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Jueves, 20 de marzo de 2014

LOS SUB ENTRARON EN CONFIANZA

“Al principio te da miedo ser sincero”

Con Confía, un gran disco a la vez volador y cancionero, el combo desdice aquello de que en Escalada no hay nada.

 Por Santiago Rial Ungaro

La banda estaba prácticamente disuelta, subestimada, después de años tocando, con un ep de covers y dos discos en su haber (uno cantado en inglés). Sus músicos se habían ido dispersando, por lo que José Segundo, su guitarrista y cantante, decidió salir a tocar solo. “En eso estaba cuando me vio nuestro baterista, Andrés Martínez, por Internet y me dijo que miraba los discos y lloraba. Y ahí decidimos darle una oportunidad a hacer este disco.” Hay momentos en los que una banda de rock tiene que enfrentar el darwinismo musical, la supervivencia del más apto: las mismas razones que a los 20 dan ganas de armar una banda se invierten, una o dos décadas después, en oportunidades para desertar: la familia, el dinero, el trabajo y hasta las mujeres. Pero con el regreso lacrimógeno del batero más el aporte de Gabriel Gandini en el bajo, José decidió confiar en que tenían que grabar esas canciones. Y lo bien que hizo.

A partir de entonces se empezó a gestar Confía, uno de los discos de pop de guitarras más confiables y confianzudos del año, un disco que se hace amigo fácil sin falsedad ni golpes bajos, que te abraza, te hace llorar de emoción y, después de escucharlo, te deja con una sonrisa. Para la banda de Remedios de Escalada la historia cambió cuando entraron a grabar a DDR: “La magia empezó cuando llegamos acá”, dice José, que eligió ese estudio para la entrevista, señalando la consola donde está sentando Marcelo Belén, productor artístico del disco. “Todas las excusas para no hacerlo se acabaron. Todos los condicionamientos, la falta de tiempo, de guita, de ganas o de energía, se acabaron.”

No es un detalle menor el proceso de la producción, y se entiende el agradecimiento de Segundo a Belén: “La clave de este disco es que se grabó... y se volvió a grabar. El disco se nutrió de los cambios. Arranqué casi con una maqueta de canciones. Mi experiencia anterior en estudios de grabación había sido bastante nefasta, pero a los diez minutos de hablar con Marcelo se dio cierta magia; no sólo nos complementamos bien, sino que sentí que me retrucaba todo el tiempo para que cada idea quedara mejor”.

Ideas de sonidos, canciones y emociones: el disco de Los Sub le puede cantar a la tristeza en Nadie te espera (“Nadie flota, nadie explota, nadie te espera”) o regocijarse en la alegría de Todo lo que quiero en este momento, ¡oh!, pero siempre logra sensibilizar, incluso desde la mayor simpleza, como en No tengas miedo: “Cuando canto ‘Quiero un abrazo y un beso, no tengas miedo, yo te protejo’, es algo que me sale del alma. Suena cursi, pero estoy tocando desde 1999, ya no podemos tener una pose. Para mí componer es un proceso vivencial, reflejo, no puedo entender a los que creen que es una actuación. Yo lo siento como algo visceral, como algo muy genuino que sale de adentro tuyo, algo que te mueve la sangre”.

José mira a los ojos cuando habla, y se expresa con la misma sinceridad con la que canta: “Quizá tuvimos una pose al principio, porque capaz que al principio te da miedo ser sincero”. Hay algo clave en la evolución de las canciones de Los Sub: el idioma. “Empezamos cantando en inglés, que para nosotros es un facilismo. El ‘She Love You’ suena bien pero a fin de cuentas no te pega. El tema es que viví en Estados Unidos: de bebé me llevaron a Brooklyn, hice parte de la primaria y de la secundaria allá. Me fui de acá de chico, en cuarto grado, así que cuando volví mi vocabulario era el de un nenito de 9 años, jajajá. Me costaba hablar, imaginate para componer. Me parecía muy difícil hacerlo en castellano y muy fácil en inglés. Me volví a instalar acá en 2005, pero de allá me traje esa cultura musical: no hay mucha gente que escuche Pavement en Escalada.”

Desde su publicación en el sello Triple RRR, se destaca la producción de Confía, a la vez sónica y melodiosa, que por momentos trae a la mente a Soda Stereo, aunque José mencione como referentes a Guided By Voices. “La idea era llevar el disco a otro nivel sonoro. Hicimos un trabajo de laboratorio, de prueba y error. Por mi nivel de autocrítica no me queda otra: hay temas en los que hice seis líneas melódicas distintas. Soy muy autocrítico y es algo que se resuelve laburando muchísimo. Hay gente genial, y otra que para lograr las cosas labura muchísimo.”

José es consciente de que la banda encontró su mejor forma. “A mí me gusta música de los ‘80, de los ‘90, me encantan desde Mercury Rev, Grizzly Bear, Melody’s Echo Chamber, MGMT o The Flaming Lips. Y creo que aunque sólo hagan colchones o ambientes, los teclados (que también tocó él en el disco) aportaron otro color, porque buscamos sonidos audaces, que no sean tan clásicos”, asume José Segundo, que en los ‘90 se recibió de licenciado de Informática. “No obedezco al cliché del informático que hace música electrónica. Pero creo que esa parte se nota en la preproducción, en buscar que todo sea ordenado, metódico, técnico.” Esa meticulosidad es la que, paradójicamente, potencia el sentimentalismo de una banda que, luego de resurgir desde sus cenizas viene viendo cómo, tanto el público y la prensa como el ambiente de la música, le levantan el pulgar; el verdadero o ese que aparece, a veces, desde algunas redes sociales. Hace un par de meses, Andrés Calamaro elogió la versión de Himno de mi corazón de la banda. “Lo de Calamaro fue interesantísimo, yo trato de difundir la banda por Twitter y si veo algún lugar donde poner un bocadillo lo hago. Y leí que Calamaro contaba algo de esa canción y le posteé el link con la versión nuestra, obviamente sin esperanza de que la leyera. Pero el loco la retuiteó y además escribió varios mensajes felicitándonos y alabándola. Fue muy loco todo eso”, dice José, quizá recordando otros momentos en los que, todavía conocida sólo como Sub, la banda era subestimada, incluso por ellos mismos. “Nadie daba ni dos mangos por nosotros”, admite, y más que un sentimiento de revancha, lo que se percibe en él es un cambio de ánimo. Los Sub no venden humo ni poses ni la fantasía de ser “la banda nueva”, sino algo mucho más simple y valioso: confianza.

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Imagen: Cecilia Salas
 
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