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Jueves, 17 de abril de 2008

BUITRES REFRESCA LOS AñOS ’70

“Eramos maricones o drogadictos”

La legendaria banda sucesora de Estómagos editó dos discos al toque y sigue reventando escenarios en Uruguay. ¿Y acá?

 Por Cristian Vitale

Ni diez, ni quince, ni veinte: diecisiete. De marketineros poco, queda claro. Buitres, banda uruguaya de larga data, tiró la casa por la ventana con un acabado muestrario de punk-rock oriental en veinte agitadísimas canciones y no especuló con ningún número redondo. Así se hace. 17 años –número impar hasta la desgracia– es un disco en vivo a velódromo repleto y describe, por la parte, el todo de una postura de trinchera que mantuvo férrea una forma de ser, cuando todo era distinto. Gabriel Peluffo, cantante, retrocede unos años y se reubica en el marco de la posdictadura. De eso estamos hablando, del origen. “El rock partió de cero porque los del ‘70 se habían ido, era un fenómeno exclusivamente juvenil-adolescente, y era visto como extranjerizante. Eramos maricones o drogadictos sin conciencia social; actualmente, gracias a que las generaciones se suceden, pasamos a ser casi ejemplos de vida”, dice al NO.

Y su palabra pesa, porque Buitres nació de las entrañas negras de una banda-mito si las hay: Estómagos. De 1989 a hoy editó 13 discos, sostuvo tres miembros fijos (el mismo Peluffo, Gustavo Parodi, PP Rambao), llenó tres veces el teatro de verano en Montevideo, metió 15 mil personas en el velódromo, cerró la última fiesta de la X y renunció a una editora (Orfeo) para ganar en independencia e implementó un sistema de venta (a través del diario El País) que, según Peluffo, saltea intermediarios “y mantiene caliente al pueblo”.

Buitres es, en trazo grueso, el equivalente de Attaque 77 en el país celeste. Las canciones, hiperpopulares allí, son rápidas, melodiosas, contundentes y ramoneras. Hay, además, un touch de punky español en la forma tonal de Peluffo. El cantante admite ambos influjos. “Con Attaque tenemos una relación de afecto mutuo a lo largo de los años de compartir shows y también obvias influencias anglosajonas en común. Respecto de las influencias españolas, dos de nosotros estuvimos allí durante nuestra adolescencia tardía y vimos (y vivimos) ‘la movida’ de los ‘80. Inclusive en Estómagos los textos eran puro castellano. Creo que, a esta altura, somos una especie de banda que lucha por ser elitista, pero está condenada a ser popular.” El sucesor de 17 años a punto de editarse en Argentina se llama –atenti– Canción de cuna para vidas en jauría. Lo explica Pelu: “El título hace referencia al estribillo del tema Canción de cuna; creo que la relación más sencilla es que el disco es una serie de canciones para dormir perros cimarrones”.

–¿...?

–No sé. Tal vez se buscó un contenido fuerte, de rock repentista compositivamente; las letras fueros inmediatas. Por lo tanto, el sonido busca eso; la intención probablemente sea diferenciarse estéticamente del anterior.

–Muchos rockers uruguayos sostienen que en un momento se pasó de la cosa social y política a mensajes más relacionados con los estados emocionales. ¿Cómo lo vivieron ustedes?

–En una parte importante de los artistas populares se mantiene un discurso que abarca aspectos sociales. Algunos fenómenos culturales como la murga de por sí tienen el aura de compromiso. Nosotros actualmente manejamos historias pequeñas (amor, paso de los años, desamor, hijos...). Somos muy referenciales al respecto de escritores del Río de la Plata, podemos ser reflexivos, emotivos, pero también superficiales.

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