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Jueves, 5 de julio de 2012

UN PASEO POR CHACARITA CON BOOM BOOM... ¡NEKRO!

Cuentos de la cripta

Déjà vu: el NO acompañó al eterno enfant al entierro de Boom Boom Kid y la recuperación del cuerpo de Nekro.
El músico más insigne del hardcore nac & pop para toda una generación volvió a pasear cementerios luego
de editar El libro absurdo, una obra –¡en blanco!– acompañada de un nuevo disco. “Lo absurdo es que estés esperando que te digan qué hacer”, asegura el ex Fun People.

 Por Facundo Enrique Soler

“¡No! ¡Abajo!”, grita una señora con el pelo enmarañado en chuflines que viste buzo polar bordó, pollera azul y medias de Boca Juniors. “¡No! ¡Estado civil soltera!”, responde cuando se le consulta por qué tanto enojo, imposibilitando cualquier tipo de conversación coherente. La dama, una cuarentona habitúe del Cementerio de la Chacarita, se enoja al ver que un muchacho de campera, rastas rubias y anteojos de sol se subió a una tumba y, a partir de ese conflicto, persigue con distancia y mirada vigilante al intruso a lo largo de su estadía. El “profanador” es Nekro. El eligió ese mar de tumbas en el medio de la ciudad para realizar esta entrevista con el NO, haciendo hincapié en que en los últimos tiempos volvió a llamarse con su nombre más conocido tras una larga fila de apodos como Boom Boom Kid, Il Carlo, Boom Vaan Kinder y otros no tan conocidos.

Afuera, el paro nacional con movilización a Plaza de Mayo, discurso de Hugo Moyano incluido, genera que Buenos Aires sea un infierno de tránsito, estrés y calor (sí, en medio del invierno), pero en la Chacarita el aire es diferente. Los muertos puertas adentro descansan en una paz inquebrantable y los vivos de ahí afuera viven en un plano terrenal caótico (¿no es algo paradójico?). No hay ruido, desde la entrada hasta la parte principal del cementerio no se contabilizaban más de diez personas (vivas) y difícilmente se visualice una bandera política. Sólo flores. En ese fastuoso redondel de 95 hectáreas, el camposanto más grande de Buenos Aires, Nekro se pasea cómodo contando historias de tumbas famosas, señalando los caminos hacia los rincones más peculiares y recordando los cementerios del mundo que recorrió (haciendo especial énfasis en los tétricos parajes de Nápoles y París). Cada tanto se detiene para admirar los mausoleos que incluyen estatuas de ángeles o inscripciones en cobre: cada uno de ellos le llama la atención para frenar a mirar un poco más y destacar la belleza de sus detalles. “Volví a llamarme Nekro porque volví a caminar por los cementerios. Empecé a prestarle más atención a la arquitectura de la ciudad y encuentro estos lugares como los más bonitos. Acá todo es paz, no hay tráfico, ni smog, ni ruido y algunas tumbas son muy lindas”, explica. “De todas maneras no me copa que crezcan los cementerios. Me gustaría que los cierren y queden así, para visitarlos.”

El bautismo de Nekro, como tal, fue a mediados de los ‘80. Por entonces, Carlos Damián Rodríguez, un incomprendido muchachito de Campana, era fanático de Slayer. Cuando tuvo que elegir un sobrenombre, adoptó el suyo por Necrophiliac, uno de sus temas. “Primero era Carlos Necrophiliac, pero como de pibe era muy chiquito de cuerpo, se acortó a Carlos Nekro. Cuando Slayer tocaba ese tema en vivo, lo presentaba como una serenata de amor, amor a alguien que está enterrado cuatro metros bajo tierra. Me copaba eso.” El resto de la historia incluye a ese muchachito liderando Fun People, la banda hardcore argentina más representativa de todos los tiempos, hasta principios de la última década, cuando decidió “matar a Nekro” en un recital de Cemento. El fin se tradujo en principio y así apareció Boom Boom Kid, su nombre de solista, con el que siguió esa maratónica carrera por el mundo, brindando eléctricos recitales rockabilly y hardcore, entre boleros melódicos y sinfonías metaleras, continuando “la campaña para desterrar el odio” junto al soporte a los derechos animales y la demonización de la Iglesia, el ejército y el aparato político.

El pasado 27 de mayo, en Groove, sucedió el japenin, la última locura de Nekro. Durante las semanas anteriores al evento prometió que regalaría su propio manifiesto personal, El libro absurdo: una guía a su manera. Ese día, ante un recinto totalmente lleno de gente, Boom Boom Kid realizó 70 temas sin parar a lo largo de más de dos horas de show entre sus canciones como solista y los hits inoxidables de Fun People. A la salida se entregó a los comensales un libro en blanco que en el fondo traía un CD. La única explicación a este peculiar obsequio era un panfleto dentro que decía: “Sí... hojas en blanco y el absurdo no es esto, el absurdo es que hayas esperado instrucciones a seguir por parte de mí. ¿Tan engreído y me quisiste aun así?”.

–¿Por qué un libro en blanco?

–¿Por qué no? Quería hacer algo diferente, innovar. El libro absurdo es para defenestrar esa idea de que lo que pueda llegar a decir afecta a otras personas. Para que nadie me tome como ídolo. Lo que digo en las canciones son opiniones sin ninguna intención de cambiar el pensamiento de nadie. Son mis cosas, si querés tomalas y si no, todo bien, pero siempre recibilo como una opinión. Es muy preciso lo que digo: lo absurdo no es un libro en blanco, lo absurdo es que estés esperando que te digan qué hacer. Me preocupa mucho el poco mastique que hay hoy en día...

–¿Mastique sobre qué cosas?

–Sobre lo que dicen las personas que hablan en un micrófono, escriben en un diario o aparecen en la TV. Se manipula mucho al público desde esos lados y El libro absurdo es justamente eso: abrí los ojos por que no está bueno que te manipulen. Es un problema que encuentro en todos lados, hasta me parece ridículo que sigamos votando para que alguien te diga qué hacer. La vida es para gozarla, no para ser siervo.

–Te sigue un público de todas las edades, los lugares y los estilos. ¿No sentís que tu opinión es un tanto didáctica?

–No. Yo no le bajo línea a nadie, solamente a mí mismo. Por eso sacamos este libro; cuando hicimos toda la movida del japenin, nos terminaron tildando de hijos de puta por repartir un libro en blanco. Esperan que yo les dé instrucciones en palabras. Está vacío, pero tiene mucho contenido para mí, te estoy diciendo algo con eso: “No esperes de mí nada porque no te puedo dar nada, lo que estás esperando está en vos”. Con ese planteo hubo una reacción buena y mala, estamos contentos por eso, quiere decir que todavía tenemos fuego.

–¿Te gustaría que los que recibieron El libro absurdo lo llenen con sus propios escritos o dibujos?

–Que hagan lo que quieran con sus libros en blanco, que cada uno tenga su propio libro, su propio vuelo. Y si no vuelan, no vuelan. Nosotros quisimos hacer eso.

–Más allá de un manifiesto, tuviste una vida muy particular. ¿Nunca se te acercó un escritor a proponerte una biografía?

–Se me ha acercado gente con esa idea, pero no me interesa. Mi vida es común, sin clase, ni estilo. No me siento para nada especial. Con este planteo del libro en blanco entendimos que como banda nos íbamos a recontra quemar y fue así: nos llamaron estafadores, y probablemente venga menos gente a nuestros shows.

–¿De veras pensás que va a ir menos gente a tus shows por esto?

–Sí, y no me importa; tampoco si el próximo disco no lo compra nadie. La idea era destrozar esa premisa de “yo diciéndote qué hacer”.

–¿Va a haber un próximo disco?

–Sí, estamos viendo de grabar en un solo estudio, con un mismo técnico y toda la bola. Canciones sobran. Desde Espontáneos minutos de 2x2 es 16 odas al Dada tunes (2007) que no trabajamos de esa manera. En menos de un año seguramente lo tengamos listo y grabemos con la banda que acostumbramos tocar en Capital (N. de la R.: Chelo en batería, Javier Marta en guitarra, Darío Lopez en bajo y Nekro, obviamente, como cantante).

El libro absurdo casi no tiene palabras. Tan sólo las catorce letras que completan su título, más el nombre del autor y una onomatopeya sin sentido, grabadas en oro sobre una tapa dura negra y unas cuantas páginas con... nada. Al final hay un CD dentro de un sobre que tampoco dice mucho estéticamente. “No quise poner muchas explicaciones, así le doy más bronca a la gente y me tratan de hijo de puta. La lista de temas y las letras igual las subí en un PDF a mi página boomvaankinder.com.ar”, explica. Esa lista de temas cuenta con 39 grabaciones recuperadas de los últimos diez años en las que se pueden encontrar viejas sesiones en solitario con un grabador de periodista, recitales en Tokio, Oakland o Barcelona y un cover a Hanoi Rocks, la banda glam rock de los ‘80. La exagerada cantidad de canciones en formatos de grabación poco convencionales responde a una costumbre que el ex Boom Boom Kid tiene con su discografía: la mayoría de sus lanzamientos fueron compilaciones, singles o rarezas. Todo desordenado, con letras cambiadas y sin mucha línea a seguir, una verdadera muestra de la (bella) desprolijidad con la que Nekro se mueve en su propio mundo sin reglas, ni circuitos convencionales. Hace con su obra lo que le parece y, de alguna manera, funciona.

–El libro está en blanco, pero lo acompaña un disco...

–Yo no lo llamaría disco, es más bien una banda de sonido. Es la música que acompaña la lectura del libro. Muchas de las canciones no estaban en ningún lado o estaban mal ripeadas, me pareció copado largarlas en este momento.

–Entre la gran cantidad de temas que elegiste, hay mucho teclado electrónico, algo raro en tu carrera. ¿Cómo surgió eso?

–Algunas las hice yo con un tecladito y un viejo grabador de periodista, de esos a casete. Después hay otras como A rienda suelta, que las grabó el Pelado (Darío López); él es nuestro bajista y está más metido en la música electrónica. A mí me gusta esa movida, pero hasta 1981, con cosas del estilo de Kraftwerk.

–En ¿Qué es eso de la niñez? describís la problemática del trabajo infantil con una mirada más cruda de la que acostumbrás. ¿En qué instancia compusiste ese tema?

–No fue un hecho puntual, si querés ahora salimos a la calle y al toque encontramos a algún pibe trabajando. Así de triste es. Cuando terminé la canción, saqué algo dentro de mí para estar conforme. Los que hacemos Boom Boom Kid nos dedicamos a la “musicoterapia” o “gritoterapia”. Es medicina que nos ayuda a lidiar con nuestros problemas del día a día.

–¿Con qué problemas lidiás día a día?

–Los problemas de cualquier tipo que quiere vivir en esta ciudad. Pagar impuestos, soportar el estrés y la histeria... Hay que bancarse vivir en un país extremadamente racista y homofóbico. Yo me voy a las cosas de color: hacer música, cuidar a mis amigos, lambetearme con mis animales y concentrarme en las cosas reales. Los 4 que hacemos Boom Boom Kid somos personas felices con más de 30 años y, a pesar de las trabas, hacemos lo que queremos, sin el aval ni el sponsor de nadie. Con o sin dinero, hacemos lo que queremos.

–¿Pensás que la sociedad local sigue siendo tan homofóbica como antes?

–Seguimos siendo una sociedad homofóbica, no veo evolución en ese ámbito. Una travesti no puede laburar de lo que quiera sin que la insulten, no puede ser profesora o maestra jardinera. Si no tienen guita, tienen que prostituirse, que no tiene nada de malo, pero como única opción es horrendo.

–¿No creés que en los últimos años hubo avances al respecto?

–Matrimonio gay o ley de género, son migajas que nos tiran ellos. Acá vinimos a gozar y a disfrutar de la libertad. Vos necesitás todo para ser libre. Dame todo y yo elijo, eso es libertad.

–¿A quién te referís con ellos?

–Los monigotes de turno del gobierno, la Iglesia, las corporaciones. Hay algunos que trabajan para hacerles fea la vida a las personas. Sigo con la campaña para desterrar el odio. Muy amablemente, haciendo música, lo invito a que se vaya.

Una vez fuera del Cementerio de la Chacarita, la situación cambia bastante. El tránsito pesado por la resaca de la marcha, las últimas columnas de manifestantes que vuelven por la avenida Rivadavia y la caída del sol son factores que se disponen a perturbar toda la paz que había en esa isla de muertos en medio de la ciudad. Nekro, sentado en un bar de Congreso, ahora está un tanto más intranquilo, desde que salió del sacramental se mostró así: cruzó la calle de forma acelerada casi sin mirar, siempre había que seguirle el paso y todo detalle lo analizó desde una perspectiva más paranoica que curiosa. En el cementerio, la cosa era distinta: se notaba que allá sí estaba cómodo.

–Cuando mueras, ¿querés que te entierren?

–No, no me gusta el entierro, me parece tonto, al igual que el velorio. A mí que me quemen y me den a comer a los pajaritos, así vuelo por todos lados. Aunque no pienso mucho en eso: el hecho de que yo muera no quiere decir que me van a matar; a mí no me matan más. Yo vivo en cada dibujo, en cada canción. Yo he gritado.

* Boom Boom Kid toca el sábado 7 en el Auditorio Sur (Meeks 1080, Temperley). A las 20.

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Imagen: Cecilia Salas
 
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