera de fundir una identidad dividida, es un camino.

* La próxima Peña Eléctrica será el 14 de septiembre en el ex Arlequines (Perú 571), pero Semilla sigue actuando todos los domingos en La Catedral (Sarmiento 4006). A las 21.

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