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Jueves, 2 de mayo de 2013

ALAN DAICZ LA PASA BOMBA

Cara de velocidad

El joven y futbolero actor comparte con el experimentado Jorge Marrale el protagónico de esta película introspectiva que no termina de estallar.

 Por Facundo Gari

“Hago catarsis corriendo”, dice el actor Alan Daicz (18), a lo Murakami. Y eso que funcionaría como slogan para la primera marca de psicozapatillas (anoten publicistas), es su manera de explicar por qué ama el fútbol, por qué juega a ser Messi en un equipo amateur de Belgrano, por qué gambetea en velocidad la claustrofobia de ese taxi que es el mundo. Se lo puede imaginar hace cuatro años, petiso –aunque cueste creerlo ahora, así lo apodaban–, corriendo una pelota hacia el corner, pasándose de largo y creciendo en altura, como si superpusiese dos hitos de Forrest Gump.

Pero no: su zona de llegada era el taller actoral de Javier Barceló. Fue a despejarse de problemas familiares y, dice, dio en la tecla. En poco tiempo, con su papel en Un amor (2011), de Paula Hernández, alcanzó el cine de primera, en el que juegan las estrellas que de chico miraba por TV: Diego Peretti, Natalia Oreiro, Luis Machín y un largo etcétera. A Jorge Marrale lo veía “gritar” en la telenovela Vidas robadas. Ahora le hace eso en la cara en Bomba, película del escritor y cineasta Sergio Bizzio que hoy se estrena en salas comerciales, post-paso por el Bafici.

En el film (producido por la realizadora de XXY, Lucía Puenzo, pareja de Bizzio), el pibe de apellido onomatopéyico interpreta a un santafesino entre nerd y banana que, de arranque nomás, gana un concurso de comic con su grosso Pablo Túnica. Es invitado entonces a presentar su drama autobiográfico, junto a César Aira, en una Feria del Libro que podría ser la de ahora. Pero rumbo a Buenos Aires se desencuentra con mamá y no le queda otra que manejarse solo. Bah, el que conduce el taxi es el embroncado Marrale, y el mundo se contrae al interior de ese coche con más dinamita que oxígeno.

Daicz salva la distancia frente al típico thriller yanqui de aviones, subtes o bondis kamikaze: “El abordaje es más introspectivo, por eso se aleja del cliché”. Lo que ocurre es un “encuentro” entre dos seres y sus distintos dolores. Una corrida “con muchos condimentos”, destaca, a la que acaso le sobre catarsis y le falte velocidad –aun con el acotado aporte rockero de Color Humano en el soundtrack– para que el suspenso haga boom.

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