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Jueves, 29 de diciembre de 2011

EL SEXO

La cara de Dios

 Por Juan Barberis

A mediados de los años ’50, Elvis revoleaba su pelvis a niveles desconocidos y miles de adolescentes lo admiraban con fascinación, deseo y calentura. En esos movimientos todavía algo ingenuos, el Rey de Memphis empezaba a traducir la histeria sexual contenida tras siglos de hipocresía, doble moral e ignorancia. El sexo, por primera vez, encontraba en el rock un aliado batallador; un conducto llamativamente similar por el cual se podía llegar a compartir, expresar y cuestionar lo establecido.

En diciembre de 1953, un tipo como Hugh Hefner lanzaba el primer número de Playboy –¡con Marilyn Monroe en tapa!– y abría un nuevo espacio de ruptura y provocación ante el espanto de viejas y mojigatos. En 1960 se aprobaba el uso de la píldora anticonceptiva y Helen Gurley Brown le daba forma a Cosmopolitan, un manifiesto feminista de divulgación e información sexual. El sexo ya no parecía sólo reducirse a un mero acto de reproducción: ahora era también el destape contenido de varias generaciones.

Con la Guerra Fría en ebullición, el movimiento pacifista hizo del hippismo su carta más visible, llevando la revolución a un segundo nivel. El mundo que habían enseñado, descripto y delimitado los adultos, se ahogaba en charcos de sangre y el sexo libre se transformaba no sólo en una forma de satisfacer el deseo sino también en un modo joven de expresión, rebeldía y transgresión. Woodstock, la congregación más memorable de la historia del rock, fue el lugar perfecto para llevarlo a los ojos del mundo: chicos y chicas hicieron el amor y no la guerra, intercambiando fluidos con naturalidad animal.

Mientras tanto, en la Argentina de 1970, Moris apostaba a la diversidad. “Ustedes dicen macho, varón y qué sé yo, me meten en un molde como si fuera un flan”, cantaba en Escuchame entre el ruido y planteaba un debate prematuro. Entre raptos de culto al cuerpo, pornografía casera y las habituales culpas cristianas, el fin del mundo nos encuentra todavía intentando demoler paredes (la última victoria fue en julio de 2010, con la aprobación de la Ley de Matrimonio Igualitario). Ya sin ser parte de una minoría que batalla (y con la tríada de “sexo, drogas y rock and roll” que parece algo sacada de contexto), hoy el sexo es mercancía con espacio de prime-time en la TV y brota con fuerza desmedida desde la PC con sólo un golpe de mouse. Suficiente como para observar, por ejemplo, a la adorable de Silvina Luna acariciarse en HD y tirar cachonda: “La tengo peludita, ¿ves?”.

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