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Jueves, 26 de septiembre de 2013

MILITTA BORA, INEDITA Y PELIGROSA

“Canto desde que aprendí a hablar”

Parece una pin-up y tiene como referentes a Tina Turner, Donna Summer y Tita Merello, pero esta chica encarna una malicia rockera poco habitual.

 Por Santiago Rial Ungaro

Miles de chicas. Cientos de miles de pibas cantantes hubieran hecho lo que fuera para estar en su lugar. Hace apenas poco más de un año, Militta Bora tenía dos opciones de productores para su disco debut: Juanse o Joaquín Levinton, dos estrellas dentro de un firmamento rockero nunca demasiado poblado que se disputaban la oportunidad. Pero dijo que no. “Ya había arrancado a producir con Jimmy Rip, que tiene mucha experiencia. Y la verdad es que ninguno de ellos dos tienen demasiada como productores.”

Exuberante y canchera, esta muchacha de 23 años que parece una pin-up, y tiene como referentes a Tina Turner, Donna Summer y Tita Merello, no es una chica cualquiera. Basta verla saliendo del baño de hombres con mirada desafiante en la tapa de su aún inédito primer disco para confirmar lo que cantaba Carca de que “la onda está muy mal desparramada: unos tienen mucha, otros no tienen nada”. Incluso antes de escuchar el CD, con un vistazo a la tapa y a la ficha técnica (donde aparecen, entre otros, el Zorrito Von Quintiero, Roy Quiroga, Pablo Memi, el Bolsa González, Andrés Ciro Martínez, Germán Wiedemer y Fernando Samalea) se intuye que acá pasa algo. Y basta ponerlo para entender que, incluso desde antes de salir, este disco es firme candidato a revelación 2013. Militta la rompe: canta bien, tiene personalidad, malicia y onda y, con una pequeña ayuda de sus amigos, arrancó su trayectoria con el pie derecho. Abre esa boca sensual, peligrosa y acepta: “Me armé un dream team. Pero básicamente los músicos que participan son todos amigos, gente con la que ya toqué antes. Jimmy me recomendó algunos músicos, pero insistí en que fueran todos amigos”.

Rip, ese simpático pirata rockero que se instaló en Buenos Aires, la tenía en la mira desde hace tiempo: “Lo conocí hace cuatro o cinco años, la segunda vez que vino a la Argentina. El siempre tenía algún otro proyecto, pero yo sabía que me quería producir, porque me había visto tocar mis temas con mi banda de entonces”. Militta Bora será caprichosa, pero también sagaz: “Jimmy tiene mucha experiencia, no es sólo que laburó con Jagger; también trabajó con Jerry Lee Lewis, Yoko Ono, Kid Creole, Deborah Harry, Television, muchos artistas”.

En su disco, Militta canta con desparpajo sobre estar enamorada de un espejismo, el glamour del dinero o un chico con cara de Christian Dior, aportándole una malicia tan inquietante al rock local como infrecuente: “¿Quién te dio vela en este entierro? Se ve que naciste en un cementerio. Yo sé que tú quisieras volar como yo vuelo, pero es eso imposible, porque sos sólo un cuervo”, canta en Popular. “Canto desde que aprendí a hablar o, por lo que me dice mi mamá, incluso antes. A los 5 años empecé a tocar el piano y a los 11 empecé a tocar la guitarra”, reseña. Secundaria en el Sur, entre Neuquén y Río Negro. Ni bien terminó, a los 17, se vino sola a Capital. Uno a uno cayeron a sus pies Gabriel Carámbula, los miembros de Jazz Paranoico y el Zorrito, que haciendo honor a su nombre, al enterarse de que ella no estaba tocando con su banda porque se había trompeado con el baterista, le ofreció ponerle de nombre a la banda Ella Es El Jefe.

Así fue como Bora consiguió su primer trabajo: tocar en una súper banda con Chucky de Ipola, el Zorrito y Roy Quiroga de los Ratones Paranoicos, con vientos incluidos. Con ese tipo de trabajos (también tocó en el Hotel Faena) logró financiar su disco y, de paso, cumplir sueños, creciendo mientras tanto en público. Es que cuando cuenta su experiencia de cuando cantó en la que hasta ahora fue la última fecha de los Ratones, para el 25º aniversario del grupo, viene a la mente eso de que ‘el pensamiento se transforma en aquello que piensa’: “La verdad es que los Ratones siempre fueron mi banda preferida, y de repente estaba cantando con ellos en el Luna Park. En algún punto muy profundo yo soñaba con que, no sé, cuando tuviera 40 años, capaz que en algún momento iba a cantar con ellos. Lo más increíble es que yo me imaginaba que iba a tener un vestido de lentejuelas plateado. Y a dos días del recital, Juanse me dice: ‘Vos tendrías que tener un vestido de lentejuelas plateado’. Terminamos haciendo una versión de veinte minutos de La nave, mi tema preferido, con Juanse tocando el saxo en público por primera vez. Fue como un sueño hecho realidad”.

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