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Jueves, 29 de diciembre de 2011

EL SKATE

La libertad urbana

 Por Facundo Enrique Soler

Las urbes reprimen la libertad de locomoción de sus habitantes. La vereda marca un camino, la calle se cruza en determinado lugar y casi todos los movimientos están trazados por simétricas medidas aportadas por los carteles, las luces y el gris. “La ciudad está construida para que un burro ciego camine por ella”, decía el filósofo Enrique Symns acerca de este molde social que hace que todos se muevan en las mismas direcciones y horarios. Pero existe una variante que busca corromper a las edificaciones que impone la metrópolis. Ese alivio es el skateboarding, el hobby que se transformó en deporte para terminar siendo un estilo de vida de la juventud mundial.

Lejos del rótulo de “extremo”, la verdadera finalidad de subirse a la tabla es intentar emular la sensación de surfear olas de cemento, de esa forma se gestó este fenómeno. Los surfers de California (vaya urbe si la hay) de hace 6 décadas atrás se aburrían en el regreso de la playa a sus casas, y en una de esas vueltas decidieron ponerle ruedas de patines a una de sus tablas. De esa forma hacían equilibrio sobre los océanos de agua y de concreto.

De un inocente juego de niños nació el skateboarding, que más tarde logró poner a una horda de adolescentes (el 84 por ciento de los 40 millones de skaters que hay en el mundo son menores de edad) a desafiar leyes tales como la gravedad, el tránsito y la propiedad privada. Pero las características de esta cultura no sólo se quedaron en lo deportivo sino que también influyeron en sectores artísticos para lograr películas como Kids de Larry Clark, bandas hardcore como Dead Kennedys y muestras de pintura y fotografía de parte de Ed Templeton.

A Buenos Aires el fenómeno llegó en los ‘80 con Walas de Massacre coronándose campeón argentino de skateboarding. Siguió más tarde cuando Nekro de Fun People invitaba a “hacerle un ollie al odio” a su público para luego entonar Skateboard from Hell. Este año se inauguraron skateparks en Mataderos y Belgrano, y por primera vez hubo mimos políticos hacia la cultura que comenzó siendo una cosa de punks marginales y hoy es un lugar común adolescente.

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