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Jueves, 11 de septiembre de 2008

LA BANDA QUE NUNCA VAS A ESCUCHAR

Hoy: Los Curas, tributo religioso a The Cure *

 Por Javier Aguirre

Desde que The Cure se presentó en la cancha de Ferro en 1987, la marca oscura, sobremaquillada y pachorrienta de la banda de Robert Smith en la Argentina se revela a cada momento. Esa herencia no fue aplicada sólo por cultores del dark, postpunks y contrabandistas de rímel sino que también se extendió al ámbito de la fe: es el caso de Los Curas, banda integrada por cuatro sacerdotes santiagueños que rinde tributo eclesiástico a The Cure. “Las sotanas oscuras, la papada, las borracheras, la mirada pícara, la música embriagadora, la incipiente calvicie de Robert Smith... las conexiones entre The Cure y los prelados siempre estuvieron a la vista”, admite el cantante de Los Curas, monseñor Roberto Pérez.

Las autoridades clericales no verían con buenos ojos que los sacerdotes integren bandas de rock: “En los sectores religiosos más conservadores no cayó bien que Madonna se confesara vistiendo un corpiño de lata, que usara crucifijos y rosarios para sesiones sadomasoquistas, y que en el videoclip de Like a Prayer le chupara el cirio grueso y largo a un santo negro”, señala el Robert Smith argentino, desde debajo de su cresta amasada con vino mistela. “Todo eso generó cierto recelo del Episcopado hacia el rock”, completa. Sin embargo, el éxito consigue cualquier permiso: en apenas un año de carrera, Los Curas se convirtieron en la atracción más popular del siempre agitado circuito de bandas tributo de Santiago del Estero, desplazando a favoritos de la escena homenajeadora local como Los Viagradores (tributo veterano a Los Violadores), Depeche Guacamode (tributo mariachi a Depeche Mode), Jorgelín (tributo nacional & popular a Boy George) o 2 Pitutos (tributo maríamartagarcíabelsuncesco a 2 Minutos).

Su éxito se basa, en parte, en la adecuación de la retórica anglo-darkie de The Cure a elementos propios de su Santiago natal (por ejemplo, cuando tocan el hit Lullaby, no juguetean con arañas sino con vinchucas transmisoras del mal de Chagas-Mazza). Pero, fundamentalmente, el secreto está en la notoria y controvertida resignificación que hacen de los clásicos de la banda británica, como Friday I’m in Love (que deviene en Domingo, amo ir a misa), Killin’ an Arab (que generó polémica cuando algunos la entendieron como un guiño a las Cruzadas de la Iglesia contra los musulmanes) o Boys don`t Cry, que al ser adaptada como Los monaguillos no lloran generó gratuitas, ridículas e infundadas acusaciones sobre pedofilia.

* Cualquier parecido con la realidad, dentro de miles de años será apenas una anécdota intrascendente, si es que alguien la recuerda. Para entonces, la Iglesia ya habrá pedido perdón.

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