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Jueves, 11 de septiembre de 2008

APARECIERON EN BOLIVIA RAPEROS EN QUECHUA, AIMARA Y GUARANí

Hip hop de altura

El hip hop de La Paz y El Alto resiste con sus letras, engancha con sus bizarreces y hace bailar con ritmos a elección. A través de MySpace y YouTube, las agrupaciones Ukamau y ke, Raza Clandestina e Insano, Chicho Realm, Sol Andino y Wayna Rap levantan la voz a cuatro mil metros de altura.

 Por Facundo García

Durante siglos, hubo en Bolivia cosas que no se podían decir. Hablar en quechua, aimara, guaraní o simplemente no hacerse el gringo era visto como una grasada. Y quién hubiera pensado que contra todo pronóstico, a más de tres mil seiscientos metros de altura, iba a surgir una escena que pondría a mover el culo a la realidad. El hip hop de La Paz y la ciudad de El Alto resiste con sus letras, engancha con sus bizarreces y hace bailar con ritmos a elección. Por ahora no hay un mango, es cierto, pero las bandas son decenas, y a través de MySpace, YouTube y los discos que van pasando de mano en mano, están afianzando una forma de comunicación que se le planta de frente a la sanata mediática.

Bien lo sabe Chicho Realm, un flaco de Villa Pavón (La Paz) que se unió al movimiento gracias a sus amigos del barrio. Ahí empezó a versear y a aprender de los que habían echado las semillas del agite a principios de los ‘90. El rapper no olvida los orígenes: “La verdad es que acá empezamos haciéndonos los gangsters. Fue poco a poco que fuimos madurando nuestro mensaje”. Con el arranque del siglo, llegaron al Altiplano los CDs de Molotov y Control Machete; y entusiasmado, Chicho se integró –en 2004– al proyecto Pacha Lingo.

“Pacha” es “la tierra” para los pueblos originarios; y “lingo” viene del latín y significa “lenguaje”. Con esa combineta quisieron “representar una expresión de la propia tierra”. Y el flow que sale de ahí abajo tiene dosis iguales de orgullo y falta de pretensiones económicas. “Uno aquí no puede dedicarse totalmente. Hacemos esto por cariño”, relata el rimador, que de lunes a viernes se gana el billete como cadete de oficina.

“Estando afuera / ya no hay manera / de llegar a mi casita / y tomar rica sopita / Preparada para mí / por mi viejita.” Así va Añoranzas, donde los Pacha les cantan a los que se fueron a buscar empleo al extranjero (hay estudios que estiman que hasta un 30 por ciento de la población boliviana podría estar viviendo en el exterior). Aun cuando les toque contar historias tristes, la idea es levantar el ánimo. En Minero retratan la experiencia de sus familiares que curtieron el durísimo oficio de picar bajo la tierra. “Mi abuelo era minero –confiesa Chicho al rato–; y metí en ese track bastante de lo que quería recordar de él.”

Los que agitan por la zona estiman que en la capital boliviana y sus alrededores hay unas cuarenta agrupaciones hip-hoperas en plena actividad, con público y toques frecuentes. Algunas se meten en “crews”, hermandades que arraciman a los que bailan, los graffiteros, MCs, DJs, bikers, skaters y otros especímenes menos clasificables. Están también los que optan por cortarse solos, dado que no es tan fácil integrarse. Para los pibes de Hesbon Eleale, por ejemplo, no fue del todo sencillo introducirse en la crew 3600. Especialmente porque su autoproclamada condición de “cristianos” causaba reacciones entre la risa y el horror.

Hesbon y Eleale son nombres de dos ciudades bíblicas, y ya con eso daban impresión. “Creían que los íbamos a querer convencer”, se divierte Javier (24), que cuando logra escaparle a su turno atendiendo un cíber se pone a ensayar sonidos con la voz. Hoy el grupo tiene seis años y está en la puerta de otra etapa. El propio Javier se puso a estudiar publicidad, e incluso uno de los fundadores, Sergio, ¡se hizo cana!

Biiiip. Biiiip. Sergio (23) atiende el celular susurrando, como si estuviera en la comisaría.

–Hola, ¿Sergio? ¿El que toca hip hop?

–Ajá. Mmm... llámame después.

–Che, ¿no te parece una contradicción ser a la vez poli y rapero?

–¿Eh? (sulfura lentamente y se decide) No, al contrario. Por mi trabajo, estoy todo el tiempo en contacto con lo que pasa en la calle. ¿Quién mejor que yo para contarlo? Antes de meterme en la fuerza, yo era rapero. Esto es circunstancial.

Quien probablemente sea uno de los primeros rap-licías latinos –dejando afuera las aventuras del oficial Schultz– agrega que sus compañeros de armas no saben nada de su doble personalidad. “No mezclo una cosa con la otra. Si algún colega de acá me llega a ver con los pantalones anchos, pierdo, porque acá vestirse así es un tabú.” Como sea, Sergio se saca la gorra cuando sale a desplegar junto a sus compadres pistas como Desde las alturas, donde los evangélicos gritan que “Bolivia es una bomba de talento y de fiereza” al son rabioso de los charangos y los sikus.

De todas formas, hay un área cercana a La Paz en la que la ola reivindicadora de la era Evo Morales ha pegado aún más fuerte. Tras montarse en unas combis medio clandestinas se asciende al centro de El Alto. La ciudad más joven del país creció como satélite de la capital y sacó chapa de tener pelotas cuando en 2003 fue sede de la resistencia popular a propósito de la llamada “Guerra del Gas”, que terminó con la renuncia del ex presidente de acento yanqui Gonzalo Sánchez de Lozada. Hoy hay otra onda. Nueve de cada diez alteños le pone sus fichas “al Evo”, como lo demostraron en el referéndum revocatorio del 10 de agosto. Atenti que son muchos: 650 mil –el 80 por ciento indígena–, según el último censo. A cuatro mil metros de altura, siguen luchando contra el frío y la falta de servicios. Pero ya no lo hacen en silencio. No muy lejos de donde se reúne otra crew destacada, Sol Andino, la radio de la Casa Juvenil de las Culturas Wayna Tambo sigue pariendo grupos parecidos a sus hijos mayores, los Wayna Rap.

Los Wayna Rap (literalmente “joven rap”) adquirieron fama por haber sido los que se animaron a gastar micrófonos usando lenguas originarias. Arrancaron en aimara, que es la más hablada en el vecindario, aunque Rolando (23) transmite que últimamente han sumado el castellano y el quechua. Asimismo, están practicando guaraní para sumar nuevas sonoridades. Tanto rescate tiene un aire de venganza: “Yo iba al colegio –-se acuerda Rolo– y estaba prohibido pronunciar los idiomas de nuestros ancestros. Decían que eran cosas de ignorantes. Sin embargo, a mí me gustaba pedirles a los viejos que me contaran cuentos en esas lenguas, porque en general las manejaban con más fluidez que el español. Era mágico; y por suerte todo eso se está revalorizando”.

Desde su presentación en 2003, esta vertiente aborigen y local de una de las músicas más globalizadas del planeta les partió la cabeza a varios. Los rimeros de Ukamau y ke, Raza Clandestina e Insano, entre otros, suenan duro en la web. En sintonía, las erres arrastradas de los Wayna sacudieron Venezuela, aparecieron en videos y hasta se acercaron por tierras rioplatenses hace dos meses, con un concierto en Buenos Aires. “Vamos a volver ahí, así que estén listos”, cierra Rolando, mientras vuelve a concentrarse en la sastrería, que es lo que le da el garbanzo diario. Antes de despedirse, deja una opinión que también es profecía: “Mira, el hip-hop es actitud, y a los jóvenes de El Alto nos ayudó a dejar de sentir vergüenza por ser de acá. Queremos continuar esa senda, para que los morenos y las mujeres con pollera sigamos ganando espacios. Los andinos necesitamos abandonar esa timidez que nos impusieron por la fuerza”.

Letra de Chamakat Sartasiry
Wayna Rap

Los aimaras somos originarios de América,
vivimos desde hace miles y miles de años en estas tierras.

(Está hablando, está creciendo de la sombra.
Está saliendo para hablar por siempre
y sin avergonzarse.)

Miles, miles. Son millones.
Mi pueblo aimara con la sangre de Túpac Katari.
Ese es el nombre que escribiremos en las paredes.

Estribillo:
Los aimaras y los quechuas se están levantando
con fuerza, con fuerza están viniendo.

Nuestros antepasados nos legaron todo lo bueno,
lo hermoso y lo grandioso.
Sus hijos (de ellos) debemos aprender.
El Ayllu es una organización.

De los originarios aimaras debemos seguir guiándonos.
Y no nos apartamos de esa vida.

(La voz del aimara y del quechua
se levantan en la oscuridad
alumbrando a Latinoamérica
con una gran luz, crecen.)

Ahora el sol va a salir para nosotros.
Llegará en el camino.
En el camino iluminará.

Nubes blancas, aparecerán remolinos de viento,
se levantarán para volar como el cóndor Mallku
para ser como la fría nieve de la cordillera.

A mi pueblo no lo quiero ver sufrir.
A mi pueblo no lo quiero ver llorar.
No lo quiero ver triste.

Vamos, vamos hermanos de sangre,
no moriremos arrodillados, así será.
Ahora sí, ahora lo vamos a hacer
ese gran día para todos va a llegar.
El que va a iluminar la oscuridad está viniendo.

Para cumplir el sueño de nuestros ancestros.
Para caminar en los caminos de nuestros ancestros.
Para cantar juntos vientos nuevos.

Estribillo:
Los aimaras y los quechuas se están levantando
con fuerza, con fuerza están viniendo.

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