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Jueves, 27 de mayo de 2010

EL FENOMENO DE LAS FIGURITAS SIGUE INDEMNE A LA CULTURA DIGITAL

Un plan maquiavélico para frustrar a la juventud

Un instante sagrado frente al sobre cerrado: el aire se entrecorta, se huele ansiedad y se destila delicadeza... ¿estará Messi? ¿O sale otra vez el defensor griego Sokratis Papastathopoulos? Tales interrogantes se deciden en la se de central de Panini en Modena, Italia.

 Por Federico Lisica

Guido Procupez muestra el pilón y afirma: “La que me viene siempre es la del neocelandés Rory Fallon: llegué a tener cuatro; después me acosaron los coreanos y hondureños”. Uno de sus compañeros de secundaria, Diego Rotchschild, suma: “Las más difíciles son las de los equipos cabeza de serie, y por una plateada con el logo de la Selección te pueden dar tres comunes; otras que valen bastante son las de estadios o los posters”. Con más de 15 años sobre sus espaldas ya no jugarán al “chupi” o al “espejito”, aunque inventaron una “tapadita full full”: se tira una figurita y quien logra taparla con una fichu, se lleva todas las lanzadas.

Guido y Diego ostentan su afición con orgullo, se aferran a las difíciles y se despiden sin lágrima alguna del equipo completo de Costa de Marfil. “Uno de cada tres pibes del colegio las juntan y, cuanto más chicos son, el promedio aumenta”, arriesga Guido a lo Adrián Paenza. No son los únicos. Entre los comentarios del blog de Panini, más de un post–adolescente (treintañeros varios) pregunta sobre las formas en las que pueden adquirirse los paquetes mundialistas para no tener que clavarle al quiosquero: “Son para mi sobrinito”.

Unos y otros vivieron, y aún anhelan, el instante sagrado de estar con el sobre cerrado. El aire se entrecorta, se lo huele con ansiedad, se lo abre con delicadeza, “¿estará Higuaín entre las cinco figuras de 5 x 6 cm?”, “¿aparecerá de nuevo el defensor griego Sokratis Papastathopoulos?”. Tales interrogantes se deciden, en principio, en la sede central de Panini en Modena, Italia. Allí se confecciona el diseño del álbum con 640 espacios a llenar. La licenciataria en la Argentina niega que exista un plan maquiavélico para esconder a los Ronaldo y los Iniesta: “La mezcla es muy pareja y las figuritas de todos los equipos tienen las mismas chances de salir”, dicen conservando la alquimia bajo siete llaves. Y si los jugadores se eligen por “su trascendencia y las posibilidades de ser convocados”, puede sorprender que aparezca en Francia el borrado Benzema o para los alemanes el lesionado Ballack. Es más: en Argentina, Zanetti, Gago y Cambiasso tienen su estampa. “Garcé no está”, tira uno de los consultados.

Desde Panini aseguran que nuestro país es uno de los de mayor tradición coleccionista: “Y no se trata sólo de entretenimiento, hay valor didáctico”. Tienen razón. Podemos enterarnos de kilajes, alturas, capacidades de estadios, que Serbia en su idioma original es Srbija, y entre los suizos se halla el poco helvético nombre de su arquero Diego Benaglio.

La memorabilia hace su juego. En Mercado Libre, un álbum “a medio completar” de Francia ‘98 vale $ 50”. Hobby de tradiciones inalterables como la pelada de Verón (“su figurita es igual a la del ‘98”, dice Procupez), puede leerse en un blog: “Yo conseguí a Mokombo de Zaire, la imposible del ‘74”. En sus comienzos venían como un regalo junto a golosinas; globalización mediante, se transformó en una costumbre tan marketinera como el mismo Beckham. De las redonditas de cartón o chapa se pasó a los stickers en sobres dorados con el logo de la FIFA legitimando, por si fuera necesario, la pasión de quien dirá: “Late, late, late, ¡nola!”.

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