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Jueves, 29 de diciembre de 2011

CULTURA ROCK

Un acople eterno

 Por Luis Paz

A nuestra altura en la historia del mundo, la cultura rock es un paquete más: cualquiera puede comprar el combo en algún local de fast-life. Lo notable es que la Cajita Feliz del rock, a diferencia de otros sets filosóficos, dice que nunca hay que comerse el combo completo. La del rock es una cultura crítica, estética, ética y política que aplica al amor, a las ideas, a la fe y a todo, porque es la más transversal de las culturas nuevas, la mayor cultura que los jóvenes crearon, con todos sus progresismos y todos sus gorilajes. Pero más allá de justicialismos, republicanismos bananeros, cocaleros y chamanes, el rock es una cultura mundial, una nación sin territorio y sin bandera que encolumna millones.

La cultura rock tiene más dioses que los griegos, barbas más tupidas que las del judaísmo, más imágenes paganas que el catolicismo y mejores canciones que el evangelismo; pero incluye también muchas tonterías y, pese a su inmensa fuerza identitaria y su facilidad para conmover a las juventudes, es apenas otra de las posibilidades simbólicas de la Humanidad. En la Argentina, tan importante y vasta como la cultura tropical o la del pop, como la del gimnasio o la del Blackberry.

El rock es sólo un momento, un acople en la eternidad de la historia, apenas 50 años de música que distorsionaron la Humanidad para siempre. Pero también es el grito inmortal de las juventudes: cuando mamá mono mandó al pequeño monito a limpiar las cáscaras de banana que la beba monita había tirado al piso y el niño mono se negó, nació el rock. La cultura rock es el relato de eso que vino luego. ¿No? ¿No nació ahí? ¿Entonces cuándo? ¿Con Los Beatles? ¿Con Chuck Berry? ¿Con el primer viaje de Marty McFly al pasado? ¿Con la prohibición? ¿Con Verlaine? ¿Con el avistaje de ovnis? ¿Con Vietnam? ¿Con los organismos pluricelulares? Lo que conoce nuestra era, medio siglo después del rock, es que en un momento se lo llamó rock y se generó su cultura, su industria, su fe, su arte y su filosofía.

Uno quiere apresar la cultura, tomarla como a un globo, inflarla y doblarla, dejarla convertida en un lindo perrito de globo fucsia para la mesa de luz. Pero la cultura se desinfla en tus manos o se escurre como forro extra lubricado; y el rock, peor aún, se retoba, corre a apagar la luz, sale al patio y te asusta por la ventana, indomable y quilombero. La cultura rock es la que te habilita a decirle al rock: “Salí de ahí, tontito, que te vi y a mí no me vas a engrupir”.

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