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Jueves, 18 de junio de 2009

LOS PERICOS PRESENTAN PURA VIDA A BENEFICIO

"Nuestro desafío es estar a la altura de lo que somos"

Casi un año después de la salida de su segundo disco con Juanchi Baleirón como cantante, Los Pericos se aprestan a presentarlo en horario familiar y con un útil escolar como entrada. De paso, aquí desechan cualquier posibilidad de un regreso con el Bahiano: “Ya no hay forma de mirar atrás”, dicen.

 Por Julia González

Seis años sin la voz del Bahiano y dos discos grabados desde la recomposición de la banda, con Juanchi Baleirón frente al micrófono, pusieron a Los Pericos en un camino concreto y seguro. El tembladeral es, definitivamente, cosa del pasado. En el presente, el grupo sigue combinando reggae, pop y rock en Pura vida, desde el año pasado en la calle, luego del debut con 7, el disco de la transición publicado hace ya cuatro años. Cachorro López –que aportó la experiencia y el pop– y Pablo Romero –que proveyó la energía que lo caracteriza– fueron los productores que ayudaron a que Pura vida fuera un disco fresco, pero maduro. En la charla con el NO, Juanchi suena contento y tranquilo. Dice que hace un par de años que él y sus compañeros se sienten así, sobre todo porque son una banda que va al choque con la gente y no está metida para adentro como si fuera un combo de jazz. Por eso, asegura, Pericos tenía que reencontrarse con todo el arengue que supo tener: a partir del aval del público, Juanchi pudo trabajar su rol de frontman. Y ahora, por fin, se siente cómodo con eso.

En la sexta temporada de estos (ya no tan) nuevos Pericos, los patrones se ajustaron y cada uno se anima más al momento de la composición y de aportar ideas para darle forma a una canción. Eso mismo pasó con Lindo día, el corte en cuyo video aparece el personaje de Diego Capusotto boqueando que Los Pericos hablan del faaaaasssso. “No es que ahora compone uno u otro”, explica Baleirón. “En la última época, con el Bahiano todo pasaba por un mismo tamiz y como ese tamiz funcionaba, todo seguía yendo por el mismo lado. En cambio, cuando se reformuló todo, no sólo fue la formación, la estructura o la interacción, sino también lo compositivo. Desde siempre todos tuvimos canciones, pero quizás algunos no las mostraban porque pensaban que no terminarían entrando en el disco. Ahora se voltearon las paredes, pasó una aplanadora por arriba y dijimos: ‘Bueno, a ver, traigamos ideas y vamos a elegir entre todos’. Siempre hubo varios motores compositivos, pero no se usaban todos. Ahora sí, en este disco hay temas de todos. Nos sentábamos con la guitarra y la computadora, anotábamos la letra, la pasábamos en limpio... Con Pablo Romero hicimos mucho ese trabajo y fue buenísimo: un taller divertido, liberador y productivo”, recuerda.

Si bien el disco tuvo una suerte de “puntapié inicial en vivo” en La Trastienda a una semana de haber sido lanzado, la presentación propiamente dicha será este sábado, a beneficio de la fundación Todo x los Chicos. “Nos parece lo más lógico. En época de crisis está bueno hacer algo gratis para la gente, pero al mismo tiempo que la gente lleve algo para colaborar. Y que sea a la tarde, para no competir con nada y que sea algo familiar. En Capital siempre se hace una presentación como algo estándar, en ciertos lugares, sean pequeños o grandes. Pero dijimos ‘no, hagamos una presentación grande y si eso se opaca por la causa benéfica... ¡mejor!’”

En la vida perica, los discos pueden verse como un termómetro que define bien las etapas de la banda: están los discos fiesteros que explotaban para afuera, como Big Yuyo, Pampas Reggae o Yerbabuena; y los que se metían para adentro y se quedaban en una faceta oscura e introspectiva, como Mystic Love. Pero también está el disco premonitorio (se puede vislumbrar algún mensaje sobre la partida del Bahiano) y más tirando al reggae como Desde cero. “Pura vida es un lindo reencuentro con lo clásico de Pericos. Hablar de este momento de la banda obliga a mencionar también de lo que fue 7, que era el disco de quiebre, de la transición. Hoy nos damos cuenta de que fue coyuntural, pero tenía tanta carga emotiva que fue bueno que quedara concentrada en ese disco. Eso nos liberó como para retomar ciertas cosas que hace Pericos. Quizá inconscientemente buscábamos simpleza en Pura vida, no es que estaba planteado que este disco tenía que ser simple y contagioso. Todos teníamos en la cabeza el hecho de que habíamos pasado por ese 7 que fue muy fuerte en todo sentido. No era un disco que decía ‘acá no pasó nada’, tenía que tener una carga y la tuvo. Pero después vino Pura vida, que es color, expresividad, frescura y experiencia”, resume Juanchi.

Puede que para las bandas de largos años de trayectoria mainstream –que a menudo incluyen rupturas y carreras solistas–, las reuniones post–separaciones sean el gran negocio gran: todo cierra a la hora de verlos volver. Un regreso popular en algún estadio, con fotos que muestren a los músicos sonrientes aunque se odien entre sí y una buena marca que avale el regreso, no hará más que engrosar las arcas de varios y llenar de ansiedad a un público nostálgico. Pero hay un brillo en la forma de decir de Juanchi que suena creíble. Tal vez el regreso de los Cadillacs habría inspirado a Pericos a invitar a Bahiano a cantar, pero el músico y productor es tajante y hasta hilarante: “La verdad que no, al contrario. Nunca menos apropiado pensar en eso. Hay que ser concreto y claro: el grupo sigue tocando, seguimos siendo Los Pericos. Y si bien Bahiano fue importante en la banda, no hay nada que nos lleve a una reunión, ni humanamente, ni en forma de billete”.

–No lo necesitan, digamos.

–¡No! Y no haríamos nunca nada por necesidad. El día de mañana por ahí la vida nos pone en un lugar, nos cruzamos, y decimos: “Eh, te invito a tocar un tema, vení, recordemos viejos tiempos”. Pero sólo podría darse espontáneamente, sin especular con eso nunca, ni mediática ni económicamente. Estamos auténticamente distanciados, no hay nada que nos lleve a unirnos. Las cosas se dieron así, estamos en diferentes caminos. Lo digo de corazón, con respeto a todo lo que hicimos juntos. Quiero que a él le vaya muy bien como solista y que a Los Pericos les vaya muy bien como grupo. Si la separación fue por algo, justifiquémosla haciendo cosas buenas cada uno por su lado. No sé cómo se verá de afuera, pero nosotros no queremos ni necesitamos nada.

–De afuera se nota cierto renacimiento de la banda.

–Sí, bueno, gracias a Dios y bienvenido, es lo que queremos: que nuestro trabajo se vea en eso. No me importa vender más discos, o reventar un Luna Park, sino lo más difícil: mantener una imagen, un capital, un nombre. El desafío de Pericos es estar a la altura de lo que somos, musical y profesionalmente.

–¿Se puede decir que la ruptura fue liberadora?

–Para ser claro, la etapa con Bahiano fue buenísima, muy fructífera y todos estamos orgullosos de lo que hicimos juntos. Hay mucho respeto por eso, porque hicimos canciones buenísimas, pero fue una etapa que se cerró y ya no hay forma de mirar atrás, ni nostálgicamente. Esta es otra etapa. Al principio quizás había algo de liberación, pero por una cuestión lógica, porque fue una ruptura fea. De hecho, hoy no tenemos relación. Pero la calentura fue algo que pudimos domar y transformar en combustible. Cuando no lo podíamos domar, boqueábamos, como cualquier persona caliente que se manda una cagada y dice cosas de las que después se arrepiente. Pero después de eso sentimos que teníamos que poner el foco adentro, para mejorar nosotros. Entonces, más que una liberación, sentimos que debíamos reestructurar muchas cosas, siempre mirando para el futuro y con el hambre por lo que nos falta. Haremos discos buenos o no tan buenos, pero estamos subidos a ese tren que nos lleva y somos las mismas ruedas que empujan. Es la misma energía que nos lleva para adelante.

* Los Pericos tocarán el sábado a las 15 (puntual) en Costanera Sur. Llevar un útil escolar para la fundación Todo x los Chicos.

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Imagen: CECILIA SALAS
 
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