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Jueves, 7 de agosto de 2008

Una mochila muy pesada

Como pocos pioneros de género, V8 marcó a fuego la escena que le prosiguió a fuerza de un código genético que hoy en día se mantiene vigente e invulnerable. Muestra de ello es que, repasando las carreras de sus ex integrantes, podría armarse tranquilamente el árbol genealógico de las bandas más emblemáticas del metal argentino, al cual habrá que anexar forzosamente a A.N.I.M.A.L. y a su hijo bastardo, Carajo. Cuando Gustavo Rowek y Osvaldo Civile se (o los) abrieron prematuramente de V8 en 1985 durante un viaje a Brasil, que iba a ser “de negocios” y terminó en desbande y descontrol, intentaron continuar infructuosamente juntos en Horcas, el proyecto que Civile lideró turbulentamente hasta el mismo día de su dudosa muerte, el 28 de abril de 1999. Rowek alcanzó con Rata Blanca niveles impensados de profesionalismo y masividad, aunque al alto precio de lidiar con el poder unipersonal de Walter Giardino, otro “ex” cuya breve estadía en V8 llegó a su fin tras batirse a golpes con Iorio, sencillamente porque dos caciques eran multitud en una tribu tan caótica y violenta.

El creador de Destrucción no se plegó al regreso de Rata Blanca porque priorizó Nativo, lanzando recientemente un disco que resume cabalmente su pensamiento a partir de su título: ¿Y qué? El camino de Beto Zamarbide fue menos sinuoso en términos artísticos: todo se resume en Logos, desde donde profundizó el proceso evangelista que ya había iniciado con El fin de los inicuos, el tercer y último disco de V8. Si bien el proyecto no fue constante (se interrumpió durante el autoexilio de Zamarbide en Estados Unidos), sigue en pie hoy con un DVD recién lanzado y un disco de reversiones.

Pero quien hizo una especie de involución ideológica fue, sin duda, Ricardo Iorio, quien pudo redondear en Hermética y Almafuerte lo que había intentado con V8: sentar las bases de lo que él llama “el metal pesado argentino”, para terminar ensalzando detestables personajes militares y hablando pestes de los judíos. Con mucha convicción y una vehemencia tenaz señaló el camino, a caballo de un nacionalismo tan exacerbado que lo empujó a abrazar proclamas polémicas, intolerantes y antisemitas nada afines al indigenismo, el antibelicismo y otras tantas causas por las que había bregado hasta aquel entonces. Sus declaraciones en una entrevista en la revista Rolling Stone le valieron una denuncia de la comunidad judía en el Inadi (Instituto Nacional contra la Discriminación) y en su disco Piedra libre, con Almafuerte, reivindicó al militar fascista Mohamed Alí Seineldín, preso por levantarse contra la democracia durante el gobierno de Raúl Alfonsín. Hoy en día, Iorio se parece más bien a la versión heavy de Micky Vainilla, el músico nazi-pop de Peter Capusotto y sus videos, que se hace el gil cuando le preguntan por sus canciones discriminatorias. De todos modos, no sólo sus dichos le trajeron problemas legales sino también sus ex compañeros de Hermética, quienes le adjudicaron la muerte de un espectador en un recital del grupo.

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