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Jueves, 24 de noviembre de 2011

YELLE PRESENTA SAFARI DISCO CLUB

La francesita

El nuevo álbum de Yelle se recuesta en el electro pop pegadizo pero, a diferencia de su antecesor, cuenta con un sonido más elaborado y letras más profundas. A bailar, mi amor.

 Por Facundo Enrique Soler

Las barreras del idioma se pueden esquivar cuando se utiliza como lenguaje principal un recurso tan simbólico como el baile. El ejemplo de la francesa Yelle es más que determinante en esta cuestión, ya que desde que lanzó Pop Up, su disco debut, logró sonar en los boliches de todo el mundo sin tener una sola canción que no hable en su lengua natal. Este año Julie Goudet (así se llama realmente) volvió al estudio acompañada de los productores compatriotas GrandMarnier y Tepr para realizar Safari Disco Club, otro álbum que se recuesta en el electro pop pegadizo pero, a diferencia de su antecesor, cuenta con un sonido más elaborado y letras un tanto más profundas.

Esta nueva producción fue la excusa perfecta para que Yelle vuelva a salir de gira y dicte cátedra dance en distintos escenarios del mundo. El itinerario incluyó festivales de la talla del Sonar Sound (España), Splendor In The Grass (Australia) y boliches a lo largo de todo Estados Unidos y Latinoamérica. Este domingo es el turno de que Buenos Aires viva la fiebre pop de habla estrictamente francesa, cuando la joven de 28 años salga al escenario de El Teatro de Colegiales y se reencuentre con su público argentino, ese que conquistó en 2008 cuando se presentó en la Fiesta Compass. “Espero que estén con energías, tenemos preparado un show movido”, advierte Goudet por teléfono al NO.

–A la mayoría de tus fans de habla hispana les resulta complicado entender tus letras. Si tendrías que explicarles de qué se habla en Safari Disco Club, ¿qué les dirías?

–Que sigo recurriendo a lo mismo de lo que hablaba en Pop Up pero con una madurez lógica, crecí mucho desde 2007 al día de hoy. El sexo, las relaciones humanas, el baile y el color siguen estando presentes pero de una manera más profunda y hasta en algunos casos, melancólica. La vibra positiva y la felicidad que me caracteriza, de todas maneras, siguen presentes.

–¿En vivo qué cambio?

–Los temas viejos siguen siendo parte del repertorio, pero crecí bastante musicalmente así que logré sacarles un sonido mejor. También hay más elaboración en cuanto al vestuario y otras cuestiones más actorales, ya no salgo a escena y salto como una loca. La energía que transmito en todos mis shows sigue igual.

–Te diste el gusto de acompañar a Katy Perry en parte de su gira europea. ¿Con qué otra banda o cantante te gustaría salir a la carretera?

–Aunque no tengan nada que ver con mi música, mi sueño es algún día compartir escenario con Depeche Mode. No tenemos mucho público en común pero ellos me inspiraron a que comience a cantar, siempre fui una gran fan de su obra.

–¿Y si tenés que elegir un artista francés?

–La verdad no se me ocurre ninguno. ¿Qué me sugerirías vos?

–Justice, Sebastian, Air, Daft Punk...

–¡Oh, sí!, Por supuesto que Daft Punk sería siempre la mejor propuesta. Ellos son el espíritu de la electrónica francesa y una especie de padrinos para mí. También soy fan de ellos.

–Es curioso porque tu música y presentaciones en vivo tienen mucho éxito en todo el mundo, pero en Francia el público no parece darte mucha importancia, ¿qué opinás de eso?

–Es algo que nunca pude explicar. La impresión que siempre me dio es que en Francia no soportan que un artista explore más de un género, ni el hecho de que yo pueda hacer colaboraciones con músicos comerciales co mo Total Bazooka (NdeR: personaje raper francés) o proyectos underground, como el EP que lancé con el sello Kitsuné el año pasado. No les gusta la diversidad. Deberían tener la mente más abierta, preocuparse en divertirse y disfrutar de la música, como hacen en Estados Unidos o Latinoamérica.

–Es fácil darse cuenta al verte que sos una fanática de la moda. En ese ámbito, ¿qué opinás de la escena francesa?

–Estamos en una etapa de transición. En todo el mundo encuentro diseñadores nuevos que prometen mucho, pero en Francia sólo veo las grandes empresas como Jean Paul Gaultier. Hace poco descubrí a una excelente diseñadora argentina que se hace llamar House Of Matching Colours, espero poder colaborar con ella algún día.

–¿Harías una publicidad para alguna marca como hicieron tus compatriotas de Air con la joyería Cartier?

–Filmé un par de publicidades y estoy abierta a volver a hacerlo, pero yo me fijaría más en la empresa que me contrata. Tengo una imagen y me gusta cuidarla, si vienen a proponerme ser la cara de una marca me fijaría bien qué producto estoy vendiendo, si vale la pena o no.

–También tuviste tu experiencia en la actuación en el corto La puta y el pollito, ¿planeás expandir tu veta actoral?

–Me encantó trabajar en ese corto y siempre que me ofrecen aparecer en frente de una cámara trato de hacerlo. En diciembre voy a grabar una pequeña aparición en un largometraje de Clément Michel, el mismo que dirigió La puta y el pollito.

–Hace 3 años te definiste como una feminista. En Argentina en estos días se está hablando de legalizar el aborto, algo que en tu país es legal hace rato. ¿Qué les dirías a los que sostienen que abortar es un crimen?

–No deberían escuchar a los religiosos ni a los cerrados de mente que dicen eso. Es importante que el gobierno le dé la chance de decidir a las mujeres. Tengo entendido que ustedes tienen una presidente mujer y que allá el casamiento gay es legal, cosa que en Francia no. Esas cosas no tienen ningún sentido, en algunas ejemplos somos de mente abierta y en otros no.

YELLE Y LOS WACHITURROS

Tirate un paso

El primer hit mundial de Yelle fue hace 4 años con el tema A Cause Des Garçons, donde se evidenciaba que el electro pop pegadizo de esta señorita era un recurso obligado para las pistas de baile. El video del tema mostraba a tres adolescentes que se agitaban ante la cámara tirando pasos con sus piernas y moviendo los brazos de forma circular. Vestían chupines, zapatillas grandotas y colores llamativos. Ese baile se llamaba tecktonik y por ese entonces era furor en las raves francesas que mezclaban techno y acid house. “Ahora ya no existe más pero en 2007 en las calles de Francia todos estaban haciéndolo y vistiendo de esa manera”, recuerda Yelle, que gracias al empuje mediático que le dio en ese entonces la bautizaron “La reina del tecktonik”, independientemente que su música no guardaba muchas similitudes con el movimiento.

Al año del boom francés en Argentina nacía una de las últimas expresiones adolescentes que más llamó la atención: los floggers. Ellos también vestían chupines, zapatillas grandotas y colores llamativos. Más allá de los parecidos estéticos también tenían un baile casi idéntico al tecktonik, que en este caso se llamaba “pasito electro”. Como todas las modas, con el tiempo pasó a ser parte del recuerdo, pero a lo largo de 2011 surgió otra expresión social que mezcla baile, adolescencia y tendencias marcadas: los Wachiturros. Con una identidad mucho más urbana y música que se expande a los sonidos latinos ellos repiten pasos, meneos, léxico juvenil y una línea a seguir en cuestiones de vestuario. ¿Qué hubiera sido de ellos si Yelle no hubiera hecho famoso el tecktonik?

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