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Jueves, 5 de julio de 2012

A EL VUELO DE LA GRULLA NO LE INTERESA QUE LO INVITEN

“El rock se convirtió en un salón de fiestas”

La banda de Roger Cardero está dispuesta a dar el gran salto, pero no a cualquier costo: “Si tirás las canciones sueltas, termina perdiendo la contundencia del concepto del disco”.

 Por Lucas Kuperman

“Pasá, pasá”, dice Roger, enredado entre cables de auriculares. “¿Podemos terminar un tema y después arrancar con la nota?”, pregunta el baterista, y a continuación suena Identikit, quinto track de su disco debut. El power trío conformado por Sebastián “Roger” Cardero (ex Los Piojos), su hermano, el bajista Fernando Cardero, y el guitarrista Guillermo Cudmani (ambos ex Audire) lanzó Metamorfosis, su primer disco de estudio, y se prepara para uno de sus shows más grandes, luego de haber hecho del Salón Pueyrredón su centro de operaciones: “Dimos muchas vueltas por la ciudad. Nos costó porque queríamos encontrar lugares con rock. Vimos que ahí había olor a rock, a punk y a un poco de furia, y nos pareció un buen lugar para empezar. Es una locura tocar y que la gente esté sentada. Estás tocando prendido fuego y ves a un tipo sentado. Eso no te levanta”, admite el bajista.

“Está bueno que el lugar tenga una artística, que el tipo que lo maneja tenga un criterio. El rock se convirtió en un salón de fiestas donde un día se canta lírico y al siguiente, cualquier otra cosa. Se perdió esa movida de ir a un lugar y saber qué vas a ver. No está esa mística de rockería como la podía tener Cemento... ¡es el café concert del rock! Si tocás un riff, está bueno que la gente se exprese”, cierra Guillermo.

Esta experiencia sonora para los integrantes de EVG tiene que ver con una nueva concepción de hacer música, basada en la formación de trío, muy distinto a sus antiguos grupos. “No me gusta hacer comparaciones –comenta Roger–. Esto es lo que me gustó tocar siempre fuera de Los Piojos. Está bueno traer la experiencia que tuve en la banda, el haber vivido cosas importantes. Aunque esto es otra cosa”, aclara el baterista. Y su hermano continúa: “Planteamos la idea de darles más lugar a los instrumentos. En nuestros otros grupos no había esta posibilidad. Antes la canción era lo principal. Ahora sigue siendo importante, pero tienen lugar la tocada, el audio, los arreglos, los riffs y los sonidos”.

Con la oleada actual que rescata la “canción” sobre la instrumentación, EVG aparece con una propuesta más vintage. “Se está recuperando de a poco –confía Guillermo–. Acá de repente hubo muchas bandas que sólo focalizaron en la canción y se perdieron un poquito el tema de la tocada, los riffs, el instrumento, los solos y extender la artística un poco más allá de la canción. Hay una tendencia a volver a eso. No es sólo la canción fogonera, que no deja de estar buenísima. Lo ideal es que cada uno haga la que le pinte. En nuestro caso, queríamos tocar más. En bandas de ocho tipos, cada uno toca un poquito en función de los otros”, dice el cantante.

Con un disco súper veloz, en el cual se despachan con 35 minutos de una marea de distorsión, EVG logró un debut concreto. “Creo que es una buena síntesis. Es lo que le pasó a la banda en tan poco tiempo y se pudo conseguir algo bastante copado”, comenta Roger. Pero más allá de la velocidad del disco, hubo ciertos inconvenientes a la hora de editarlo.

–Se retrasó mucho la salida. ¿No es un riesgo por la velocidad actual que quede un disco “viejo”? O que se filtren las canciones...

Guillermo: –Era una energía que estaba trabada. Cuando sacás el disco, se te libera la cabeza. Pero no queríamos sacarlo de cualquier manera. No queríamos transar con cualquiera, porque te quedás engrampado con un contrato de mierda. Tuvimos propuestas, pero nos dimos cuenta de que no servían. Queríamos respetar la artística. La idea era estar conformes con la manera en que lo sacamos, que coincidiera con la forma de pensar nuestra. Esperamos directamente a sacarlo, no por una cuestión de vender copias sino para no disgregar la obra. Hay una correlación entre las canciones. Si tirás las canciones sueltas, termina perdiendo contundencia el concepto del disco. Eso sería una especie de boicot hacia nosotros mismos.

* El Vuelo de la Grulla toca el sábado 7 en Niceto Club (Niceto Vega 5510 junto a Gran Martell. A las 21.

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Imagen: Cecilia Salas
 
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