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Jueves, 30 de abril de 2015

IMAGINE DRAGONS EN SU LABERINTO

Calabozos y dragones

El clan radiactivo se encerró para conjurar su disco entre espejos y humo.

 Por Facundo Enrique Soler

“¿Te puedo dar un poster para que me lo firmen?”, pregunta una niña afuera del Hotel Faena. Tiene vincha, remera y fotos de Imagine Dragons al mejor estilo La movida del verano. La mañana parece un paraje zombie en Puerto Madero: día hábil y no queda nadie salvo unas 40 adolescentes que ante la negativa de llevar a cabo la ofrenda, retrucan: “Bueno, deciles que por lo menos salgan a saludar”. La banda de Las Vegas está adentro y recibe al NO con su formación completa en una de las barras del lujoso hotel. “No escribas que estamos tomando café y comiendo medialunas, mejor inventá que destrozamos el lugar”, suelta entre risas Wayne Sermon, el guitarrista, mientras disimula la cara de falta de sueño por el jet lag.

Son días agitados. La noche anterior tocaron en Chile y el día de la entrevista lo harían en Argentina por segunda vez, reuniendo a unas 10 mil personas en el escenario de Tecnópolis. La primera fue el año pasado, en el Lollapalooza, como una de las novedades tras el exitoso Night Visions (2012), una maquinita pop que les valió un par de Grammys, rotación mundial y la posibilidad de codearse en escena con artistas de la talla de Kendrick Lamar.

Pero ahora el planteo es más ambicioso: Smoke + Mirrors llegó el año pasado con un giro rockero, fruto de sus poderosas presentaciones en vivo. “Nos dimos cuenta de que tocar afecta mucho cuando componemos, por eso suena con esas ganas”, reflexiona el bajista Ben Mckee. Y Sermon agrega: “Somos nerds de la música. Cuando bajamos del escenario estamos con las computadoras encima pensando nuevos temas”.

Dan Reynolds, el cantante y cerebro de Imagine Dragons, es el más callado pero cuando habla se toma su tiempo para hacer que las palabras tengan un peso aparente. Este mormón de 27 años tiene que lidiar con haber sido padre primerizo hace poco tiempo y convivir con la imagen primitiva de una estrella de rock: “La gente habla todo tipo de pavadas. Nos la pasamos genial a cada lugar al que vamos pero no tenemos nada que ver con los clichés de los rockstars. No estoy en esto para romper hoteles y pasármela con minas”.

“Lo más complicado de todo esto es mantener las relaciones”, piensa en voz alta McKee ante la consulta de diferenciar una vida laboral de una en la carretera tocando canciones para vivir. Y Reynolds es aún más profundo: “Perdí muchos amigos por estar en esta banda. Es muy difícil ser músico, vivir de gira y tener una vida familiar ideal”.

La adrenalina de formar parte de Imagine Dragons es la instantaneidad con la que se dieron los hechos: en siete años se transformaron en la nueva banda de estadios que los oídos radiales necesitaban. El hit Radioactive hizo el trabajo sucio y Smoke + Mirrors siguió la línea con entregas como Gold y I Bet My Life, generando la tensión de estar a la altura de los números. “Vivimos en un estado completo de olvido, intentamos no sentirnos afectados por los rankings y los hits. Cuando Radioactive la pegó en todo el mundo ni nos dimos cuenta porque estábamos encerrados en el micro de la gira componiendo el siguiente disco. Esa burbuja nos mantiene lejos del stress”, explica Sermon. Al salir del Faena, sólo queda una de las fans con la madre al lado. Y lo único que pregunta es: “¿Van a salir?”.

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