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Jueves, 31 de mayo de 2012

TAURA EN ESCALA DE GRISES

“Hacemos canciones de amor”

Mientras disfrutan de la edición de lujo de El fin del color y planean su aparición en vinilo, los Taura alientan: “Estar mal se puede modificar en un minuto”.

 Por Lucas Kuperman

Es una tarde lúgubre de un otoño que no quiere terminar de serlo. La llovizna, la niebla y un gris profundo reinan sobre la tardenoche de Villa Crespo. Allí aguardan sentados los integrantes de Taura. Entre ellos, el cantante, Gabriel “Chaimon” Raimondo, con sus brazos tatuados, de los que resalta el apellido Salinger. Todo hace pensar que las coincidencias no existen. Es una tarde gris y oscura, al igual que las de los cuentos del autor de El cazador oculto, y la de la tapa del último trabajo de estudio de la banda, El fin del color, un disco contundente que llama la atención desde su impactante edición de lujo, que incluye un booklet con fotos que retratan el proceso de grabación. “Quisimos hacer algo que los fanáticos de la música tengan ganas de adquirir”, comenta. Las cosas se pueden hacer bien si se lo desea. Es nuestra propia revolución, dado el contexto de rock en el que vivimos. No tenemos atrás una productora ni un padrino artístico. Lo que tenemos son canciones y deseos”, asegura el cantante.

Los músicos del cuarteto –Alejo García Guraieb, Leonardo Della Bitta y Santiago García Ferro; baterista, bajista y guitarrista respectivamente– son particulares: ante una interrupción, se piden disculpas y continúan. Dejan de lado el yo para hablar de un nosotros. Explican que El fin del color supone un montón de situaciones, como señala el cantante: “Es una especie de efecto, donde todo gira a negro. Pero no es todo negro, hay una escala de grises impresionante. Cuando uno está mal, siente que todo se torna gris, que se acaba todo, que está parado en un péndulo. El fin del color para uno puede ser el comienzo de algo más colorido para otro. Tiene esa ambigüedad poética que nos identifica, nos gusta y te deja imaginar”.

“Nosotros hacemos canciones de amor, y no nos da pudor decirlo”, se para Gabriel. Y Santiago, el guitarrista, explica: “Que sean de amor no quiere decir que sean románticas. Giran alrededor de cómo un estado de ánimo puede alterarse tan rápida y drásticamente. Generalmente, la situación de estar a gusto, o en el fondo del mar, se puede modificar en un minuto”.

–Da la sensación de que El fin del color tiene una cosa más rockera que Huésped, su trabajo anterior, que los emparentaba más con el stoner.

Chaimon: –El stoner está emparentado a un sonido grave. Si uno escucha bandas stoner, las canciones son largas, hay muchas partes instrumentales y las letras son bastante lisérgicas. En ese sentido, nos sentimos en otro universo, aunque no por eso vamos a negar una situación que nos emparenta, porque existe. Si alguien nos siente stoner, no está mal. Lo importante es que le guste. Este disco es más rockero, más directo, tiene esa energía de tracción a sangre. Es menos emotivo, pero no por eso menos intenso.

–Planean sacarlo en vinilo. ¿Es difícil en esta época digital?

Alejo: –Aunque Lars Ulrich se enoje, hay que abrazar la posibilidad de subir temas a una página, tener un reporte y ver que alguien en Albania se los bajó gratis. Es muy bueno, sobre todo si sos una banda underground. Antes, sacar un disco era un hito que te separaba del resto de las bandas. Igual, el hecho de haber vendido más copias de la edición de lujo muestra que teníamos razón en cuanto a que aún está el fetiche del objeto.

* Taura toca el jueves 31 de mayo en La Trastienda Club (Balcarce 460). A las 21.

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Imagen: Cecilia Salas
 
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