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Jueves, 29 de diciembre de 2011

DE MARADONA A MESSI

Vamos los pibes

 Por Javier Aguirre

La esperanza siempre tiene cara de pibe. Como ése; un chico flaquito, que tiene la nariz a un kilómetro del labio superior, efecto visual del hocico lampiño. Demasiado pronto para bigotes y músculos en las piernas, pero está calentando y va a entrar: se viene su primera en Primera, y el futuro es infinito, hasta que alguien demuestre lo contrario. Cada pibe de inferiores que debuta en el equipo profesional es el potencial crack, el mesías en estado embrionario, la promesa del héroe redentor, la eventual próxima gran maravilla.

En el fútbol se nota como en pocas arenas el poder regenerativo y refundacional que supone la juventud. Los cracks siempre explotan jóvenes y aunque hoy, al cierre de esta edición –al cierre de este planeta– Diego Maradona sea un cincuentón de traje y luzca como un cuadrilátero canoso, seguirá siendo “el pibe de oro”. Los pibes son siempre de oro. No hace falta esperar a que Lio Messi envejezca para descubrir que él tampoco envejece.

Este año “Fútbol para Todos” honró la maquinaria productora de aspiranteens a cracks que tienen los clubes con los separadores “Vamos, vamos los pibes”, elogio del establishment futbolero a las divisiones formativas. Es que, cuando las papas queman, cuando estamos por irnos al descenso, cuando ya rajaron al DT, cuando la suerte parece echadísima, cuando vamos perdiendo 3 a 0 contra unos muertos, y cuando el sueño se derrumba... nadie quiere carros viejos, lesionados crónicos, ni camarilleros con vasta experiencia en Europa. En ese momento de apocalipsis deportivo, en un acto definitivamente rocker, hasta el más irracional tetrabrickero del tablón prioriza la preservación de la especie, demanda la presencia inmediata del futuro como paliativo para este presente negro, y pide a gritos: “Poné a los pibes, la puta que te parió”; “Vamos, vamos, los pibes”. A esos imberbes nadie los echa de la plaza. Cuando llega el fin del mundo, el soberano elige encomendar su suerte y destino a un grupo de pibes de 18 años. Cualquier comparación con la guerra es una cagada.

La profecía interior de todo hincha pone las fichas en que un día, de la cantera propia, brotará el elegido, la suma de todos los cracks, el caballero Jedi de la gambeta, el enviado a la red... Maradona era único e irrepetible; pero un día llegó Messi, que es único e irrepetible, aunque algún día llegará otro. ¿No será justamente ese chico flaquito, con la nariz a un kilómetro del labio superior?

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