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Jueves, 16 de enero de 2014

RECRUDECE LA VIOLENCIA EN PAREJAS JóVENES

Daños de inmersión

Lo indican recientes estudios de la OMS y de algunas ONG, que identifican diversos tipos de agresiones físicas en los noviazgos adolescentes.

 Por Luis Paz

Hace unos días, la Organización Mundial de la Salud difundió que por lo menos tres de cada diez mujeres adolescentes sufren o sufrieron algún tipo de violencia (psicológica, física o la tal vez la más perversa forma de abuso físico, que es la violencia sexual) durante un noviazgo, a nivel mundial. En Argentina, donde los datos e informes de violencia de género no pasan por un organismo central y dependen del trabajo de las ONG, una de estas organizaciones, La Casa del Encuentro, informó que al menos una de cada cuatro víctimas fatales de violencia en la pareja es adolescente: fueron 49 de los 209 femicidios registrados entre enero y septiembre del 2013.

Tal vez el caso más resonante haya ocurrido en 1996, cuando Carolina Aló, que estaba por cumplir 18, fue apuñalada 113 veces por su novio, Fabián Tablado, en una casa en Tigre. En noviembre pasado, Tablado fue condenado por una nueva causa de violencia contra su ex pareja y madre de sus mellizas, y contra la madre de esa mujer, luego de amenazar a ambas por vía telefónica. Según esta señora, Tablado le dijo que por cien pesos podía conseguir un arma para matar a las mellizas y luego suicidarse.

El ensañamiento de Tablado quizá no sea la regla, pero eso no quita que en los noviazgos jóvenes afloren comportamientos que, con el correr del tiempo y la relación, puedan derivar en actos de violencia. A prevenirlo apunta la campaña de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM): Derribando mitos para noviazgos sin violencia intenta alertar que “el control excesivo, los celos desmedidos y la falta de libertad también son signos de violencia”, en palabras de la presidenta de FEIM, Mabel Blanco. “Estas ‘muestras de gran amor’ pueden ser anticipos de violencia.” Obligar a cambiar la forma de comportarse, de hablar o vestir, prohibir el contacto con familiares, amigos o compañeros de estudios, burlarse de la pareja y criticarla, insultarla o despreciarla, agredir con golpes, con coerción o con violencia sexual, son todas actitudes que no avisan de una posible agresión mayor: son, en sí mismas, una feroz agresión contra la persona, y esto sea del hombre a la mujer, de la mujer al hombre, del hombre al hombre o de la mujer a la mujer. Es que si las cifras son pocas y fragmentarias en casos de parejas jóvenes heterosexuales, más difícil es conseguir indicadores para las parejas de adolescentes gays o lesbianas.

El dato que comparten las ONG es que aumentaron, y especialmente para chicas y chicos adolescentes y jóvenes, las consultas y denuncias por este tipo de violencia, que podríamos catalogar como un “daño de inmersión” que se viraliza y recrudece en el seno de la pareja, en muchos casos vestida de “señales de amor” o de “gestos de preocupación y protección”, porque a menudo son guardadas en ese mismo seno. Los agredidos prefieren callarlo, con la esperanza de que el otro cambie, y entonces todo se convierte en un caldo hirviente en una olla a presión que en todo momento puede estallar.

En tanto que no existe un espacio curricular pertinente en las escuelas del país –terreno donde los talleres de violencia doméstica y de pareja quedan a criterio de algún docente o directivo interesado– los jóvenes y especialmente las jóvenes son presas de un maltrato cada vez más feroz y más interno. Y, también, más intenso: la multiplicidad de herramientas para el contacto con amigos y familiares también son puntos de fuga para la violencia de esas pareja que encara un control permanente sobre quién te llama, quién te escribe, quién te comenta. Y estas herramientas también dan lugar a un nuevo tipo de violencia: la exposición pública de lo que es privado, sea en la difusión de intimidades o, más directamente, de fotos. Según un estudio reciente de la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Córdoba, una/o de cada cinco chicas/os declaró que su pareja “no respetó la intimidad publicando imágenes en las redes sociales”. Disque “chistes” ofensivos sobre la relación, la crítica a los gustos personales o hasta el enojo ante la participación del otro en una conversación son indicadores que dan cuenta de todas las dimensiones de esta problemática urgente.

El otro elemento que nunca termina de ser puesto en crisis es el de los discursos que imperan en muchos de los objetos culturales al alcance del piberío: la consolidación de una figura neumática en las revistas y en la televisión, la deplorable y misógina letrística de algunos géneros de la música tropical pero también del rock local e internacional, el armado de estereotipos publicitarios y la falta de espacios de difusión y alerta.

Con todo, queda claro que no sólo un golpe implica ser víctima de una violencia de pareja. Que te prohiban salir o hablar, que te degraden y te expongan, que te fuercen a tener relaciones, que te anulen como persona, son luces de alerta en la sala privada de la pareja, en la sala de espera del amor. Ojo, que como dice la campaña de FEIM, “apretar no es exprimir”.

* Feim.org.ar, facebook.com/nocomamosperdices o @nocomamosperdices

* Lacasadelencuentro.org

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