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Jueves, 19 de febrero de 2015

UN POCO DE LUZ SOBRE 50 SOMBRAS DE GREY

(B)uen (D)inero y (S)exo (M)alo

La presunta saga “trasgresora” y “novedosa” de E. L. James, que acaba de llegar al cine, atrasa dos siglos cuando se la analiza como tal, pero lo más peligroso es que equipara el BDSM con el abuso y la violencia de género, y borronea la mirada sobre este mundo tan popular pero tan subterráneo.

 Por Stephanie Zucarelli

226 años antes de la intrusión de 50 sombras de Grey en el mercado, el francés Marqués de Sade escribía en Los 120 días de Sodoma: “Si es el elemento sucio el que da placer al acto de lujuria, entonces cuanto más sucio sea, más placentero tiene que ser”. La “novedad” que los medios generalistas le atribuyen a E. L. James, autor de la saga, es liquidada a la primera: el BDSM no es chiche nuevo y las personas que escriben sobre ello mucho menos. Entonces, ¿por qué tanto revuelo?

Mariana Rincón trabaja en el mega sexshop Buttman hace dos años y tiene experiencia como vendedora de tuppersex hace seis. Como los consoladores, sus clientes vienen en todos los tamaños, gamas y materiales. Es cierto que ella actúa también un poco como psicóloga a la hora de guiar al argentino, que a pesar de tanto culo-y-teta mediático, todavía no la tiene tan clara. “Todo el tiempo piden recomendaciones, porque a veces no saben ni qué quieren. Siempre están buscando la palabra clave que decís para que se le prenda la lamparita y diga ‘quiero eso’.”

Aunque lo más difícil es cuando alguien se acerca al vendedor con cara de culpa, susurrando cosas en plan “el cosito del coso”. Mariana ya tiene una idea generalizada de lo que cuesta decir: “Hay mucho prurito con el juguete anal, en hombres y mujeres. Es muy complicado, es como decir iniciador anal, les agarra un ataque de algo. A los hombres también les cuesta pedir masturbadores, es una palabra que no quieren incorporar”.

El local de avenida Corrientes 2021 provoca una especie de surmenage sexual cuando el cliente entra y se encuentra rodeado de masturbadores, consoladores, muñecas inflables y... esposas. Porque si de algo el mercado no se va a perder es de aprovechar el ratoneo masivo que provoca la película 50 sombras de Grey, estrenada la semana pasada, y así como un altar, hay varias vidrieras que le dedican una a Christian Grey. “A muchas, cuando ven la vitrina de Grey, les agarra una especie de espasmo y gritan: ‘¡No puede ser! ¡Grey! ¡Mirá!’”, comenta la vendedora, que, muy pendiente de la estadística, dice que desde la salida del libro, a nivel mundial, la venta de bolas chinas aumentó un 1400 por ciento.

El merchandising de Grey es menos tabú que el calumniado masturbador. La moda provocó que muchos perdieran las reservas para decir que les copa la sumisión, pero a la hora de hablar de placeres de todo tipo, todavía se tartamudea. ¿Por qué las dudas, las reservas y el entusiasmo por una moda sexual? El Dr. Kusnetzoff, médico psiquiatra, sexólogo especialista y participante habitual de medios del palo, parte de un fundamento: “Este país es analfabeto en sexualidad humana. En el Hospital de Clínicas estamos atendiendo 1600 pacientes por año, y otros tantos en privado, mínimamente tenemos alrededor de 3000 pacientes. Es nada comparado con lo que la Organización Mundial de la Salud ha dicho sobre que hay una epidemiología oculta que no consultó nunca, no consulta y no consultará jamás”. Y para pintar las cosas en un tono de gris más oscuro, dice que los especialistas tampoco saben tanto, ya que ni en la carrera de Medicina ni en Psicología hay materias de sexualidad humana, sólo cursos de posgrado de uno o dos años. Tampoco Internet ayuda a lubricar la información de manera eficiente y, como consecuencia de todo, la sexualidad queda atada de pies y manos.

Aunque pareciera que el piberío sub 30 pasa por arriba de los avatares del sexo, el Doc revela que muchísimos consultan por problemas de ansiedad, eyaculación precoz y falta de deseo sexual. En contra de los pronósticos de cualquier publicidad de cerveza, los jóvenes sienten presión y vergüenza. Es lógico, entonces, entender que las personas están predispuestas a tomar la punta que los saque del apuro. El fetiche –concepto que el Dr. K usa para el elemento que facilita la entrada a la excitación sexual– pronto se convierte en la manera socialmente aceptada de definirse ante tanta variedad. Es cierto que los sub 25 se liberaron de las etiquetas genéricas con las que la moda de las tribus urbanas los había bautizado, pero eso no significa que estén cómodos sin un modelo estático de identificación. En su nueva búsqueda fetichista, las personas piden a gritos el disfraz standard que los defina en todas sus dimensiones sin análisis previo de conciencia. Pero esta vez ya no es cuestión de góticos o chetos, es cuestión de BDSM.

“Novelas eróticas retorcidas hubo siempre. Lo novedoso de este fenómeno es que por razones estéticas el mercado se arriesgó satisfactoriamente a darle visibilidad. Le dio la aprobación a lo que sería el BDSM”, opina Tomás “Heretique”, uno de los administradores generales de Mazmorra.net, la red social del palo que tiene como proyecto superior las Convenciones Latinoamericanas de BDSM. A pesar de que se comprueba de que el gusto por el látex y la fusta penetró en el mainstream, Heretique no le pone fichas al estallido provocado por la obra de James: “No hubo un boom con 50 sombras de Grey porque hace ya 10 años comenzó a cambiar la dinámica de ese gráfico. La gente ya estaba interesada en cambiar su sexualidad”.

El dato es cotejado por Joaquín “Spector”, fundador y programador principal de Mazmorra, que va a cumplir 10 años: “Por día entran quince mil personas al sitio, gente con comportamiento muy activo en sus visitas. Pero no hubo un pico, es un crecimiento generalizado”. Quizás exista un pequeño bdsmero dentro de todos, una consecuencia natural de la búsqueda por una identificación que ya no se contenta con responder al modelo winner de Cosmopolitan o Playboy. La imagen previa hacía creer que en el sexo vainilla era común incluir elementos como esposas y ataduras, cuando en realidad pertenecen a un mambo con un sesgo muy marcado en los juegos de dominación. Si hay algo que agradecer al libro, que comenzó siendo una fanfic de la saga de Crepúsculo, es que puso al tanto a las personas de los elementos que estaba incorporando a su intimidad. Pero las cadenas y los castigos eróticos son tanto y más viejos que el ya mencionado Marqués de Sade, quien repetía que “el sexo sin dolor es como la comida sin gusto”. La sensación de transgresión adolescente que provoca 50 sombras de Grey está unos 230 años trillada.

Pero el libro trae otra problemática: Grey no sólo domina en el juego, sino que sigue, acosa y controla fuera de los términos del sexo y subyuga al personaje principal, que comienza a convencerse de que todo tiene un tinte romántico. Para ella, la palabra “amor” se escribe con A de “abuso”.

Es importante cómo James desdibujó fronteras en cuanto a una relación exclusivamente BDSM se trata, y que dejó al público desnudo de ciertas pautas: “Se habla mucho en el sadomasoquismo sobre el consenso, y esto es algo que no está marcado en la historia. Reproduce estereotipos graves en ese sentido, lo que a mucha gente de la comunidad no le gustó”, dice Heretique. “Muchos plantearon la duda de si eso no es violencia de género. No pareciera ser que la chica esté interesada en esas prácticas, sino que es arrastrada. Ella lo vive con culpa, pero su objetivo es sacarlo de ese estado de vida y casarse.”

Grey queda así enajenado de toda interpretación factible, y se cae en la cuenta de que este boom como “nueva erótica juvenil” no es novedoso, ni transgresor, ni finalmente BDSM: el marketing sólo convenció a la sociedad de que los juegos de dominación eran la nueva tendencia, pero eso sólo hace que la autora sume más dólares a su promedio de un millón de ganancia por semana. Lo más transgresor que se puede hacer con respecto a esta novela es descargarla en formato .pdf.

Pero hay una cosa que 50 sombras de Grey sí dejó muy en claro: existe un nicho de consumidores que está en la búsqueda de una nueva manera de vivir la sexualidad, pero que maniatada y enceguecida en términos informativos, se remite constantemente a esquemas antiguos y usados. El Dr. K recuerda al fundamental filósofo y comunicólogo Marshall Mc Luhan: “Entramos al futuro retrocediendo”. Las personas están condenadas a vivir esta supuesta “new age del sexo” y darse cuenta de que el ritmo del látigo de plástico chino y poco consolador de 50 sombras de Grey es apenas un paso más en la búsqueda de una nueva forma de ver la sexualidad.

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