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Jueves, 10 de abril de 2014

EL FRACASO DE LA REMAKE DE BAñEROS

YouTube en el reestreno

Aunque en Internet hay culto por el clásico playero del humor argento, su reposición en cines pasó inadvertida.

 Por Juan Ignacio Provéndola

¿Cuándo concluye una década? ¿Cuando lo determina el calendario? ¿O cuando uno decide abandonar el barco de la nostalgia y archivar el pasado? Einstein lo dijo hace casi cien años (99, valga la precisión): el paso del tiempo es relativo. Entonces se va y se viene, de atrás para adelante y viceversa, viviendo momentos a distintas velocidades, en paralelo. Como si fuese posible la coexistencia de dimensiones simultáneas que permiten moverse por el tiempo mientras sigue avanzando. O retrocediendo. Esa es la fantasía que propone la industria cinematográfica, con la misma lógica del carnicero que sumerge en lavandina los pollos que se vuelven rancios: una blanqueadita de cara para vender por nuevo algo que ya no lo es.

En esa línea se inscriben las remakes de viejos éxitos (de taquilla y creatividad) que el séptimo arte añora con desesperación, ofreciendo la quimera de sentir que se puede ir atrás en el tiempo y sorprenderse con emociones que no deberían (no podrían) sorprender. La reedición de Los bañeros más locos del mundo tuvo que ver con ofrecerles a quienes hicieron de ella una pieza de culto la chance de asistir al estreno que no vivieron en aquel verano de 1987. Con el agregado de un retoque digital, cuadro por cuadro, casi artesanal, más algunas escenas en 3D. Como si tus viejos se pegaran una estiradita para parecerse a aquellos que se juraron amor eterno, y repitieran ante vos la boda que sólo viste por fotos.

Bañeros fue la tercera de las cinco películas que protagonizó Brigada Z entre 1986 y 1988. Fueron acaso los superhéroes nacionales más venerados, incluso por encima que los concebidos como tales (desde la fuerza popéyica de Super Hijitus hasta el arrebato indígena de Patoruzú). El humor argento necesitaba renovarse después de quichicientas experiencias con Olmedo y Porcel, y la apuesta fue con artilugios simples y efectistas: la metralla del gag y la yuxtaposición de microsketchs (clave de su éxito en la época fragmentaria del youtubismo). El delirio como norma (Berugo Carámbula disfrazado de He-Man patinando sobre una pista de hielo en pleno verano marplatense o a un grupo de zombies bajando de un camión en la vieja traza de la Ruta 2) y diálogos memorables, con la mística de haber sido escritos por sus cuatro protagonistas en las oficinas de Argentina Sono Film.

El tiempo fue generando un fanatismo inverosímil por esta película, viralizando expresiones como “¡Lechonas inconscientes!”, incluso antes de la irrupción del meme como indivisible medida humorística de época, y de la utilización de YouTube como archivo audiovisual a un clic de distancia. Ni hablar del blog CultoZeta, impresionante base de datos con outtakes, secretos de filmación y detalles minuciosos sobre Bañeros y otras películas del palo. La contracara tal vez sea la desdicha que cayó sobre varios de sus protagonistas: la vida desgraciada de Paolo el Rockero, el agónico desenlace del Facha Martel (que pareció encerrado en la necesidad de ser un Isidoro Cañones perenne), o el paso en falso de Emilio Disi y Gino Renni reencarnando aquellos personajes en dudosas campañas políticas.

El relanzamiento fue el 9 de enero. ¿A quién estuvo dirigida? ¿A los jóvenes de ayer que quieren evocar los años perdidos? ¿O a los de hoy, que desean figurarse en un tiempo no vivido? Sin un plan concreto, la apuesta terminó en fracaso comercial: a gatas llegó a la décima colocación entre las películas más vistas del fin de semana de su estreno, muy por debajo de intentos similares como el de Esperando la carroza. Lo que empezó como ambiciosa oferta en 3D terminó en el circuito Incaa del interior, más como mesa de saldo que como oferta cultural para la Argentina profunda.

Evidentemente, fue imposible trasladar al gran circuito comercial los secretos de un éxito que se acuñó en el anonimato de las reuniones entre amigos, desde donde salieron millones de views que la película registra en YouTube. En julio se planea el estreno de un sucedáneo, con un reparto similar al que protagonizó en 2006 la olvidable Bañeros 3: Todopoderosos. Nadie sabe cómo será recibido este nuevo intento por reciclar la industria cinematográfica del humor argento, caduca desde aquellos memorables lanzamientos en una década lejana. Pero se puede estar seguro de que, así como nadie puede inventar el vacío, nada puede detener el paso del tiempo.

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