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Jueves, 22 de noviembre de 2012

FIESTAS LA MAGICA EN PALERMO

Cumbia de autor

 Por José Totah

Un grupo de tres chicas vestidas para matar le echan Speed a un balde de champán. Chocan vasos y corean un tema de Damas Gratis que dice: “Mirá que loco que quedé, del churro que me fumé”. Al lado de las pibas, un flaco con una remera que dice “Las Cañitas” baila a los saltos con uno que es mezcla de rugbier y skater, que tiene una novia con remera de Bowie y pantalones hippones. Si apareciera Chuck Norris en baby doll, cantando un tema de Pibes Chorros, y pidiera una cerveza en esta barra, nadie lo miraría o a nadie le importaría.

Todos ellos (menos Chuck Norris) coincidieron en una de las fiestas La Mágica, en el boliche Palermo Club, en Plaza Italia, que llegan a juntar hasta mil personas por fin de semana y parecen atravesar a todas las tribus y clases sociales. Acá se pasa cumbia y la bailan modernos, chetos, rockeros, rastas, poperos, bailanteros de ley, metaleros y turistas recién bajados de sus naves espaciales. Por este salón han desfilado iconos del género, desde Damas Gratis hasta Mala Fama, Amar Azul o Daniel Agostini. Y también exponentes de la nueva escena cumbianchera, como Los Labios, Fantasma, Kumbia Queers o Cumbia Club La Maribel, entre muchos otros.

Los organizadores, Ariel Fligman y Martín Roisi, dicen que lo que suena en La Mágica es “cumbia de autor, seleccionada y curada en forma artística y caprichosa, que no tiene nada que ver con lo comercial”. “Desde chicos, todos hemos sido oyentes pasivos de cumbia, y lo que está pasando ahora es que el prejuicio sobre el género se terminó de caer”, opina Roisi, músico, escritor y cumbiólogo autorizado. “En algún momento la cumbia nos flasheó, desde lo denso hasta lo pop de los sonidos”, explican.

En esta “off bailanta” vale prácticamente todo, pero no hay reviente sino espíritu de celebración; como si el barrio, ajeno a estos rituales, recibiera un shot de cumbia por una noche y hubiera que sacarle el jugo. En esta maroma de tribus navegan princesas solas y acompañadas, grupos de muchachos que, claramente, no nacieron en la villa pero cantan cumbia villera como si fuera parte de sus vidas. Este parece ser uno de los méritos de La Mágica. “Sentimos que reivindicamos a los primeros grupos de cumbia villera, como Mala Fama y Meta Guacha”, entiende Fligman.

Acodado en una de las barras, un italiano le entra a una cerveza. Según cuentan los organizadores, es un director de cine que vive en Nairobi y está de viaje hace tres meses, investigando los orígenes de la cumbia. Con su equipo de filmación y un presentador y músico chileno llamado Cuti Aste, anduvieron por Africa y toda América latina, para recaer finalmente en Buenos Aires.

La charla se interrumpe cuando empieza a sonar una letra que dice: “En los pasillos de la villa se comenta que el pibe cantina se ganó la lotería”, de Yerba Brava, y la gente enloquece. Hasta los patovas con remera que dice “staff” bailan como robots mal aceitados, mientras en la pantalla se proyectan los mensajes que la gente le tuitea al DJ (Vale y Mario, ortigas, les cabe la electrónica, dice uno) y las chicas se sacan autofotos en plan perreo. Corre el fernet, la cerveza y los tragos. Todos se preparan para la banda en vivo de esa noche, Tambó Tambó –precedida por Los Coholins–, que arranca con un set para romper paredes.

Ya sea cumbia “curada” o no, de autor o apta para todo público, en este salón vale doble la muletilla de Pablito Lescano: La vagancia quiere descontrolar. Y se anotan todos, hasta Chuck Norris.

* Fiesta La Mágica es en Jorge Luis Borges 2450, desde las 24.

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