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Jueves, 8 de mayo de 2014

IDA Y VUELTA A LA EMBAJADA BOLIVIANA

“El mensaje trascendió a nuestra generación”

El mítico combo punk platense fue y vino dos veces. Esta vez, para seguir sobreviviendo, se desdobla en un plan eléctrico y otro acústico.

 Por Juan Barberis

En 2010, Embajada Boliviana estaba teniendo uno de sus años más importantes después de una década de silencio, lapso suficiente como para ver crecer un mito punk de espaldas a su modesta historia. Esta versión platense de los Ramones (apadrinada por Ricky Espinosa) sólo había editado Soñando locuras, su único disco oficial, en 2000, y meses después se había desintegrado sin dejar huellas. Pero diez años después reaparecía con una gira nacional, un disco en vivo y un futuro que aseguraba nuevas canciones, productores de renombre y visitas a países de la región. Finalmente se estaba cumpliendo la voluntad de un gran número de fanáticos que durante años organizaron homenajes, tributos y todo lo que estuviera a su alcance para convencerlos de intentar el regreso. Pero el sueño duró poco. Los oídos de Julián Ibarrolaza acusaron demasiados años de distorsión y el cantante de Embajada tuvo que bajarse de la gira Sensaciones Encontradas. Los médicos le diagnosticaron acúfenos, un problema en el oído interno sin solución aparente que le impide exponerse a volúmenes altos. Pese a su pedido, el resto de la banda no quiso seguir sin él y Embajada volvió a las sombras, nuevamente, como a la espera de una nueva oportunidad.

“Hoy, después de cuatro años fatídicos, y yo sin poder tocar música eléctrica, volvemos a decir que no está muerto quien pelea”, señalaba parte del comunicado escrito por Ibarrolaza y difundido a principios de 2014 vía Facebook. Después de haberse retirado de los escenarios y de editar El fin del amor, un disco que grabó en su casa, a volumen bajo y sin auriculares, volvía a darle vida a su banda de la adolescencia. Para hacerlo posible ideó un nuevo formato con dos secciones de Embajada Boliviana, una acústica –donde él recrea canciones del repertorio en formato despojado, junto a su hermano Toto y a Mario Andresiuk en guitarra– y una eléctrica con la formación completa y la voz reemplazo de Juan Elso, hermano del Cabeza, histórico bajista. El debut de esta propuesta se dará con dos shows, primero en El Teatro de Flores y después en La Trastienda de La Plata, donde la banda no toca hace 14 años. “Es una manera artística que llega después, pero que pudo haber estado antes. Está dictaminada por razones de fuerza mayor, pero nos sirvió para descubrir nuevas posibilidades musicales”, dice Julián. “Hay una producción artística mucho más grande que la de 2010. Esperamos esas dos noches estar conectados con la música y poder transmitir.”

El potencial de Embajada Boliviana siempre estuvo en sus canciones, pequeños himnos punk de melodías imborrables (No tengo nada, Pateando basura, Preguntale a las estrellas) que este grupo de amigos torneó con simpleza desde la esquina del barrio, mezcla de romanticismo, nostalgia y cierta resignación que sacudía el rebote de la era menemista. “Las canciones son nuestra historia, cuentan lo que fuimos. No sólo es lo que vivimos nosotros sino también una generación, la de los años ‘90, ¡los gloriosos años ‘90! Lo digo así, con mucho orgullo, porque para mí fue la época más linda. Poder estar en la calle, escabiar e ir de acá para allá”, dice Ibarrolaza. “El mensaje ya trascendió una generación, hay chicos que nacieron cuando Embajada se había disuelto y ahora nos van a poder ver por primera vez”, agrega Kuntaku, guitarrista.

Hoy, 22 años después de su nacimiento y a bordo de su segundo regreso, Embajada Boliviana planea nuevo disco y la reactivación definitiva de un proyecto que, pese a todo, siempre pareció subsistir de manera subterránea. “Pensé que no iba a poder volver a tocar, tal vez todos lo pensamos. Para nosotros esto es una novedad”, admite Julián. “Vimos una lucecita en el fondo del túnel y se fue agrandando, y ahora estamos en la salida, listos para retomar el camino de la banda y poder grabar muchos discos. El canal de comunicación de Embajada Boliviana no se rompió, y eso es lo importante.

* Sábado 10 de mayo en El Teatro de Flores (Rivadavia 7800) y sábado 17 en La Trastienda Club La Plata (51 e/ 5 y 6). A las 21.

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Imagen: Cecilia Salas
 
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