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Jueves, 13 de diciembre de 2007

A TI QUE TE GUSTA TANTO, EL KARAMELO SANTO (SACA OTRO DISCO)

“Jagger era un segundón”

Apegados a la prolífica costumbre perdida de sacar un disco por año, acaban de editar Antena Pachamama y a pesar del andar cansino de su cantante, mantienen intacto el espíritu combativo que los hizo recorrer el mundo. “Hay que meter a los políticos en un cabaret, para que no hagan pelotudeces”, dice Goy.

 Por Mario Yannoulas

Antes de que se prenda el grabador, Guillermo Ogalde, Goy, motor, guitarrista y cantante de Karamelo Santo, confiesa que no siempre le gusta dar entrevistas. Que muchas veces se arrepintió de sus palabras. “Es que pienso que lo que hay que decir está en el disco”, explica. Era chico cuando encontró en la música un canal para comunicar sus primeras pataletas, una ruta que se le hacía más viable que la construcción de grandes retóricas: “Si quería decirles a mis viejos que me tenían podrido, me era más fácil hacerlo con una guitarra”. Sin embargo, aunque no lo admita, reserva importancia a las palabras que pronuncia fuera del pentagrama. Porteño que creció en Mendoza, y radicado en Buenos Aires desde hace diez años junto a sus compañeros, atraviesa con pachorra cuyana los vertiginosos tiempos porteños. Encara con federalismo su estadía en la Capital, trabaja en su estudio El Cangrejo, produciendo y grabando bandas, muchas de ellas del Interior del país. “¿Me esperás un cachito? Tengo que terminar de grabar unas cosas con Negusa Negast”, se excusa. Encara el ProTools 7.1 en una impecable pantalla de 32 pulgadas y graba y regraba los vientos de una versión reggae de “Rezo por vos”.

Foto: Cecilia Salas

Más allá de su labor en el estudio a Goy se lo nota cansado. Y él así lo siente: “Es por insistir con un modo muy utópico en el que, sin embargo, aún persistimos. Este cansancio se repite cada dos o tres años y tiene que ver con el trabajo como banda independiente. Tenemos bajo perfil, no somos muy mediáticos ni queremos serlo, y eso nos juega un poco en contra”, analiza. Así explica que hayan decidido trabajar a medias con Pop Art para la distribución de Antena Pachamama, su novedad discográfica aparecida el mes pasado, un conjunto de composiciones on the road concebidas durante su última gira por Europa, que tendrá su edición transatlántica en enero del año que viene.

–¿Cómo los encontró la salida del disco?

–Fue un año que empezó bastante raro porque cambiamos de sello, tuvimos que entregar casi la mitad de nuestra independencia. No transamos, pero prácticamente no podíamos avanzar, estábamos mal económicamente y bastante agotados, muchos hemos tenido familia, y toda esta parafernalia del marketing ahoga un poco. Esperamos que el sello haga las cosas lo mejor posible, por ahora el disco está sonando en todos lados, y eso está bueno. –¿Qué los cansó tanto?

–Y... terminábamos haciendo todo nosotros. Hoy convoca ser mediático, estar en los medios, tener escándalos, pero no tenemos ese carisma ni esa vocación. Los escándalos quedan adentro de la casa y ésta es una banda que va de boca en boca. No me interesa ser Pomelo (el personaje de Peter Capusotto, más rockstar que los rockstar), y hoy el rock se maneja con Pomelos. La prensa los infla, pero no son Jim Morrison ni Luca Prodan. Están muy lejos de eso. Nosotros tratamos de hacer canciones y de ponerle toda la onda, la gente está desesperanzada y la posta de Karamelo es ser una banda give up, que no claudica. Esa onda de decir “nos chupa todo un huevo” se nota en el disco, refleja el hartazgo de las radios, del querer rankear a toda costa, de la falta de apuesta a cosas nuevas y de apelar siempre a lo mismo (“Hitler en la radio / Hitler en el barrio / Hitler programando / ¡Sonando!”). Nosotros seguimos haciendo la nuestra, en vivo tocamos temas de The Clash, una banda que, curiosamente, no es muy tenida en cuenta en la Argentina. Acá todos quieren ser Mick Jagger, hay mucha desinformación, están todo el día con Los Rolling Stones antes que con bandas que realmente digan cosas. Porque Jagger era un segundón, un envidioso de John Lennon, alguien a quien mataron por decir las cosas que realmente creía. ¿Por qué no se habla de Lennon?

–De todos modos, pareciera que el rocanrol fue perdiendo espacios...

–Creo que se instaló cultural y folklóricamente. Va a seguir estando para toda la vida, pero no va a ser parte del rock. El rock va a pasar por otro lado, por lo que es: el arte, el buscar una letra, el buscar un esfuerzo, cuando en general las bandas argentinas roban mucho. Todo el mundo putea a las bandas mexicanas, pero ellos tuvieron una mirada exhaustiva y acabada de una estética originaria que hoy explotó. Hoy una banda argentina no le puede ofrecer más nada al mundo que unas zapatillas colgando y decir “Estoy acabado”. Eso no es el rock. Bob Marley forma parte del rock, Lennon, eran personas muy opuestas a lo que tenemos. Acá Marley no tendría la menor cabida, los periodistas se cansarían de que no vendiera revistas. Imaginátelo: era un tipo aburridísimo, recalcitrante. Es lo que ocurre en la Argentina, cuando un artista se pone del lado de la gente, pasa como con León Gieco, se transforma en un gurú que no molesta pero que a nadie le interesa, cuando en realidad es un tipo grosso. Falta decir las cosas como son y no tenerle tanto miedo a la censura.

–¿Cuál es el límite entre hacer rock, o no hacerlo?

–El rock se produce cuando tenés algo que expresar. ¿Por qué fomentan las bandas de rocanrol? Porque llenan Obras todos los días. Deberían basarse en su expresión. Hubo bandas asociadas al rocanrol que me encantan, como Los Redondos o Color Humano; tenían mucho que decir. Otra cosa muy distinta es querer hacer una banda de rocanrol rápida, por marketing. Si tienen algo para comunicar, tienen que hacerlo en serio. Por otro lado existe esa parte medio racista del rock argentino que mira a lo popular con asco, a la cumbia, al folklore. Karamelo Santo es malinche, pero hay otras bandas que son mucho más malinches que no tienen ni la menor cabida. Gente que es subestimada, pero está bien que así sea, porque las bandas fuertes son las que uno menos se imagina, las que empiezan desde abajo. No creo que el hip hop o el rocanrol vayan a ser la expresión del rock argentino dentro de veinte años, seguramente eso va a surgir de otra potencia cultural que ni vislumbramos, y así lo espero. Acá el hip hop no puede imponerse porque viene muy manoseado desde afuera: en Estados Unidos, Francia, Alemania, viven como estrellas, no puede crecer algo que ya está muriéndose. La apuesta viene por lo popular. Calle 13, Arbolito, no sé si son bandas que marcan una tendencia, pero sí que abren el camino a sablazos, porque acá no vemos los orígenes, preferimos ser exitistas y sentir que si algo no gana premios, no sirve.

La primera gira europea de Karamelo fue hace siete años. La particularidad de esta última, en la que pasaron por España, Italia, Alemania, Bélgica, Austria, República Checa, Eslovaquia y Croacia, fue que se dieron el lujo de montar un pequeño estudio en el micro de gira como para registrar los caprichos de las musas y cantar con algunos amigos que propusiera el asfalto. Antena Pachamama aparece como el testimonio de una banda en movimiento que ratifica el alto componente geográfico tan característico de KS. “Hay ritmos y cosas muy raras –enuncia Goy–. El disco tiene canciones como ‘Refugies’, que fue hecha de manera casi urgente. Fuimos a tocar a un festival en Croacia, y cuando llegamos estaba toda la gente desnuda. Eran personas que hacía dos años habían estado en las trincheras combatiendo. Veníamos de Galicia, de una fiesta, de estar tomando orujo frío en la montaña, playa alrededor, paella, mucha gente borracha, drogada, y de repente caer en este lugar, que hacía poco salía de una guerra. Estábamos en medio de un bosque tocando para mucha gente inválida, herida, todo muy extremo... Gente muy aferrada a vida. La canción busca rescatar ese olor, ese clima, como una especie de puesta en escena de lo que vimos.”

–¿Hay más postales de ese tipo?

–”La lava”, o “Luna loca”, un tema que remite a un cuadro recurrente: viajamos de noche, reventados, a las dos, tres de la mañana, manejando, todos los días viendo la luna. Hay que ponerle toda la fuerza porque el público no sabe qué pasó la noche anterior, y es como El día de la marmota (famosa película fumona, con Bill Murray), un día que empieza de nuevo cada vez. Fuimos a mantener espacios que habíamos creado en otras ocasiones y nos fue sorprendentemente bien, porque nos enteramos de que muchas bandas latinas habían cancelado sus shows, que ya no estaba tan de moda el rock latino. Cuando empezamos a ir era furor, y en este tiempo siempre estuvimos sacándonos el estigma de banda latina, cantando en inglés, hablando en inglés. Este año rindió: no éramos una banda latina, éramos Karamelo Santo.

–¿Por qué la necesidad de hablar en inglés?

–Así como a mí me gusta que venga un alemán o un danés y me hable en español, también ellos reciben con mucho orgullo que les digas “gracias” en su idioma. Tratamos de aprender las palabras básicas en cada lugar al que vamos, siempre con mucho cuidado. Hay que saber algunas cosas, como que si vas a República Checa no podés agradecer en alemán porque los ofendés. En ese sentido somos bastante antropológicos.

–¿Cómo convive “Noche de putas” (Noche de putas / Noche de putas y cabaret) con los demás temas? Tiene un tono bastante más relajado...

–Es medio testimonial, pero también es lo que pasa en todos lados. El mundo es así, hemos estado con rockeros que son mucho más sectarios de lo que parece, que se toman dos saques y un vaso de vino y lo único que quieren es ir de putas. Artistas negros que medio borrachos confiesan que es lo único que les importa, o tipos súper fachos que quieren salir a buscar negras. Es ese instinto que va más adelante que la conciencia. Tipos que se la pasan rompiendo las bolas con su religión, pero que verdaderamente pretenden otra cosa, algo más simple. En realidad, queremos meter en un cabaret a todos los políticos, a todos los religiosos, los dogmáticos, para que las chicas los entretengan y no hagan pelotudeces, que no pongan bombas, que no invadan países... si sabemos que de Irak quieren el petróleo.

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