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Jueves, 27 de diciembre de 2007

ESCLAVOS DE NUESTRAS PALABRAS VIII > LA CONSAGRACION DE PETER CAPUSOTTO

“Todos somos un poco Pomelos”

Ese fue el voto de Gustavo Cerati en la Encuesta del NO de la semana pasada, un reconocimiento al programa protagonizado por Diego Capusotto. Lograron contagiar de sarcasmo a un mundo que a veces peca de ególatra.

 Por Roque Casciero

Para vos, que sos adolescente y necesitás de figuras que justifiquen tu comportamiento de zombie lobotomizado, el legendario manager de rock Tony Sorete (hacedor de figuras como Pink Floyd y Adriana Varela) sacó de la galera la gran revelación de 2007: ¡Pomelo! Ahora vos ya lo conocés, porque lo viste en Canal 7, en YouTube, como soporte de Soda Stereo, en la encuesta del NO, en la tapa de Rolling Stone argentina, en las sopas de letras que envían mensajes satánicos... Pomelo es rock, de eso no caben dudas. Desde la mirada filosa de Diego Capusotto y Pedro Saborido, es casi un compendio de toda la boludez del rockero que se cree merecedor de un lugar en el Olimpo sólo porque fue capaz de ensamblar tres acordes con mediano gusto y encima le plantó una letra en la que se repiten las palabras “rock” y “nena” en sus múltiples combinaciones. Por eso, la frase de Cerati en la encuesta del NO, similar a las de otros colegas suyos, suena como un divertido mea culpa de músicos que vieron reflejados algunas tonterías y miserias propias en la exagerada figura de Pomelo. Extrañamente, Juanse se enojó porque creyó que era una joda con él como único destinatario. ¿Lo habrán cargado demasiado los amigos?

El éxito del personaje bardero de Peter Capusotto y sus videos es más que lógico en un país por cuyas venas abiertas fluye el rock. En realidad, lo que extraña es que no haya aparecido antes. Quizá lo que hacía falta era una mirada especial, la de tipos que crecieron como rockeros militantes de los ‘70 y a los que la edad les permitió reírse de quienes fueron, pero sin ponerse tan cínicos como para perder el cariño por eso –el rock, entre otras cosas– que los depositó en el lugar en el que están. Ni Paolo El Rockero ni el Heavy Rejodido eran rock, sino apenas una caricatura del que la ve desde afuera. Pomelo es rock porque Capusotto y Saborido son rock, aunque no se hayan colgado una guitarra. Su actitud de desestabilizar desde el humor es rockera, su irreverencia hacia la museología del rock lo revitaliza mucho más que una montaña de discos con la palabra “rocanrol” en su tapa (la lengua stone es opcional).

Pero hay más que Pomelo en Peter Capusotto y sus videos. Uno de los grandes personajes fue Luis Almirante Brown, una lacra que también da cuenta de las contradicciones rockeras: el tipo quiere escribir como Spinetta pero vender como Arjona, entonces hace un “Artaud para millones” con estrofas surrealistas y estribillos que harían poner colorados a muchos cultores de la cumbia villera. O Soy Baba, un gurú trucho y babeante cuyos consejos siempre apuntan a mejorar las cuentas bancarias. O Beto Quantró, que nunca puede terminar su videoclip porque apenas entona el estribillo “algo está por pasar, algo está por venir”, le cae un piano sobre la cabeza o se lo lleva puesto un 37 sin frenos. Pinky Lavié, que propone fines de semana de desenfreno, no es tan gracioso como su inspiración, Pity Alvarez: después de ver al líder de Intoxicados comer una sopa podrida en cámara, ¿quién puede superarlo? Y sí, solamente Pomelo. Porque, como dijeron varios rockeros en la encuesta del NO, Pomelo es único. Y es ¡rocanrolennnnnne!

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