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Jueves, 29 de diciembre de 2011

BEATLES, EL ORIGEN

Yeah, yeah, yeahs

 Por Javier Aguirre

Nacer antes que alguien no es ningún mérito; pero verla primero, hacerla primero, sí. Y la cosmovisión beatle supone que todo, casi todo, en la historia de la cultura rock, fue hecho, primero, por Los Beatles. Es decir...

Que Helter Skelter llegó antes que el metal o el punk rock.

Que colaron ritmos, estructuras e instrumentos no occidentales antes de que nadie hablara de rock fusión, o mucho menos, de world music.

Que les ganaron de mano a todos los rockers, a casi todos, con los discos conceptuales, con la psicodelia de masas, con la estética paramilitar, con el misticismo, con la experimentación art-rock, con los cortes de pelo polémicos, con el rock sinfónico, con el hype mediático, con salir en bolas en la tapa de un disco, con el desafío al poder monárquico, con el desafío al poder estatal, con el desafío al poder religioso, con las letras en cocoliche-esperanto, con el rock de estadios, con las canciones surrealistas, con el rock satánico, con quejarse de los impuestos, con las peleas legales a abogadazo limpio, con ventilar en público los trapos sucios de la interna a lo Spinal Tap, con los emprendimientos empresarios, con los apadrinamientos a rockers en ascenso, con las canciones en las que los músicos se tiran dardos entre sí, con las novias que cargan con toda la culpa cuando uno se va de la banda, con las hordas de fans histéricas que adhieren al sufijo “manía”. Incluso Ringo Starr, en el show de la terraza del edificio de Apple, se vistió como un Auténtico Decadente casi veinte años antes que Cucho Parisi. Y así.

Todo rocker tiene ídolos mayores que él, y el mito de la eterna Juventud Beatlista no pasa por la edad, ni por las cronologías: el golpe de Estado que derivó en la dictadura de Onganía “suena” mucho más viejo que la salida del disco Revolver, a pesar de que hayan tenido lugar en el mismo año. La imagen más teen de Los Beatles es la que los tiene con flequillos, mentones afeitados, pupilas dilatadas y sonrisas anfetamínicas. Mientras que su imagen más madura los recuerda cruzando Abbey Road de traje, con largas barbas y dudosa vejez: George Harrison tenía 26 años, Paul McCartney, 27; John Lennon y Ringo, 29. La condición de pioneros y vanguardistas cristaliza a Los Beatles en un lugar primigenio, de adolescencia permanente, de rito iniciático, de la fuente de la juventud.

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