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Jueves, 9 de junio de 2011

CADENA PERPETUA CUMPLE 20 AñOS

“La gente quiere ser más partícipe de lo que debería ser”

Estos músicos marcan la cancha: cantan contra la religión, contra la miseria, la corrupción, la pobreza, los políticos, la industria de la moda, la televisión, el sistema... ¿Están a favor de algo?

 Por Brian Majlin

Es lunes y hace frío. El sol se cae detrás de la autopista que arranca en la 9 de Julio y se va hasta La Plata. Del otro lado, desde “la otra punta de la ciudad”, asoma Cadena Perpetua, la banda de punk rock de Villa del Parque. Los lunes siempre son medio jodidos para los que no creen en el sistema, la rutina, el mundo capitalista. El comienzo de la semana recuerda que todavía hay oficinas, garcas, mercado, obligaciones. Dicen que los fantasmas se exorcizan con la música. Los muchachos llegan acalorados, vienen de ensayar y apagan la sed con una Coca-Cola. Al menos dos de los tres integrantes. El tercero, Hernán “Vala” Valente, voz y frontman, se saca la campera y se toma un café endulzado.

Esquivos al principio, algo tensos, relajan los músculos de la cara y del cuerpo a medida que la adrenalina del ensayo deja lugar a la charla. “No nos gusta mucho toda esta parte de las notas y las promociones, ni los videos. Lo entendemos, eh –aclara rápido de reflejos el Vala–. Pero es como que escapa a lo nuestro. Todo lo que es extramusical nos cansa.” Las caras del Vala, de Eduardo Graziadei y Damián “Chino” Biscotti resumen la postura. Finalmente, la costumbre le gana al disgusto. Y claro, son 20 años de carrera.

“Cuando empezamos, no soñábamos ni con sacar un disco”, cuenta el Vala, mientras simula la sonrisa que le arrebató Frost Bite cuando en 1995 –y ya con 5 años de darle a la guitarrita– les ofreció grabar el primer disco. “Para nosotros esto siempre fue un juego”, suma Edu. Quizás eso lo explique todo. Muchas bandas se separan o cambian su composición. Este trío de amigos del barrio mantiene su formación desde hace 15 años, el Chino llegó con la banda ya empezada. Quizá la falta de plata mantuvo la unión. Hay algo más que los amalgama. Tienen, casi como emblema, una visión del mundo. “Una posición sobre la realidad”, resume el Vala.

Desde el sonido furioso de Cadena Perpetua, el primer disco, al sonido más complejo y melódico de Plaga, el último disco que presentan en el Estadio Malvinas Argentinas este sábado, han pasado 15 años y cuatro discos. La maduración es evidente, pero hay algo del mensaje que supera el paso del tiempo.

–No es lo mismo escribir sobre la realidad social en el ‘90 que ahora. ¿Cómo afectó el paso del tiempo a las letras?

Hernán Valente: –Las letras se fueron adecuando a los momentos vividos...

Eduardo Graziadei: –Hay mucho de testimonial en lo más viejo; ahora, además de la denuncia, hay corazón. Con Largas noches (2000) aprendimos a decir las cosas de otra manera. Pero el mensaje sigue siendo claro.

–Son veinte años de compromiso social...

E.G.: –Seguimos marcando nuestra posición sobre la realidad.

H.V.: –Empezamos de adolescentes, escuchábamos a La Polla Records, que nos ha influido mucho. Nuestro público es más que nada adolescente y tomamos ese rol de ser una banda que trate de despertar un poco a los que la escuchan. Hay herramientas muy jodidas, sutiles y estratégicas que intentan imponer una forma de ver el mundo. Estamos para decirles a los que nos siguen que se fijen, que no es tan así, que busquen más información.

–Marcan la cancha. Cantan contra la religión, contra la miseria, la corrupción, la pobreza, los políticos, la industria de la moda, la televisión, el sistema... ¿Están a favor de algo?

H.V.: (Risas) –Del liberalismo. De la libertad humana.

E.G.: –Sí, de libertades humanas, porque el liberalismo tiene una connotación complicada.

Damián Biscotti: –Sí, me hace acordar a (Alvaro) Alsogaray eso... (más risas).

Cuando se juntan tres amigos a tocar, las risas y los silencios cómplices son condimento asegurado. Cuando hay un garaje (como el de la foto), las bandas que supieron tocar en ellos se identifican. Se miran, se ríen. “Nosotros pudimos salir del under hace poco. Nos llevó mucho tiempo salir de los antros”, explica Edu.

–Antes de la masacre de Cromañón tocaron ahí, por ejemplo. Les afectó el cierre de lugares...

E.G.: –No, porque cuando tocamos en Cromañón ya llevábamos gente y quedaron algunos lugares para esa capacidad. Los que venían debajo la sufrieron más. Fue muy jodido para la cultura under. Hoy mejoró un poco, pero el costo fue muy caro.

–La vida de varios costó. Y la muerte de Miguel Ramírez, ¿es un costo para abandonar las bengalas definitivamente?

E.G.: –La gente quiere ser más partícipe de lo que debería ser en un recital. La bengala no funciona, ni en lugares cerrados, ni al aire libre. Se confunde el folklore con el protagonismo. Pasó en Cromañón y pasó en el recital de La Renga en La Plata.

H.V.: –Tenemos que hacernos cargo y hacer un mea culpa. Fuimos un poco cómplices de esto, porque decíamos: “Uh mirá, una bengala”. Y la verdad es que es una mierda.

D.B.: –Igual, el punk rock no es un palo tan bengalero. La bengala es más de rock barrial, que es público más de cancha. De todas formas fuimos parte de esa inconciencia generalizada. Tocábamos en cualquier lugar, en cualquier condición.

E.G.: –”¡Es rock!”, decíamos. Y ya fue.

–¿Ya no?

E.G.: –No, hoy entrás a un lugar y estás mirando todo. Todos asustados, desde el productor y el dueño del local, hasta el público y la banda.

H.V.: –Igual, el rock es sólo una parte de la sociedad. Hay obras en construcción que se caen y mueren obreros. Hay accidentes de autos y violencia en el fútbol. El rock es algo más que muestra el deterioro cultural en el que estamos.

–¿Por eso Plaga?

H.V.: –Sí, mostrar que el hombre es la plaga del hombre.

–Cómo decía Thomas Hobbes, “hombre lobo del hombre”...

E.G.: –Sí, jodíamos mucho con esa frase y pegó.

H.V.: –El ser humano siempre culpa a otros por complicar su existencia, pero no se hace cargo. Plaga está apuntado a que el ser humano es detestable. Sobre todo en las grandes ciudades. Y me incluyo. Sé que soy extremista, pero creo que es así.

–¡Qué esperanza...! (Risas)

H.V.: –Yo apuesto al cambio individual a partir de la reflexión. Por eso decimos lo que decimos.

E.G.: –Yo todavía pongo una ficha más. Por eso me junté con un movimiento de artistas que apoya al Frente de Izquierda y de los Trabajadores; tuvimos una charla con Jorge Altamira.

–¿Apostás a la política?

E.G.: –El año pasado hubo dos cosas tremendas que me marcaron. La primera, cuando fuimos a tocar a Neuquén y nos visitó el sindicato ceramista de la recuperada Zanon y nos contó cosas tremendas. A los tres nos pegó mucho.

H.V.: –Sí, fue muy bueno...

E.G.: –El otro episodio que me marcó fue el asesinato de Mariano Ferreyra. Yo tengo un amigo del Partido Obrero hace mucho y cuando dieron la noticia, se me vino a la cabeza y pensé: “¿Cómo pueden seguir ocurriendo estas cosas en 2011?”. Después de lo de (Maximiliano) Kosteki y (Darío) Santillán no podía volver a pasar. Pero aún pasa y, aunque está todo muy podrido a todo nivel, la esperanza no la perdemos nunca. Y yo vuelvo a involucrarme.

–No se llega a veinte años tan fácil...

E.G.: –Menos en bandas como la nuestra, que venimos del under y vivimos de esto hace poco.

H.V.: –Esto es un sueño. Llegamos al Malvinas y, aunque me siento mejor que en el Obras de hace cuatro años y que tengo más espalda, desde ayer ya no pude dormir. Mirá si hay nervios.

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Imagen: Cecilia Salas
 
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