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Jueves, 5 de febrero de 2015

KARAVANA PARA EL PUEBLO

“Bailar o tocar parecen ser delitos”

Diez años de rock latino, amor, drama y fiestas espirituales anticlausura.

Por Sergio Sánchez

“En almas asustadas, en plazas enrejadas / se escuchan los sonidos del silencio en la ciudad”, canta Leo Parigi en la rumba Ciudá clausurá, en la que también denuncia que está “prohibido cantar, tocar y bailar”. La canción es de Pueblo (2014), segundo disco de Karavana. Y no es muy difícil darse cuenta de qué ciudad habla y a quién está dirigida. Por las dudas: “La canción habla del post-Cromañón y de los dos gobiernos de la gestión del PRO. Nos referimos no sólo a clausuras de espacios sino también a la falta de políticas culturales en la Ciudad. De todas las artes, la música fue la que quedó más relegada después de Cromañón. Bailar o tocar la guitarra parecen ser delitos”, analiza el cantante.

Tavo Suárez, guitarrista, refuerza: “Esta gestión le tiene miedo a la cultura popular, barrial. No quiere perder el control de eso. Hoy está la Ley de Centros Culturales, pero hay que reglamentarla”. Hace algunas semanas, de hecho, la Agencia de Control Gubernamental volvió a desplegar las cintas de clausura. “Lo importante de participar por una ley como ésta es poder generar conceptos que antes no estaban. Por supuesto, nunca la acción tiene que quedarse sólo en el texto”, cierra Parigi. “Pero si bien abordamos temas políticos, Pueblo no es un disco panfletario. Nos aburre la cuestión contestataria. Las canciones son festivas y hablamos de amor y asuntos espirituales, como en El viaje.”

A fines de diciembre, Karavana –completan el bajista Nico Maroño y el baterista Fede Balliriaín– celebró gratis y al aire libre su primera década de vida. “Por la instrumentación, somos una banda de rock, pero atravesada por el folklore latinoamericano y de otras parte del mundo”, define Parigi. Suenan al palo chacareras, huaynos, sambas, cumbias, reggaes y hasta una tarantela. “No crecimos con el folklore puro y tradicional, pero sí con la música de nuestros viejos: canción, trova, un rock que en anclaba en el folklore. Nuestra adolescencia fue más marcada por el rock, fuimos adolescentes en los ‘90 y los 2000 en Buenos Aires”, entiende el vocalista. “Encontramos en el folklore, a nivel espiritual, algo que tiene que ver con la mezcla del campo y la ciudad; con la ruta, los viajes y la naturaleza. Por ese camino encontramos algo de alivio al vacío existencial de la ciudad.” Y cierra Suárez: “El rock por momentos es muy dramático”.

* Jueves 5 en Base Naval de Mar del Plata (desde las 16 con Bruno Arias) y domingo 8 en Club Vieytes, Duggan, San Antonio de Areco, a las 22).

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