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Viernes, 2 de mayo de 2008

AL FIN, LA DOBLADA SACO SOUVENIR VOLUMEN I

Vuelven los lentos

Tardaron siete años en editar su demorado cuarto disco. La banda dark redefine su costado político, hablando de Bush: “Tenés que tener una mente muy particular para mandar tirarle bombas al paraíso”.

 Por Cristian Vitale

“Suena fálico pero no. Significa otra cosa.” Lecu, pianista, cantante, tecladista, compositor, se entretiene contando la historia del nombre de la banda. Es de mañana y delante, apoyado en una mesita baja, tiene un vaso con hielo a la espera –todo lo indica– de un JB. “Tuvimos problemas que con ese nombre. Una vez, sonaba la banda en un programa de televisión y le conductora pisó el palito ¿qué es eso que suena, me encanta? Se ve que del otro lado le contestaron ¡te encanta La Doblada!, porque enseguida le cambió la cara”, sonríe. La posta es que, cuanto más, se trata de un significado camuflado. La Doblada se llama un paraje de Córdoba en el que, se supone, nació el primer niño mestizo cruza de nativo con español, y de ahí lo tomaron. O –lado b– de la ochava donde el quinteto ensayaba, al principio. “Era un sótano en forma de esquina y estar ahí nos ponía en una ubicación medio rara”, evoca el hombre. En ese estar oblicuo, ciertamente incómodo, anidó el grueso del material que la banda fue incorporando en la trilogía primigenia: primero fue Elogio al mal paso (1995), después Herpes (1998) y, al final, Tres (2000). “El amigo Willy Crook siempre me decía ¿vos le pusiste La Doblada a tu banda y Herpes a un disco?, ¡te fuiste al diablo!”, insiste este hombre pequeño, de voz carrasposa como lima gruesa.

–¿Por qué siete años sin editar el cuarto?

Lecu: –Después del tercer disco, estábamos luchando un lugar y justo hubo como un agote recíproco y decidimos parar. Afortunadamente, fue cuando paró todo, nos costaba mucho viajar. Viste cómo es... estás en una compañía, hacés discos, te hacen notas y después, por no poder salir a mostrar los discos, empiezan a limar las voluntades. Complicado, porque es casi incompatible trabajar de otra cosa y salir de gira.

Pero el malestar pasó. En el 2003, Luis Pesciallo (bajo), Hernán X (batería), Ricardo Lestanguet (trompeta), Lecu y el “novato” Oscar Reyna en guitarra, decidieron retomar el rumbo. Vuelta a los ensayos, a los shows y nuevo disco: Souvenir Volumen I, un trabajo sórdido, dark y misterioso (principio dobladiano), poblado de acordes menores que le ponen un marco ideal a las historias existenciales de Lecu. “Yo lo veo como un disco profundo, despojado de todo tipo de represión. Es soltar lo que sentís”, define. Son nueve historias breves que hablan del reverso jodido del amor, la incertidumbre del día a día, la locura, las drogas o los fantasmas que aparecen en los sueños, a través de frases (uff) verdaderamente densas: “Parece ayer / un día oscuro fue / yo te vi sangrar / eran pétalos muertos”.

–Dura para escucharla una mañana de sol...

–(Lecu se ríe otra vez.) Quizá la sordidez sea un producto generacional. Nosotros la toleramos y podemos convivir con ella, porque está cualquier lugar... sólo hay que saber abrir los ojos.

–Pero a veces aparecen “bajadas”. La canción que le hacés a tu hijo, Manuel, o El pibe Buendía que, al menos por el ritmo, suena más diurna. No parecen un cuchillo filoso con sonido, como las otras.

–Hay matices. Estamos incursionando en diferentes acordes, pero es algo natural, algo que se siente. Será que hay más verdes en la oscuridad que antes. Participar del parto de tu hijo es como alado, además.

–¿Por qué textos tan cortos? La mayoría de las canciones no pasa de seis párrafos mínimos...

–Tiene que ver con la fotografía. Me gusta ver un retazo de una historia. De Bush (George) digo dos boludeces, pero me parecen contundentes para definir a un psicópata capaz de bombardear un lugar, que tiene cinco mil años... digo, tenés que tener una mente muy particular para mandar tirarle bombas al paraíso. La frase “George liberó su expresión criminal”, es como un input. Una fotografía de una situación de otra mucho más grande. Yo pienso que las palabras siempre son como una puteada... te dicen “sos un pelotudo, o un copado” y de ahí parte una serie representaciones impresionante.

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Imagen: Alfredo Srur
 
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