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Jueves, 5 de diciembre de 2002

LAS DISTINTAS REALIDADES DE DANTE SPINETTA Y EMMANUEL HORVILLEUR

¿Dónde estás, hermano?

El tronco evolutivo común en las carreras de Dante y Emmanuel pareció dividirse con la muerte de su manager y amigo José Luis Miceli y en la pactada separación de Illya Kuryaki & The Valderramas. Ahora son dos solistas, en distinta posición: Dante acaba de editar su primer álbum a través de una discográfica mexicana; Emmanuel completa la grabación de su debut y todavía no tiene contrato.

POR JAVIER AGUIRRE

1
Empieza como una fiesta rítmica, con brasses, percusiones hi-fi y gemidos femeninos en distintos planos. No está del todo claro quién es el que canta, ni cuál es la voz principal y cuáles los coros. Mucho groove, english y castellano –tipo Illya Kuryaki–, pero más oscuro y distante, acaso enigmático. Elevado es el debut solista de Dante Spinetta (será presentado el miércoles 11 en Niceto, gratis) y, a diferencia de otros debuts solistas, no suena intimista sino con pretensiones, orquestado, a lo grande. Dante canta sobre “el gatillo fácil para aquel chico que ansiaba comer” y también sobre cómo “Mefisto no resiste ante Jesucristo”. El mito fundacional de su carrera solista hablará de que financió él mismo la primera parte de la grabación en La Diosa Salvaje (el estudio de papá Luis Alberto), que cuando sus ahorros se agotaban recibió en Miami la luz verde económica de Pelo Aprile –ex Nº 1 de Universal Argentina, productor del álbum– y que finalmente lo editó a través de la discográfica Universal de México. Por eso Elevado apareció en octubre en México, y recién ahora en la Argentina.
–¿No suena fanfarrón Elevado?
–No lo puse por arrogante; elevarse no es volar sino levantarse de la realidad, del piso. Quisiera que escuchar este disco sea viajar, elevarse. Ojalá a alguien le pase eso. En esta era es importante que un disco te haga bien. Le puse mucha energía positiva, no tira ondas negativas en ningún momento. El amor que me hace sentir mi mujer me eleva. No es que yo me sienta elevado sino que te invita: “Elevémonos”.
–¿Por qué hay temas
totalmente en inglés y otros
totalmente en castellano?
–Empecé a hacer dos discos, uno en cada idioma, pero terminaron formando uno. Es que pasé por momentos muy fuertes, saltos grandes. El disco en inglés era la oscuridad, era decir “me voy de acá”. Fue escaparme de mi casa. Había fallecido José, me había separado de una chica con la que había estado mucho tiempo, ya no estaba en la banda de toda mi vida -yo tengo muy pocos recuerdos previos a Illya Kuryaki–... Y después de los momentos de oscuridad empecé a extrañar. Así surgió el español. Me encontré solo. Algunas de esas soledades me las había buscado –la separación fue tanto idea mía como de Emmanuel–; pero otras, no. Me lo tomé bien. A pesar de que alrededor mío vi bastante falsedad, bastante boqueo, mucha gente a la que no le importaba si yo estaba bien. No había bajado los brazos con la música –cuando un músico está solo se la pasa tocando y haciendo temas–, pero en mi vida estaba bastante caído. Hasta que conocí a María. Y la vida empezó a tener otras esperanzas.
–¿Cuáles esperanzas?
–Me encontré con la religión. Después de lo de José y del nacimiento de mi hijo, me cambió la percepción de lo que es Dios, más allá de la Iglesia como institución. Empecé a valorar más la vida, eso es lo que me eleva. Dios pasó a ser re-importante. Entendí que la Virgen María es una madre, con su hijo. Que Jesús es un idealista, un abre-mentes. Y que Adán y Eva son el amor, el sexo, lo prohibido. Yo vi nacer a mi hijo, y eso es Dios. ¿Qué más hay? Nada más: tu hijo, tus viejos, tus hermanos. Eso es lo grosso. No busques algo más grosso que tu hijo, que el amor, porque no lo hay. Simplemente tenés que saber apreciarlo. Aunque hay distintos amores... (se ríe). Uy, ya iba a deformar.
–¿Qué te cambia ser artista
de una discográfica mexicana?
–Tengo mucha onda con México, con Kuryaki tocamos mucho allá. Pero yo no tengo fronteras para hacer un disco; las visas y los políticos nos dividen. No me pongo las banderitas, que se las metan en el orto. Además, cuando empecé a grabar, no tenía ni idea de que iba a firmar en México. Eso surgió después. La Universal mexicana fue la única compañía que me llamó al estudio y me dijo: “Dante, sabemos que estás grabando un disco,queremos oírlo”. Les gustó y firmé; eso demuestra que me quieren. Yo estoy donde me quieren. No es que acá no me quieran, acá saqué siete discos; pero las cosas cambian. Soy un argentino más que se tuvo que ir a laburar afuera. Acá nadie me ofreció nada, y eso que con Illya Kuryaki habíamos hecho un buen piso. No voy a perder lo argento, pero haré música donde sea.
–¿Cuán lejos está Elevado
de Illya Kuryaki?
–Empecé a cantar distinto. Es un disco diferente, pero no alejado a Illya Kuryaki, que sigue siendo parte de mí. Uno siempre siente que lo último es lo mejor, yo creo que el próximo va a ser mejor (aunque el mejor disco de Kuryaki fue Versus, que no fue el último). Hice el disco que tenía que hacer. Ser solista me da la posibilidad de darme gustos, de poner la lupa donde se me canta, de dedicarle mucho tiempo a un tambor, de pelearme con el técnico por cada cosita. Este disco es para toda la vida, yo no me voy a dormir tranquilo si un tema no suena como quiero.
–¿Qué extrañaste de Emmanuel
durante la grabación?
–A nivel musical estaba muy seguro y muy copado. Pero nosotros jodíamos mucho, deformábamos mucho, y eso es lo que más se extraña. No es que no me haya divertido durante la grabación de Elevado, tengo bastantes deformes alrededor. Pero con Emma somos familia.

2
La silueta de cartón en tamaño real de Boba Fett, el villano más amado de la galaxia Star Wars, custodia el estudio. “Es de Prosegur” informa el risueño dueño de casa Emmanuel Horvilleur, más solemne cuando se planta frente a la consola. Suenan los temas que formarán parte de Música y delirio, su debut solista. Algunos conservan el funk-hop de IKV, pero con potencia electrónica: quizás con menos instrumentos y sonido más pleno. Una canción habla, sin nombrarlos, de Kosteki y Santillán, los pibes asesinados en el Puente Pueyrredón. Ahí, él canta que viene “del país en llamas” y sobre el final de la canción se justifica: “Me siento re-argentino... a mi manera”. Otro tema tiene un ritmo de cumbia –por qué no decirlo– deforme. Se llama “Hermano plateado” y es sobre los cantores populares como “Rodrigo y el otro pibe... Olmos”. También hay glam-rock, con guitarras feroces de Nicolás Ibarburu; también bandoneones de Fernando Samalea y la firme presencia de Bavaso, quien fuera tecladista de la última época de IKV, y acaso coproductor del nuevo material: “Siempre hay que tener aliados en la música. Soy solista porque las canciones son mías y las ideas parten de mí, pero hay que interactuar”, explica Emmanuel. Las primeras cinco canciones –a principios de año– fueron grabadas en el estudio El Santito. Después de unos meses de interrupción las sesiones continuaron, ya en su propio estudio.
–¿Por qué cambiaste de estudio?
–Grabé esas cinco canciones para después mostrarlas y ver si conseguía algún contrato. Fui afuera, en el corto plazo en el que estuve no conseguí lo que quería, y tuve que decidir entre esperar a que me contestaran, o seguir adelante. Tuve dudas, pero me volví, dispuesto a grabar en mi casa, y fue lo mejor que pude haber hecho. En un estudio hay horarios que se terminan, y te quedás con la leche. Acá en mi casa no me quedo con ninguna leche. Puedo componer y grabar un tema en el mismo día. Como un electrocardiograma.
–¿Te costó tomar esas
decisiones solo?
–Antes tenía otra persona con la que estábamos compartiendo e intercambiando todo el tiempo, y ahora tuve que ocupar los dos papeles. En algún punto es más exigente, pero en otros casos, no: estoy haciendo cosas más sucias, con menos prejuicios, cosas que jamás hubiera hecho antes. Quiero plasmar lo que soy yo en este momento: por un lado, la angustia de lo que estamos viviendo; y por otro, la alegría de estar vivo y haciendo música. Amor y despecho.
–¿Cuál es el plazo que te pusiste
para terminar el disco?
–Marzo o abril, pero es un plazo interno. Estoy bastante inquieto, pero no quiero salir a tocar sin el disco editado. Aunque si lo tengo que hacer, lo voy a hacer.
–¿Pensaste en editar tu disco
de manera independiente?
–Es un disco que se merece una buena difusión y, especialmente, una edición en todos los países en los que estuvimos con Illya Kuryaki. Quiero que salga por toda América. Pero, bueno, ahora lo más importante es la grabación. Recién estoy empezando a pensar en eso, estoy más en pañales. Y si no, saldrá como sea. Pero seguramente van a apreciar lo que yo aprecio de este material.
–Musicalmente, ¿buscaste
alguna ruptura con lKV?
–No trato de dejar de lado lo anterior sino que lo reciclo a mi manera. Illya Kuryaki es una de mis influencias. Por ejemplo: yo no soy un gran escuchador de hip-hop, pero estoy metiendo cosas de hip-hop que me llegan desde Kuryaki.
–La soltería, el debut solista...
¿Música y delirio va a ser
un disco de soledad?
–Bueno, no son tiempos de monogamia. Hubo de todo. No por lo sexual sino por la inquietud. Estoy en un momento abismal. Muere algo y nace otra cosa. Desde que tengo 16 años estoy acostumbrado al contacto con elpúblico, a salir a la calle y que me reconozcan, o a subirme a un avión e irme a tocar afuera. Ya lo sentía parte de mí, y de pronto todo eso bajó bastante. Ahora tengo 27, y encontré el tiempo para analizar y depurar muchas cosas. Perder un amigo como José, separarme de mi amigo y de mi banda de diez años... Todo eso está en las canciones. Agradezco lo que viví, pero también estoy muy feliz ahora. Estoy pasando momentos de euforia gigante con la música, que me hacen sentir que todo tiene sentido. El arte tiene un poder re-grosso para mí; si después eso les llega a otras personas, buenísimo. Cuando entro a grabar, y veo que nace una pequeña obrita, todo cierra. Quizás cuando con Kuryaki íbamos a grabar a Los Angeles, con cuarenta músicos y gastando montones de guita, estábamos preocupados, tipo empresa. Acá estoy solo, con gente que viene a tocar porque le encanta tocar. Tomamos unos vinos y quizás surge, de la nada, un tema. Re-hippie...
–¿Tenés miedo de perder lo otro;
las giras, los aviones?
–Estoy re-al mango, listo para armar una buena banda y salir a romper el escenario, a rockear. Además, en mi mente, este disco es comercial... Pero en mi mente. No es que va a competir con Mambrú.
–¿Qué extrañás de Dante?
–Cómo nos cagábamos de risa. Es distinto hasta hacer las notas solo... (se ríe). Antes te salvaba el otro. Nos complementábamos bien.

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