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Jueves, 29 de diciembre de 2011

LA VELOCIDAD

Elogio de lo rápido

 Por Jose Totah

La semana pasada, el cantante norteamericano Bon Jovi tuvo que salir a desmentir que estuviera muerto y, para probarlo, twitteó una foto suya posando junto al arbolito de Navidad, con cara de “tengo para rato”. En esos mismos días, el Flaco Spinetta publicó en su sitio oficial una carta en la que aclaraba los tantos sobre su estado de salud e insistía: “No tengo ninguna red social, ni Twitter, ni Facebook, por lo tanto todo lo que lean es falso”.

Está claro que hace 19 años, cuando este suplemento andaba en pañales, ni Spinetta ni Bon Jovi tenían que apurarse en jurar que estaban vivos o que andaban luchando contra una enfermedad. La gente se moría y listo (la necrológica ya estaba escrita y se imprimía al día siguiente). No había que twittear, ni postear, ni mandar un ping, ni aclarar nada por Internet. Es que, en 1992, la red de redes –como hoy se la conoce– se asemejaba bastante al sueño de un científico loco y lo más cercano a una “solución móvil” eran los ladrillos con antena de Movicom.

En casi dos décadas, la tecnología aceleró los tiempos de todo y no se puede evitar pensar (aunque suene a viejazo melancólico) que antes, hace 19 años, se vivía “más lento”: que uno dedicaba varios días a escuchar y paladear el disco nuevo de la banda preferida; que el diario se leía desde la portada hasta la página de los chistes, que lo más cercano a la velocidad era el zapping.

En contraposición a la patita puesta sobre el acelerador surgieron nuevas teorías que glorifican “lo slow” y predican un “elogio de la lentitud” (es el nombre del best-seller del escritor canadiense Carl Honoré), que abarca desde la forma de comer hasta el modo de desplazarse en la ciudad. “Creo que vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir”, dice el autor.

Pareciera que, últimamente, la inmediatez se convirtió en un valor positivo, que la rapidez define la juventud, que aquello de “muere joven y tendrás un cadáver bonito” tiene más vigencia que nunca. Por eso, como el mundo se termina en 2012, el NO recomienda que se apuren todavía más: que posteen cualquier cosa, que twitteen debajo de la ducha, que pingueen como dementes. Total, el año que viene, cuando nada de esto exista, no va a ser necesario hacer la gran Bon Jovi y aclarar que estamos vivos. Así es, dicen, la velocidad.

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