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Jueves, 23 de agosto de 2012

SATAN DEALERS PRESENTA CANCIONES PARA DESERTAR

“Nosotros hacemos la nuestra”

Borders y poco transas, los Satan Dealers son limpios y amables, nada de aquello de sucios, feos y malos.

 Por Luis Paz

Pese a su nombre, los Satan Dealers no transan nada. “No nos gusta cómo funcionan muchas cosas de este mundo. Yo me quedo afuera y estoy re tranquilo con eso”, asegura el cantante Adrián Outeda. Del otro lado del café del ex vocalista de No Demuestra Interés, el baterista Cristian Salvucci deja la gaseosa para apoyar: “No somos de ésa de las ‘bandas amigas’. Nosotros hacemos la nuestra con un poco de ayuda del sello, pero somos todo autogestión”. A trece años de su formación, Satan Dealers lleva una década puliendo un sonido que definieron anticipadamente con By my Side y Roaming Songs, al comienzo del milenio: un rock crudo y guitarrero deudor también del power pop, actualmente con más de los Posies que de los Stooges, y nada de satanismo. Los Satan Dealers son limpios y amables, nada de aquello de sucios, feos y malos: su ligazón con aquel rock viene por otro lado y, también, desde otro tiempo: la suya es música con tradición, pero no vieja. De hecho, la que estrenarán hoy en el Salón Pueyrredón es nuevísima: la bautizaron Canciones para desertar.

“Si escuchás bien el disco, la mayoría de las canciones hablan sobre desertar, sobre quedarse al margen, salirse de la norma”, explica Outeda, un discordante de la primera hora, un punk. “Somos más punks que alternativos, pero por lo del hacelo vos”, aplica Salvucci. Lo que no implica una desidia, esa vagancia que aparece cuando hay que hacer las cosas uno mismo: “El disco suena mejor que cualquier otro, eso sí nos importa. Somos músicos y nos gusta que lo que hacemos se entienda y se escuche bien”, dice el cantante.

Canciones para desertar se entromete más aun en la senda del power pop. No, no es pop, no tiene nada que ver con la lógica industrial del pop mal entendido. Esto es rock, y ellos defienden la cultura del rock. Si bien son críticos con “los pibitos que están más atentos a la ropa que a hacer música interesante”, tampoco se pondrían un pijama para tocar. “No me hables de eso. La banda esa de los pijamas fue una de las tantas bandas responsables de que el rock hoy esté como esté, de Cromañón y de que nos sea tan difícil hacer una a los músicos de bandas más chicas. Y me hago cargo de lo que estoy diciendo”, trompea un férreo Outeda.

Cristalino, pero no aguado, viene su disco nuevo, que va del nerviosismo de Detrás del sol al coro de Ella se va, con paradas en aguas turbulentas (y “Turbonegrinas”) y en paisajes enrarecidos (Un dos tres). Con base en el Salón Pueyrredón (“Es uno de los pocos lugares donde pasan cosas todavía, donde hay gente buena que apoya y que respeta al músico”, marca Outeda), el disco será catapultado a esta ciudad “dormida”. Pero siempre por vías concretas: “No me va la de subir el disco. Nosotros crecimos con los discos y no vamos a dejar de hacer discos. Hoy los pibes se bajan mil cosas y no escuchan nada. Todavía apostamos a hacer un disco y que circule, que se venda, que el que lo quiera tener, lo pueda tener con una buena presentación”, defiende Outeda, siempre lejos del tono cascarrabia, siempre cerca de la resistencia cultural e industrial.

* Satan Dealers toca el sábado 25 en el Salón Pueyrredón (Santa Fe 4560). A las 20.

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Imagen: Cecilia Salas
 
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