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Jueves, 3 de mayo de 2012

Las puertitas de la percepción

A los 22 años, este artista inglés sorprendió a la escena musical mundial con un trabajo demasiado grande para su edad; algunos dicen que atinó con la receta del pop que se viene.

 Por Yumber Vera Rojas

De entre la fauna indie que le pone color a la sobriedad de hormigón de la sucursal barcelonesa de una cadena internacional de hoteles cinco estrellas, sobresale una figura delgada y bien espigada cuyo rostro adolescente no puede disimular la fascinación por todo lo que le rodea en ese momento. El sol del mediodía mediterráneo pareciera estar demasiado picante para su piel pálida, así que se aleja de la pileta hasta encontrar refugio en la sombra. De la misma manera que lo fue hasta hace poco tiempo, en ese rincón se transforma nuevamente en un espectador del lobby. Pero su éxtasis se ve interrumpido cuando le advierten que un canal de televisión lo espera para una entrevista. James Blake aprovecha su estadía en la Ciudad Condal para promocionar su celebrado disco debut, llamado igual que él, que presentó anoche en el Primavera Sound, en el que fue uno de los actos más esperados del festival. Y es que el artista inglés sorprendió a la escena musical mundial con un trabajo demasiado grande para su edad, pues con 22 años atinó con la receta del pop que se viene.

Cuando el dubstep finalmente se coló en otras esferas, al punto de que Justin Bieber anunció en diciembre que su próximo álbum tomará ese rumbo, el género había evolucionado de una forma tan pasmosa que la progenie de músicos que a mediados de la década pasada se inició en él como público, desde hace un par de años incitó su urgente renovación. Mientras sacaba la carrera de música en la Universidad de Goldsmiths, la fulgurante estrella londinense fue moldeando sus bajos oscuros y tambaleantes, y desacelerando los bpm, a partir de sus noches en la fiesta FWD, organizadas en el club Plastic People de la capital inglesa, donde se formaron las figuras de la escena. Tras pararse detrás de las bandejas, vio que ya era hora de comenzar a mostrar sus propias producciones. Con el 12 pulgadas Air & Lack Thereof, en 2009, Blake inauguró una escalada creativa que continuó al año siguiente con tres EPs. Si el segundo de estos discos de corta duración, CMYK, vislumbró su semblante R&B al samplear algunos temas viejos, el tercero, Klavierwerke, lo encontró desarmando grabaciones que había hecho con su piano y voz.

Aunque de a pedacitos fue mostrando en qué consistiría su próximo material, la revelación de la música británica causó conmoción al anunciar el lanzamiento del sencillo introductorio de su álbum debut: uno, porque ofrecía un giro radical a su faceta dancefloor, al presentarse como cantautor; y dos, por tratarse de una versión de un tema de la canadiense Feist, Limit to your Love, al que le dio una orientación tan personal que la tornó en otra canción. Incluso superior a la original. De esa forma, el hijo de James Litherland, antiguo guitarrista de la agrupación de rock progresivo Colosseum, empezó a desflorar la sustancia de este trabajo, que aparte fascinaba temas tras tema por la aproximación generacional de sus letras, por darle un rumbo distinto a la electrónica, y por la seriedad con la que se toma su concepto artístico y la seguridad con la que lo transmite. La misma que irradia por teléfono, antes de su estreno, junto a su grupo, en Buenos Aires. “Estoy muy emocionado”, asegura James Blake. “He oído mucho sobre Sudamérica, y creo que esta experiencia nunca la olvidaré.”

–¿Siempre supiste que tu primer disco iba a ser de esa manera?

–Sí, lo sabía debido a que al mismo tiempo que hacía música de baile, estaba escribiendo letras. Todos los días. A veces hacía una cosa, luego la otra y en ocasiones ambas. La mezcla era algo confusa. Estaba guardando estas canciones para usarlas en un futuro, hasta que conocí a mi manager, quien me ayudó a darle orden a esto, a tener una narrativa escéptica, por lo que es mi carrera. Por eso la gente ahora puede entender de dónde vengo, porque es el orden que le dimos a esta propuesta.

–Es interesante la manera en que lograste adaptar el dubstep al formato canción. ¿Sos el primer crooner del género?

–Nunca entendí el significado de la palabra crooner. Quizás estoy desconectado de él. Me suena a Frank Sinatra. Pero los hechos me dicen que soy el primero que lo canta de esta manera. Así que quizá sí.

–Tus canciones encierran mucha angustia e incomprensión. En I Never Learnt to Share, por ejemplo, decís: “Mi hermano y mi hermana no me hablan, pero no los culpo”. ¿Cuál es el disparador de tus letras?

–Esa letra no la inspiró ningún hecho en particular. Era más un ejercicio de cómo escribir una canción, porque realmente no soy un compositor, sólo estoy aprendiendo. Cuando la hice, no me decía nada. Pero luego de que la canté una y otra vez, se convirtió en una especie de mantra. Comenzó a sobrar sentido. Es un ejemplo de cómo el lenguaje puede transformarse en algo significante cuanto más le repetís.

–Al igual que The xx, sos uno de los pocos artistas británicos que en sus canciones representa muy bien su generación. ¿Fue uno de tus objetivos cuando decidiste volcarte a la música?

–En efecto, como todos, quería hacer algo grande. Pero tenía que ver más con la honestidad que con el éxito. Quería ser cualquier cosa en mis propios términos, y no comprometerme con nada. Y hoy puedo decirte que creo que lo logré.

–En una entrevista a The Boston Phoenix dijiste que no te gustaba el giro que dio el dubstep en Estados Unidos por su machismo. Pero Skrillex, que es el embajador del género en ese país, y actuó hace unas semanas en Buenos Aires, ganó un Grammy, mientras que los exponentes británicos ni siquiera fueron tomados en cuenta en la industria musical de ese país. ¿A qué te referías?

–Mis comentarios en lo absoluto estaban destinados a él. Yo me refería a la dirección que había tomado el dubstep en los Estados Unidos, pues en realidad tenía que ver con el género que lo recibía, si es más masculino o femenino, y cómo las diferentes variantes del estilo afectan a hombres y mujeres. Como DJ, es una experiencia bastante común tener una habitación llena de hombres cuando pasan música agresiva, mientras que las mujeres se van porque no se identifican con ella. Es una situación muy común. La perspectiva debería ser diferente, que el deejay pudiera entretener a ambos sexos al mismo tiempo. De esa forma tendría una multitud mayor. Nunca mencioné a Skrillex en esa entrevista. Aprovecho para felicitarlo por el Grammy, le deseo mucha suerte. Aunque también Bon Iver lo ganó, con quien colaboré en un tema. Me dijo que era rara la sensación de obtenerlo.

–¿Cómo se produjo la colaboración entre Bon Iver y vos en el tema Fall Creek Boys Choir? Muchos pensaron que iban a editar al menos un trabajo conjunto, pero se quedó en el tema de tu EP Enough Thunder (2011).

–No coincidían nuestros tiempos, por eso me mandó su parte por Internet. Me gustaría coincidir con él en un estudio. Espero que se dé en el futuro.

–Después del éxito de tu primer disco, ¿sentís la presión cuando pensás en el segundo?

–En realidad, no. La gente sabe que me gusta seguir adelante. Así que tené por seguro que podrás esperar un cambio en lo que viene. Tampoco me sorprendió su repercusión. Creo que el nuevo disco, que saldrá a comienzos del año que viene, será más agresivo. Tendrá un alcance mayor.

–Si en algo coinciden el reguetón y el dusbtep es en el uso del auto–tune. Ahora que venís a Latinoamérica, ¿te interesaría incluir algún sonido de la región en tu próximo álbum?

–Tengo muchas ganas de conocer música de Sudamérica, no sólo ir a tocar y ya. Estoy seguro de que habrá cosas que me impresionarán, aparte del reguetón, que tiene un concepto interesante, especialmente porque está bastante lejos, geográficamente. Por eso quiero descubrir más. Estoy interesado en la percusión, todo lo genera.

–Muchos creyeron que el dubstep era un estilo de moda y pasajero, pero hoy ya se habla de post-dubstep. ¿Cómo ves el futuro del género?

–Cuando salió el post-dubstep, mucha gente pensó que seguía haciendo dubstep. Ofrecían propuestas y mezclas novedosas. Y era un montón de gente la que lo practicaba. Así que sintieron que estaban en el derecho de separarse.

–Tomando en cuenta que el tenista negro más famoso del momento se llama igual que vos, ¿no se te ocurrió usar otro nombre artístico?

–Yo no era consciente de eso, lo elegí porque Blake es mi segundo nombre. Pero, por suerte, ya lo superé en Google. Así que no tengo por qué preocuparme más.

* James Blake actuará, como parte del Personal Pop Festival, este viernes a las 21 en La Trastienda (Balcarce 460).

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