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Jueves, 12 de marzo de 2015

JAVIERA MENA PASA LOS 30 Y ENTRA EN OTRA ERA

“Fue una carrera con muchas más dificultades por ser latinoamericana”

Aunque haya cobrado notoriedad por declaraciones sobre su uso de drogas y su sexualidad, la artífice chilena del nuevo pop regional basó su carrera en canciones irresistibles que en su reciente disco ganan peso bailable.

 Por Juan Barberis

Al otro lado de la cordillera, en su departamento de Santiago, Javiera Mena desayuna té frente a su laptop mientras intenta fijar las coordenadas actuales de su ascendente carrera. “Va lento, muy muy lento, pero va a paso firme”, dice con sonrisa de serenidad, revuelve su taza y se acomoda el pelo mojado. “Y eso para mí es mejor, porque me permite mirar alrededor al momento de crecer.”

La cantante divide sus días entre Chile, España y México, en un circuito nómade que la tiene desarrollando una carrera de proyección internacional. Pero mucho antes de convertirse en heroína de la música chilena y una de las últimas figuras del pop trasandino, Javiera ya era una mente creativa y solitaria en permanente expansión. Criada en un colegio de monjas, a los pocos años de vida ya inventaba letras para la música del Mario Bros y daba forma en el aire a sus primeras canciones. Cuando llegó la adolescencia, descubrió el gusto de manipular sonidos con su primera PC, experimentando sobre softwares de grabación como Fruity Loops o Acid y desarrollando el oficio de la producción, hasta que formó el dúo Prissa con Francisca Villela, plan abortado rápidamente cuando Pancha se fue a Berlín a estudiar Artes visuales. Así, Javiera empezó a moldear una carrera en solitario, un formato que hasta hoy parece resultarle inmejorable.

Sus primeros shows fueron en Santiago, en el auditorio de la Universidad de Chile, para algunos borrachos y fumones, pero de a poco su proactividad y audacia creativa la ubicaron como revelación en la escena chilena a mediados de los 2000. Progresivamente, con la salida de los discos Esquemas juveniles (2006) y, sobre todo, Mena (2010), empezó a posicionarse como un claro referente generacional de su país, no sólo por la frescura rítmica y romántica de sus canciones pop, sino también por la transparencia de su perfil público, expresándose abiertamente acerca de sus experiencias con drogas y su sexualidad libre en el contexto de una sociedad mayoritariamente conservadora.

“Desde siempre he sido una persona ligada al arte, así que ya con estar haciendo música siempre me he sentido muy privilegiada, he tenido mucha sincronía en mi vida para que esto ocurriera”, dice en tono metafísico. “Yo siempre supe que éste era el mejor trabajo, por eso nunca me molestó tener que dar entrevistas y todo eso. Hay gente que está en una fábrica nueve o diez horas, ¿cachay? Pero después, viajando a España, a México, a Estados Unidos, me di cuenta de que no me ha sido nada fácil. Fue una carrera con muchas más dificultades por estar en Chile, por ser latinoamericana, por vivir donde vivimos. Como sociedad estamos muy perjudicados.”

El año pasado, con la salida de Otra era, su tercer disco, Javiera Mena ascendió otro escalón en la gran torre del pop en español, ubicándose cada vez más cerca de referentes de alcance global como Julieta Venegas. Con una propuesta enfocada en la pista de baile, Mena alcanza en estas diez nuevas canciones un sonido adherente y netamente radial, crédito de Javier Garza, que trabajó con Gloria Estefan, Ricky Martin, Madonna y Shakira. “Mena y Esquemas juveniles son discos que parecen estar como dentro de un cascarón, mirando para afuera de a poquito, más tímidamente”, detalla Javiera. “Pero Otra era, a la vez que te tira al baile directamente, el lado pasión y amor que yo manejo mucho en mis canciones, está más direccionado. Tengo más experiencia y voy hacia eso con menos vergüenza, de un modo más lanzado.”

¿El pulso bailable fue tu plan inicial para Otra era?

–También lo busqué en Mena, pero no fue tan logrado. Eso le da su ternura, porque quiere ser dance pero queda ahí entre medio, y lo hace especial. Desde Esquemas juveniles he querido hacer canciones para bailar a lo Pet Shop Boys, y creo que en Otra era está muy bien logrado porque fue focalizado, porque ya se tenía más experiencia, porque fue mezclado por Javier Garza, que tiene un sonido muy expansivo, que te pega en el pecho.

¿Cuánto tiene que ver con tu cambio de década después de cumplir los 30, y el paso a una adultez más avanzada?

–A los 30 uno empieza a tirar un pie en la adultez, en el caballero o señora que cada uno quiere ser, se rompe con el adolescente eterno. Otra era es totalmente otra etapa, por eso el disco encierra muchas definiciones desde el título, y una de ellas es que justo marca mis 30 y es el comienzo de otra etapa.

¿Te significó algún tipo de presión trabajar en el sucesor de Mena, un disco tan importante para tu carrera?

–Cuando empiezan a tener ojos sobre ti, siempre va a haber presión. Yo tuve muy buenas críticas de mis dos discos, y también he tenido malas, de todo, pero asumiendo que hay muchas miradas, sí o sí hay una presión cada día. Había presión, pero también estaban el juego y el baile, trabajar el arte tratando de que interfiriera lo menos posible todo lo externo.

En la tapa aparecés desnuda. ¿Te sorprendieron los casos de censura y todo lo que generó, o ésa era la idea?

–La decisión la tomamos con el diseñador argentino Alejandro Ros. Habíamos trabajado muchas fotos en España y con él elegimos la de la tapa. Al conversar sabíamos que iba a pasar algo, porque no es muy común ver un desnudo; también sabíamos que iTunes o Facebook tienen políticas de censura. Pero nos animamos porque nos gusta embarcarnos en cosas en las que no sabemos qué va a pasar. Nos gustaba la foto, y apelábamos al personaje del disco, que es alguien del futuro, del pasado, una especie de heroína; creíamos que la portada lo ejemplificaba como si se tratara de una estatua. En la plaza ves las estatuas desnudas y los niños juegan y se ríen, tampoco es algo tan terrible. Hacia ese lado íbamos, algo muy natural. Nosotros buscábamos llamar la atención y demostrar que es algo muy inocente: no es ni pornográfico ni nada. Creo que generamos como un pensar, nos gustó.

En alguna entrevista dijiste que en Latinoamérica nos falta valorar más lo que se hace acá, ¿lo seguís pensando?

–No sé qué pasa en Argentina, pero creo que es un poco menos. Acá en Chile ya lo dijo Anita Tijoux con su grupo: cuando viene un gringo se lo trata casi como si fuera un rey de otro planeta, pero cuando viene un peruano o un colombiano es casi que basura. Hemos sido muy mezquinos en el pasado, pero ahora se está empezando a valorar, la gente de a poco se está dando cuenta de que hay cosas muy interesantes con propuestas relucientes.

Decís que dejaste las drogas, que estás disfrutando de un estado de lucidez, ¿alguna vez llegaron a significarte un problema?

–Yo he tomado drogas desde los 16 años, cuando empecé a probar marihuana, LSD, etcétera. No las veo como algo negativo, al contrario, fueron muy positivas y me sirvieron para conectarme con otros estados que han sido súper provechosos para la música que he hecho y para las ideas a las que he llegado. No es que me haya metido al estudio a drogarme, porque el estudio necesita de mucha lucidez. Pero ahora, al estar un poco más grande, estoy tratando de aterrizar lo máximo posible para poder conectarme con estos lados de la mejor manera y avanzar bien. Estoy en una etapa de maravillarme con la lucidez, y de lograr estados tan bonitos acá mismo que llegan mucho más rápido. Cuando te fumás un porro te pegás una fumada y estás como en un lugar súper mágico e ideal, pero se te pasa a los dos minutos y te da mucha hambre. En cambio, lograr ese estado bonito de paz y armonía estando lúcido es un desafío y lo estoy logrando, y me gusta un montón. Obviamente, de vez en cuando me fumaré un porro o me tomaré una botella de vino, porque también son lugares valiosos.

Decís que tu música tiene mucho de político, ¿qué te interesa transmitir como artista?

–Lo que más me interesa transmitir es emoción, creo que cuando pones una canción y estás deprimido y te lleva a otro estado emocional... Eso es algo tan básico que te da la música y no te lo da nada más. Mirando una pintura puedes sentir una emoción o viendo una película, pero poner una canción y que la onda te haga cambiar tu estado me parece mágico. Ese es mi principal motor: crear emociones en las personas, en mí, y que eso se transmita y pueda generar una emoción colectiva. Después vienen las ideas, trabajar con otros artistas generando mensaje, contenido político, porque cualquier acto es tarea política, se quiera o no.

Desde chica te asumiste públicamente como lesbiana, ¿sufriste las consecuencias en el contexto de un país que es considerado tan conservador?

–Siempre me mostré dispuesta a decir la verdad, a mostrar quién soy, y por eso me han abanderado como líder de la homosexualidad acá en Chile sin querer serlo. Me gusta que me reconozcan por mi música, pero veo que mis grandes hits a nivel prensa han sido por decir que soy lesbiana. No es algo que me moleste ni me acomode, sino que simplemente, analizándolo, me doy cuenta de que no había habido otra mujer que lo hiciera público en mi país, pero no pretendía ser activista ni nada parecido. El referente más cercano que he tenido es Argentina: desde que fui por primera vez a los 19 años yo sentía que estábamos a años luz, desde las fiestas, ver gays por la calle, la televisión misma. Al lado de Argentina, al lado del Caribe incluso, me doy cuenta de que Chile es muy conservador. Pero también veo que nació una generación de la mía para abajo que es una respuesta muy potente frente a ese conservadurismo extremo, que son los adolescentes que andan ahora de la mano en una respuesta casi física, y eso me hace sentir muy orgullosa.

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