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Jueves, 29 de diciembre de 2011

LA GUERRA

Los pibes como carne de cañón

 Por Brian Majlin

En alguna esquina de la ciudad, de cualquier ciudad –sea Buenos Aires, Río de Janeiro o El Cairo–, un chico –no importa su edad– juega a matar a otro. Lo hace con inocencia, para divertirse. Sin maldad, pero con fiereza. Con precisión, asesta tres disparos con su metralla imaginaria. El amigo se deja morir y se pliega al anodino juego. Desde chicos, desde siempre, se juega a la guerra. Y la guerra, la real, juega con los niños.

Fogwill escribió Los Pichiciegos en tres días. Bastaron 72 horas para exprimir las voces de unos jóvenes imaginarios que podrían no serlo y que legaron lo que hay que saber de Malvinas y de la guerra en general. Dos mensajes, sobre todo: en la guerra, lo único que te mantiene vivo es pensar en qué vas a hacer cuando acabe y, a la vez, todos los pibes estaban cagados –literalmente– de miedo.

Si no lo leíste, leelo. Es lo que les tocó a los pibes como vos cuando fueron puestos en escena por la ambición mixta entre el imperialismo inglés y la hijaputez militar argentina. Nacionalismo berreta. Siempre se metieron con los pendejos. Primera o Segunda Guerra Mundial, o guerrita menor y local. Siempre han sido carne de cañón: por su flexibilidad.

Desde la escuela te enseñan el Himno, amar la Patria y... defenderla. Antes guerras multitudinarias, ahora guerras sin costo, donde los muertos los ponen otros. Resuenan Bagdad y Afganistán, ahora que Obama puso un supuesto final a la vergüenza de invadir Irak por 10 años. Pero pasa también en Africa y en todos lados.

La infancia es un invento moderno. Antes los pibes eran como adultos y a otra cosa. Laburaban, se casaban, cogían y morían. Y, claro, iban a la guerra. Ahora, con los Derechos del Niño, se supone que no. Los pibes tienen que esparcirse y jugar. También tienen que ir a la escuela, ser dóciles y estar listos para la vida adulta. El sistema les cobra su tiempo libre. El servicio militar también es algo moderno. Ponele 200 años, aunque la guerra sea vieja y la participación de los chicos también. En la Argentina ya no es obligatorio, pero aún es refugio de muchos. Luchando por un sueldo, en esta época de gerundios y sueños. Por un sueldo.

En Colombia hay 7 mil niños en armas, es obligado. Andy es un militar de 19 años, hace guardia en Bogotá y es fanático de Soda Stereo. Sufre: “Esto es una mierda, quiero irme. Tengo miedo de que me envíen a pelear con las FARC”. Sabe que esa guerra no es suya y que pelearía con chicos de su edad. Andy jugaba desde chico a matar a sus amigos. Y siempre ganaba.

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