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Jueves, 5 de diciembre de 2002

SALAS DE ENSAYO Y ESTUDIOS DE GRABACION, HOY

El precio de poder

¿Cuánto cuesta una hora, grabar un demo, tomar clases, alquilar equipos y/o instrumentos? ¿Cuánto cuesta hacer música, en este año de devaluaciones y desgracias? Una recorrida por esos lugares donde se concibe la música de hoy y mañana corrobora los efectos de la crisis, pero también revela una intensa actividad que no se detiene.

Cristian Vitale

Explorar por varias salas de ensayo y estudios de grabación de Buenos Aires y el Conurbano en busca de un diagnóstico sobre el estado de las cosas en aquellos lugares donde –debe suponerse– nace el rock and roll del futuro, puede desalentar. Sin embargo, persisten aspectos positivos que se contraponen al bajón. Y emergen dos certezas: 1) las salas y los estudios que aún no cerraron están trabajando “solamente” para mantener la estructura técnica y pucherear. 2) Pese a la situación, muchos sostienen que la crisis colaboró para revalorizar el trabajo independiente. En este sentido va Maxi Giani, uno de los propietarios de los estudios Modulomono, al referirse a un cierto nuevo auge y al papel que cumplen salas y estudios pequeños. “Como en cualquier otro campo, la actividad en los estudios de grabación, mastering y salas de ensayo ha decrecido marcadamente desde fin del año pasado. Esto ya es sabido, pero quisiera apuntar otra cuestión para mí inesperada y de gran importancia: por un lado están los estudios y las salas que en su mayoría bajaron los precios, y por el otro la producción musical y el esfuerzo de muchos sellos independientes –que nacieron de la propia crisis– por seguir editando y hasta exportando sus artistas.” Fabio de Simone, encargado de los estudios Supervos, donde ensayan Gustavo Bazterrica y Francisco Bochatón, opina parecido. “Es verdad que el rubro se resintió como cualquier actividad, pero a la vez se encaró con más energía el trabajo independiente, con la gran posibilidad de extender la muestra de sus trabajos al exterior.” Otro de los aspectos provechosos de estos tiempos duros lo aborda Ricardo Ozán (profesor de guitarra de blues, jazz y bossa nova) desde el lado de la pedagogía: “Con o sin crisis, he notado como profesor particular y como docente de dos de los más importantes conservatorios oficiales que cada vez hay más personas interesadas en desarrollar una carrera dentro de la música, a pesar de las dificultades”.
También están aquellos que, con razón o sin ella, se quejan. En las salas-estudio Palermo Vintage, donde graban y/o ensayan Totus Toss, Ratones Paranoicos, A Tirador Láser, Actitud María Marta, Diego Frenkel y Cabezones, dice Leo, uno de los encargados: “Se nos hace imposible mantener o comprar instrumentos y equipos componentes como válvulas, circuitos y hasta cuerdas de guitarra”. Lucas Morriyón, dueño de una sala de Villa Urquiza, aporta otro dato bastante desalentador: “La nuestra es una actividad que se devaluó a la par del dólar. No se te puede romper ni una púa, porque todos los arreglos y repuestos son en verdes. La única opción, a veces, es el trueque”. Ante esta situación incontrastable, claro está, Daniel Greco, de WC Recording Studio –también ubicado en Villa Urquiza– se vio obligado a ofrecer una promoción que sólo le sirve para afrontar los impuestos. Pese a que la hora de estudio sale 15 pesos, pusieron en marcha una promoción de 50 pesos “por tema terminado”, sin contar las horas. “En otros años no dábamos abasto para cubrir la demanda de artistas que necesitaban grabar –dice–. Hoy, en cambio, tenemos espacios vacíos importantes. No obstante esperamos que la cosa se revierta, ya que hoy tampoco es tan fácil ir a grabar a Miami...”
A tres cuadras de la estación de Lanús está el Afro-Studio, lugar donde ensayan la mayoría de las bandas under granates (Poder Ñandú, Rene La’band, Polaroid, Lírica, Mosca de Vidrio, Disconformes, Los Tulipanes, Ad Honorem, Homero Jay y Cromo, entre muchas otras). Hernán Sforzini, su director, dice que “la crisis repercute de manera que menos bandas tienen la posibilidad de grabar su material. De esta manera, baja el promedio de horas de ensayo o, cuanto menos, se hacen más irregulares. Sin embargo, es impresionante la cantidad de bandas que viene a averiguar cuánto cobramos para ensayar un rato. El espíritu del rock persiste en todas partes y nosotros tenemos una gran responsabilidad para que siga existiendo”.
O sea, todo mal, pero el aguante todavía se hace.

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